...el silencio y la noche mordían con su abrazo
mi alma en la litera
y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes
devastado por los celos de la espera que no muere.
(11 de abril)
Siempre arrastré las llagas de tu culpa
y sufrí por las cartas perdidas que no llegué a leer,
por las llamadas
que no pude escuchar mientras te maldecía,
mientras me acorralaban la ausencia y tu vestido
en una sala oscura que nunca frecuéntaste
y amarga me miraba
como si fuera un hijo de las sombras
atrapado en el fulgor hiriente de un recuerdo
que nunca permitiste
que descansara en el temblor de mi almohada.
Lloré por el rechazo que cubría mi rostro
y ahondaba en los rincones
del velo de la luna
que ardía en los espejos de una alcoba sin puerta,
en la espina de miel ensangrentada
de tus gélidas manos
en los días más grises que morían
y desfilaban huecos por las enredaderas
que nunca atravesaste con soltura,
por los escaparates
rotos que me mostraste en un rincón perdido,
en la noche del dolor que mordía las sábanas,
desgarraba mi orgullo y se hundía en mi mirada.
Quise recordarte en un preciso rincón del pasado con el que no fuiste buena, Sigue doliéndome como si fueras mía y no pudiera verte ni tocarte,
ResponderEliminarPaco, tu Nocturno en Toledo es brutal. Oscuro, sincero y con imágenes que se clavan. Esa noche que muerde las sábanas y esa espera que no muere... me lo he llevado conmigo. Tienes un don. Enhorabuena
ResponderEliminarCarmen
Te contesto a escondidas, este poema me duele.
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