sábado, 1 de abril de 2017

El milagro de la vida

Pasolini en el recuerdo



Al gran poeta Antonio Justel que ha sufrido tanto y aún sonríe.

che mi piace infangarmi perché il fango è materia povera e perciò pura; 
che adoro la luce soltanto se è senza speranza1.

(Pier Paolo Pasolini  Analisi tardiva)

Que me gusta enfangarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura que adoro la luz solo cuando no ofrece esperanza. (Análisis tardío) 


Cada época de nuestras vidas tiene su canción, su película, su lugar, un nombre, una sonrisa, que con su sola evocación nos traslada a ella, y, aunque a muchas personas les cueste trabajo decirlo y otras pocas lo digan como quien hace una trasgresión excitante de una regla, aunque no recuerden un solo verso de él, cada época tiene su poeta. Así, Bécquer y Juan Ramón Jiménez marcaron mi niñez, Neruda, Antonio Machado y Hernández mi adolescencia, Hölderlin, Pavese y Lorca, iba a decir, mi madurez, pero casi he desistido en el intento de lograrla. Cohen y Pasolini llevan ahora unos años rondándome, no sé si me han desviado de la única lengua que conozco o si me han ayudado a la hora de hacer hablar a la del corazón, en la que todos entendemos.
 

         Este apartado lo he reservado para el segundo de ellos, un descubrimiento tardío y que presentí que iba a ser largo nada más leer, antes de pagar el libro, el poema que venía en la contraportada. Este trabajo ha querido reflejar aquel encuentro. No es un esfuerzo unitario, son poemas sueltos escritos durante estos últimos años, me he permitido incrustar dos traducciones del inspirado poeta italiano, una de ellas, como indico, desde una versión en inglés de Pasquale Verdecchio, aquí no incluyo los originales porque no estoy seguro sobre los derechos que tengo para hacerlo.


La luz y el silencio tendrán
un orgullo apasionado cuando todo decline
mientras sientes que la vida se te escapa
y se han perdido los cielos de la infancia.

Ya no quiero ser un mártir,
ya no muero por el alma de la rosa,
no miro las vidrieras 
ni las puertas del Paraíso,
me quedo en este hombre que ha llorado
por un pájaro muerto o un lobo enjaulado,
que ha pecado por amor y lo haría 
en cada momento
que se me ofreciera como si fuera el último..

Ya no quiero unas alas en los hombros colgadas
ni ofrecerles a los santos mis palabras ocultas.
Quiero ser prisionero de una tierra que amo
entre aquellos que abrazan sin fronteras ni signos
el milagro de la vida.


                                                                                              



      



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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.