lunes, 21 de enero de 2019

Los tordos *** 7 de junio

Una cosa es renacer
y otra vivir con la muerte
para no quererla ver.
(Emilio Prados - Soledad)

Te llamará el lamento de los tordos oscuros
que muerden el ocaso mustio de la frontera
y extienden sus cortinas
nublando el cementerio pálido de los montes
cuando ya no me quieras 
y olvides el silencio que siempre te ha llamado.

Te asaltarán las lágrimas vencidas de la alcoba,
de los retratos graves y las estrías sordas
de los muelles brumosos que vieron tu vestido,
dormirá en los escombros de los Palos siniestros
una promesa verde 
guardada en un pañuelo con los ojos velados
que surquen la mezquita recostada en la luna
que cruza los Rosales temblorosos
y no mira la infancia que retoza en las charcos,
en el arroyo negro,
duerme en la madriguera de los muros,
en la cárcel que eleva una plegaria
que atraviesa las nubes
y vibra en el recuerdo que vuela en tu tejado, 
desata tus quimeras 
canta en los ventanales cerrados de las sombras,
  se ajusta tu jersey y agoniza en las cañas.

2

Te buscará la huella 
que cruza la palabra que tuviste en las manos
y se adueña del aire
que muere en el destino de los pobres
y no pierde su aurora como un jardín sombrío
que espera un claro día
en el patio sagrado de una ninfa afligida
con el rostro exiliado en los labios de sangre.

Veo pasar el vals que perdió sus anhelos

en tu falda teñida de lúbrica azucena
y mortifica el aire, la huella de mi olvido,
despierta en tu mirada,
en tu sonrisa fresca, intacta y dolorida
que no vuelve a la escuela rodeada de sauces,
de clavos en las manos, 
en la cuesta del Morro que mantiene tu aliento
de los cines tardíos que conservan tu aroma
y alumbran tu linterna
en los escaparates, en las rosas tempranas
que avivan los portales claros que conocimos.

Llevamos en las venas la cruz de una mirada,
las calles de Hadú que lloran tu alegría.
3Te llamará la calle de tu primera huella,
la tristeza que quiebra 
la luz de tu cintura en el mito que llora  
en el poso sombrío donde vagan penando
los árboles de piedra que guardan tu secreto
 en versos olvidados que perdieron las ramas
donde añoran los ojos
 un amor que no encuentra el requiebro ni el ritmo
de la copla que gime por la noche
ni el mar de los espejos que siempre te aguardaba
y en tu memoria siente la herida de la luna, 
 el soplo de la vida que muere en tus cristales.


jueves, 17 de enero de 2019

Contra las cuerdas



Ya no puedo tener 
la luz de tus columnas, las ansias de vivir
en tu grácil desvelo,
la magia de tus piernas entre mis manos,
el dulzor de sentir tu túnica caída,
tu procelosa voz llamando a mi ventana. 

No puedo desmembrar el mástil de los lirios
que velan el milagro fervoroso del Puente
donde mustio padece el Cristo de la herida
que ve partir el barco que no vuelve a la mar.

Regresa a tu retrato la llama del pasado,

la sangre de la rosa 
que recogió tu risa en las calles dolientes
de las Puertas del Campo,
en el levante airado que azota los recuerdos,
en la tierra del dique que aprisionó tu huella
y el golpe malogrado de un perdedor perdido.

Los labios de un destino que nos tiende emboscadas
no saben desterrar
la llama del olvido que hiela mi memoria,
en la luna una lágrima, 
la llaga de la luz que hierve en tus tinieblas.

Tu mirada que sueña en un árbol caído,

en la yedra que cubre la Escuela de Comercio
va subiendo la cuesta de las hojas
y no quiere enterrar el vuelo de sus rampas.

domingo, 6 de enero de 2019

Los tordos (Borrador 7enero)

Te llamará el lamento de los tordos oscuros
que muerden el ocaso mustio de la frontera
y extienden sus cortinas
nublando el cementerio de los montes
cuando ya no me quieras y busques mi silencio.

