sábado, 14 de noviembre de 2015

Atenas



¡Cuántas veces te sueño! Desde otra colina    
he visto a aquel muchacho que se enamora y vuelve.
Y no pude entender; tu corazón lejano    
me arrebató palabras que golpean mi frente.

Pues como yo te quise, como yo te he vivido   
se ha fundido en mi sangre y fluye lentamente  
cuando Hölderlin arranca del aire los latidos  
y el alma que es tu hombre se eleva irreverente.

Pues ya no veo tus costas, ni escucho tu lamento
en esta oscura tierra sin son que la despierte.
He querido arrastrar la rosa hacia tus vientos
y entregarme a tu aurora que reverbera siempre.

Yo, ateniense,
en las duras mesetas de Esparta
para siempre.





(Publicado en el blog el 30 de Julio de 2011 y el 6 de Abril de 2015)  

4 comentarios:

  1. Que belleza Enrique, no te digo más que es una maravilla como escribes.
    Eres un poeta grande amigo, pero eso tu ya lo sabes.
    No sé si lees los comentarios, porque como no me respondes. Después de lo incomodo que me resulta, porque solo tengo la opción de la cuenta Google, y siempre me pide el nombre de usuario y contraseña dos veces.

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  2. Este, Elda, es el mejor poema que he escrito. Aunque no fuera bueno me gustaría igualmente. Acababa de ver la Primavera de Miguel Ángel para preparar las oposiciones. Hice un gran examen truculento, pero me eliminaron sin opción a defenderlo, ya que para el Tribunal yo no soy andaluz, yo quería irme de Ceuta como fuera. No pude escapar de las encuestas y ahí sigo, dejándome la vida y utilizando mis odiadas matemáticas, y escribiendo por la noche. En las críticas de arte estuve inspiradísimo aunque no reconocí ninguna obra, pero no hice copia. Pienso que no era yo quien me guiaba. Fernando González me dijo que estuve genial en el análisis, mi mujer me dijo que veía muchas películas, mi madre no supo nunca nada.

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  3. Un poema admirable que percibo como un alegato, aunque no termino de desentrañarlo. Se me representa un naúfrago, que encarnizado se enfrenta a un mundo acerbo e indolente, al que acusa y reclama por su indolencia y quietismo. No me atrevo a resaltar ningún verso.
    De principio a fin soberbio.

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  4. El honor que me haces, Beatriz, sé que, sin duda, está por encima de mis méritos. Pero permíteme que lo viva y que tenga estos largos intercambios acerca de mis poemas contigo. Lo realmente extraño es que le das un halo especial a aquellos que yo considero que mejor me representan o que guardo con más cuidado. Creo que aciertas en lo esencial, que difílmente puedo añadir algo a lo que dices. Creo que seguimos viviendo en el sueño que tuvieron los escritores románticos, abrumados por las armas donde debiera sonar la lira. Lo que me queda, y no es poco, es que quiero seguir indagando en la poesía. Sí, Beatriz, es un alegato.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.