sábado, 14 de noviembre de 2015

Un poema sin destino

El mundo se nos hunde y tu amor permanece,
los muelles, los estadios, las caricias, los rostros
 se agolpan a lo lejos,
se yerguen en un paisaje turbio e infranqueable
que se ha hecho extraño para aquellos ojos nuestros
que marcaron los pasos, las aceras, las palabras
en algún lugar arrinconado por la ausencia y el olvido,
los bares que conocimos han cerrado,
queda en el aire un regusto frío
que nos remite al miedo y a las sombras
 y el azul se oscurece como si hubiera muerto
un antiguo resplandor sobre la calle silenciosa,
un himno a la noche se apodera de los días
y agrieta los recuerdos,
ruge el levante y vuelve a  la playa sombría
del otoño que gime sobre un amor dormido,
pero sigues ahí,
tu corazón que lucha, el perfume de tu aliento,
la inquietud de tus manos en rebelión constante
contra una ciudad que no conoce tu elegancia,
que no siente tu calor,
que late con la frialdad de un pulso que se apaga
que nunca sabrá que te viví cuando eras un sueño,
en las calles, en los puentes, 
en un poema
sin destino derribado en uno de sus muros,
en una esperanza errante que se perdió en el alba.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.