sábado, 1 de abril de 2017

Tarde de lluvia en la Avenida.






1

Mi corazón dormido sobre una primavera
que no tiene balcones para colgar tu risa.
Mi luz amortajada por siglos de silencio
agitando pañuelos a un adiós que agoniza.

Llueve en el cielo claro que dibuja tu rostro,
en la tarde de mayo, en el bosque de piedra.
Me ha dolido tu amor y no puedo negarlo,
me duele hasta esta lluvia que no cae y se aleja.

Llueve en las soledades quietas de la avenida
sobre los institutos que guardaron tu huella.
Me duele el pensamiento que no encuentra consuelo
en este divagar que llora ante tu queja.

2

Puedo ser en la lluvia un gitano que vuelve
cantando a los caminos su pena y sus caricias,
que sufre entre las flores silvestres del misterio
y agita entre los vientos la luz de su camisa.

Puedo ser en la lluvia un trovador que sufre
y abraza las baladas tristes que me cantabas
persiguiendo los versos turbios de tus estanques
sufriendo entre tus muros que no tienen ventanas.

3

Tus celos apagaron los versos de Neruda
y la mueca de Brel que gritaba en mi alma.
Tu rabia me ha dejado el corazón sin arte,
te busco en el recuerdo y no avivo su llama.

Llueve sobre los muros quietos de la avenida,
sobre el parque mojado que ha perdido tu luna.
Llueve sobre los charcos que acogen el destierro
de aquella soledad que no me deja nunca.



2 comentarios:

  1. Glorioso remate a un poema glorioso.La lluvia y la soledad,inseparables en el alma del poeta.La lluvia y los recuerdos,hermanados para siempre en el sentir del poeta que,aunque esté rodeado de multitudes,siempre estará solo.Es el destino de quienes sienten con un intensidad que está unos grados por encima de la del resto del universo.
    En poemas como este tuyo es donde suelo verme reflejado, como en un espejo.Esa es la grandeza de la poesía que la inmensa mayoría de los mortales no saben ver.

    Abrazos Enrique

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    1. No sé, Joaquín, la de vueltas que le habré dado a este poema y sigo mirando a su reto con la obsesión de un toro castigado. En realidad la segunda estrofa me dejó un poco colgado y no he sabido acompañarla por la magia que dejan las cosas que se sienten aunque no sepamos expresarlas. Podía imaginar que una sensibilidad como la tuya entraría sin problemas en esa puerta inefable que nos dejan los poemas cuya mayor virtud reside en su acento lírico.

      Tu nombre junto a él hace que le quite importancia a las imperfecciones del poema y que pueda mirar con calma aquellos versos que nunca hubiera cambiado.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.