domingo, 2 de abril de 2017

No puedo detener el llanto de mi alma.



No puedo detener el llanto de mi alma.
Mi pensamiento lucha por mantenerme erguido,
pero me hunde el cielo, el aire, las palabras.

Ya no puedo cambiar las ruedas que pasaron;
si te quise y no supe sentir cómo me amabas.
Si me quisiste sin fe,
si me llevaste sin gracia.

Ya no puedo anhelar las flores que murieron.
El tiempo me contempla, como una sombra ajada,
abrazado a la rosa que ha quedado en tu pecho,
los tordos ya no pasan por las nubes nimbadas
del invierno que tiembla por nuestro amor dormido
y te sigo queriendo como si despertaras. 

2 comentarios:

  1. "...abrazado a la rosa que ha quedado en tu pecho".Según mi forma de verlo,este verso expresa más que ningún otro la soledad del poeta ante la pérdida del amor.Todo el poema es un hermoso llanto por esa pérdida.
    Y un pero Enrique,no entiendo la existencia de esos dos versos cortos,como dos golpes bruscos (y bajos) a la armonía y a la serenidad que transmiten los versos largos.Tal vez no he sabido ver su conveniencia.

    Abrazos

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  2. Como siempre, Joaquín, te agradezco la delicadeza y la atención con la que me hablas, con esos detalles haces que vuelva sobre lo que he escrito y me sumerja en el proceso de creación teniendo en cuenta el grado de exigencia que ejerces sobre ti mismo y hace que seas un poeta ascendente, con las alas abiertas.

    Con respecto a lo que me dices, no puedo quitarte la razón pero así surgieron y así los dejé, hoy veo claramente que esos versos no romperían el ritmo si fueran heptasílabos. No descarto algún intento para evitar esa aspereza que no está acorde con el tono melancólico y decadente del resto del poema.

    Un abrazo, Joaquín, siempre he hablado de tu temple y de tu saber estar.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.