Te asaltarán las lágrimas heridas de la tarde
con la promesa verde guardada en el olvido,
en los ojos velados que surcan la mezquita
cruzando los Rosales temblorosos
que no miran la infancia que retoza en los charcos,
duerme en la madriguera de los muros
y vibra en el arroyo que agoniza en las cañas,
que yace en el destino de los tiempos que muerden,
en el patio sagrado de una niña que llora.

Y tu falda vestida de azucena,
cincelando en el aire la huella de mi frente,
despierta en la mirada milagrosa,
de tu sonrisa fresca,
en tu corona silente, intacta y afligida
que no vuelve al colegio rodeado de sauces 
ni a la cuesta del Gallo 
que sufre la amargura de un profeta callado
en los labios que esperan el soplo de la muerte.

Cantaba siempre bien aunque fuera bajo el sol que intimida a los artistas, o más bien bajo las nubes, vamos a admitir que el alcohol pudo con ella algunas veces, siendo la más sonada la de su cita maldita con Belgrado. Aprendió a esa edad en que uno no sabe que está aprendiendo lo que hace que se afronte las dificultades con una envidiable naturalidad. Desconozco si pensaba en Billie Holiday cuando hablaba de la muerte predestinada de cada amor pero tenía importantes paralelismos con ella, algunos además escalofriantes entre drogas y hombres desalmados. 

Estamos en un tiempo en el que los ayeres son siempre muy lejanos, ya lo advirtió Jim Morrison, atrapado para siempre en la bruma de París; "Los americanos no miramos el pasado". Amy Winehouse murió ayer y eso es mucho tiempo.



Te llamará el lamento de los tordos oscuros
que muerden el ocaso mustio de la frontera
y extienden sus cortinas
nublando el cementerio de los montes
cuando ya no me quieras y olvides el silencio
que siempre te ha llamado.

Te asaltarán las lágrimas vencidas de la tarde
con la promesa verde guardada en un espejo
con los ojos velados
que surcan la mezquita colgada en la luna
y cruzan los Rosales temblorosos
que no miran la infancia que retoza en los charcos,
duerme en la madriguera de los muros,
en la cárcel del alma
vibrando en el arroyo que agoniza en las cañas
 y muere en el destino de los tiempos que pasan
en el patio sagrado de una niña que tiembla.

Y tu falda vestida de azucena,
cincelando en el aire la huella de mi frente,
despierta en tu mirada,
en tu sonrisa fresca, intacta y afligida
que no vuelve al colegio rodeado de sauces, 
a la cuesta del Morro que mantiene tu aroma,
tu tristeza que apoya la cintura
en un mito que canta en un valle sombrío
donde sienten los labios el soplo de la muerte.


Te llamará el lamento de los tordos oscuros
que muerden el ocaso mustio de la frontera
y extienden sus cortinas
nublando el cementerio de los montes
cuando ya no me quieras y olvides el silencio
que siempre te ha llamado.

Te asaltarán las lágrimas vencidas de la alcoba
con la promesa verde guardada en un espejo
con los ojos velados
que surcan la mezquita acodada en la luna
y cruzan los Rosales temblorosos
que no miran la infancia que retoza en los charcos,
duerme en la madriguera de los muros,
en la cárcel que reza
vibrando en el arroyo que agoniza en las cañas
 y muere en el destino de los tiempos,
en el patio sagrado de una niña que tiembla.

Y tu falda vestida de azucena,
cincelando en el aire la huella de mi frente,
despierta en tu mirada,
en tu sonrisa fresca, intacta y afligida
que no vuelve al colegio rodeado de sauces
y cruces en la frente, 
a la cuesta del Morro que mantiene el aroma
de los cines desiertos, de las rosas caídas.

Te llamará el lamento de los tordos oscuros,
tu tristeza que apoya la luz de tu cintura
en un mito que canta en un valle sombrío
donde vagan sin nombre
los árboles de piedra que perdieron sus ramas,
donde sienten los labios el soplo de la muerte.



jueves, 3 de enero de 2019

La soledad se alberga en un valle desierto (7)

La soledad se alberga en un valle profundo,
en la ceniza hundida de una lejana gloria
que la ventana vierte en los geranios
que pierden sus raíces como si fueran viento
que no puede cantar
o el agua que penetra en la noche más larga
en las redes vacías y desiertas
de los ritos modernos y sus dioses temibles
que no tienen entrañas
                  con los besos que mueren y no cruzan los puentes               
y tiran los espejos por la borda,
aprisionan las voces que buscan la justicia,
recogen el trigo impuro que llena sus graneros,
destrozan el pasado 
y queman los rastrojos de la palabra inquieta.

Encerrada en la llave de un hiriente suspiro,
juegas con mi memoria, buscas otro sendero,
despiertas en las sombras,
en el bosque que muere con el gesto torcido.

Yace abierta una llaga que brilla en el futuro
que nunca llegará
cuando ya no se vea tu nombre en los senderos
que arrastren la amargura de un sueño interrumpido
que no quiso enterrar el vuelo de sus alas.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Pasolini; un cristiano sin Cristo.


        



En Ostia o en Trieste
cuando florezcan los tilos,
o en cualquier descampado
donde jueguen la noche y el deseo
me llamará la muerte, como lo suponía,
con el cuerpo marcado
por los golpes que suben al Calvario.
(La Pasión según Pasolini - 17 de marzo de 2013)


         Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.

***

         No me parezco en nada a Pasolini, Roxanne, él escribía poemas políticos y sociales y los llenaba de amor, yo solo escribo poemas de amor y, casi siempre, cuando no queda amor. Para mí es importante arrastrar esa contradicción; escribo poemas de amor y pies de página; he llegado hasta ahí por circunstancias específicas. No creo que la poesía me haya dado la espalda y, sin embargo, me siento como si fuera así.

         Ni los ateos más recalcitrantes pueden negar la importancia de Cristo en nuestra civilización. Nos encontramos con la aparición de la sociedad laica y la contradicción que nos encontramos es que los creyentes más fervientes de Cristo, ahí debemos situar a Pasolini, no creen en su divinidad, y quienes creen en ella la reducen a la parafernalia; lo importante es comprarle la túnica más lujosa al Nazareno para que procesione cada primavera u organizar una recogida de alimentos para los más necesitados sin querer enseñarles el camino para que dejen de ser pobres fortaleciendo el espíritu.

***

y que si puedo dejar algo hermoso en alguien
aunque no me haya conocido, y quizás por ello,
pensaré que la semilla que se embarra no muere.
(Mi análisis tardío – Mayo de 2013)

 
         Creo que Pasolini recogió el testigo de Antonio Machado en eso de hacer inmenso un tema ineludible como el paso del tiempo, es más difícil sostener sus reivindicaciones en el poeta boloñés, dado su radicalismo, que en un reformista sincero y lejano de todo aquello que pudiera provocar choques violentos. En Pasolini encontramos sus más llamativas contradicciones en su radicalismo, hasta cierto punto justificado, ya que los poderosos cuando negocian lo hacen con un ventajismo desproporcionado y grotesco, pero articulaba bien sus quejas; estaba cargado de razón, pero de tal forma dominaba la dialéctica que hubiera hecho parecer que la llevaba aunque no la tuviera.

         Pasolini sabía que la pobreza no fortifica la virtud pero hay que estar al lado de los pobres por un impulso cristiano, por un ejercicio consciente y anónimo de la misericordia, un impulso sincero a otorgar el perdón, sobre todo a aquellos que pecan porque no saben qué lo hacen.

 Aún no he aprendido a sentir lo que no siento,
a decir lo que se espera;

el bienestar ha envenenado
 el alma de los que luchaban
por sobrevivir en otros tiempos que me nublan los ojos.


         Pasolini sabía, con un realismo que crispaba a sus enemigos por su crudeza sin concesiones, que los italianos de los 60 vivían mejor que los de la post-guerra pero habían retrocedido en todo lo relacionado con la moral, estaba convencido de que era la escuela la mayor enemiga de la pobreza; pero esta nueva era alimentaba con ostentación, y una sonrisita irónica mal disimulada, la agonía del Humanismo y de que el bienestar, muy mal distribuido, era terreno propicio para cimentar las ruinas de los tiempos venideros. porque no quería mirarse al pasado para recoger la enseñanza de todo aquello que nos había envenenado provocando la más terrible de las guerras y por la pérdida de valores de los viejos tiempos, destacando entre ellos la piedad, la solidaridad y la fortaleza de los vínculos familiares, cuando salir adelante era una empresa colectiva.

***

            Pasolini en sus dos facetas más destacadas; la poesía y el cine, pasaba con suma facilidad de la genialidad al atropello, yo añadiría sus entrevistas, un arte apenas reconocido e improvisado, en el que siempre buscaba la calidad estética y el compromiso, para mí incomprensible, del escándalo ¿hay algo más escandaloso que decir la verdad a pequeño burgueses que sueñan con la burguesía e imitan su decadencia? Su final, sinceramente presentido, podría haber formado parte de uno de sus guiones, sería el mártir al que creía con el candor mortificado de un niño católico obnubilado por los brazos de su madre . Probablemente nunca tuvo tiempo para escribir poesía, para corregirla o buscar la palabra exacta, el concepto adecuado, aun así dejó poemas que debiera conocer todo aquel que se asoma al mundo de los versos.
   
         Cuando empecé a conocer su obra dije, y el tiempo me ha ayudado a reafirmarlo, que Pasolini partía de un lugar en el camino adonde no llegarían nunca incluso poetas de renombre.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Enredados en las redes del Ventoux



Cada expresión artística ha tenido épocas de esplendor favorecidas por unas circunstancias concretas y por la aparición de genios irrepetibles que intuían las posibilidades que se les ofrecía para pintar lo antiguo con aires de modernidad. Siempre se ha hecho buena música pero hay que tener en cuenta al receptor para valorarlo, en esto radicaría mi desencanto con estos años, no queremos distinguir entre lo valioso y lo superfluo, asumir una responsabilidad con el criterio.

 

La gente no quiere darse cuenta de que, en cierta forma, no ha terminado la Guerra del Vietnam, de que no ha caído el Muro, de que sigue habiendo niños que mueren en la playa, de que Tom Simpson vuelve a su última caída cada 13 de julio por intentar conseguir lo que está fuera de sus posibilidades reales, mientras el hombre aún lucha por alcanzar la Luna. No estamos en los peores años de esta era, pero sí son los que más duelen a los humanistas ya que no se ha resuelto casi nada cuando se tienen más instrumentos que nunca para hacerlo. Estamos dejando escapar un caballo con unas posibilidades inmensas que cada vez está más lejos de lo logrado por la Radio y la Televisión, a pesar de las críticas acerbas que le han llegado a esta última por su proceso de vulgarización.

En Cádiz todos nos morimos siendo unos chiquillos.

Jacques Brel - Vivir de pie



        "Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer el camino hasta el final. No hay otro. Es nuestro deber permanecer sin esperanza de salvación en el puesto ya perdido. Permanecer como aquel soldado romano cuyo esqueleto se ha encontrado delante de una puerta en Pompeya que murió porque al estallar la erupción del Vesubio nadie se acordó de licenciarlo. Eso es grandeza. Eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre." 


Osvald Spengler, 'El hombre y la técnica'.

Como un hoplita desarmado en el sendero
que no sabe detener la avalancha 
y la afronta sabiendo su destino.
(Los persas)

Brel es una de las grandes paradojas de mi vida, quizás ningún cantante me guste más que él, represente mejor lo que yo hubiera querido ser, lograra lo que nunca podré tener, pero no me atreví a escribir nada sobre su gloria y su tormento hasta hace poco más de un año, eso creo. Pienso que esta dejación imperdonable era porque me imponía, porque pasé madrugadas traduciendo sus versos con lo poco que tenía y era feliz en mi melancolía.

           Es fastidioso y sientes pena al pensar que nada volverá a ser como antes, que ese niño con canas que siempre llega tarde a la escuela ha perdido la paciencia y lee sin saber lo que está escrito, pero te fortalece su mensaje en el recuerdo. Creo entenderlo bien, a pesar de las brumas y el lenguaje, aunque por ello no esté de acuerdo con algunas de sus actitudes y posicionamientos, siempre es interesante querer atravesar las circunstancias en que una persona con un irrenunciable espíritu revolucionario fuera tildado de reaccionario. En estos días sentimos miedo de decir lo que pensamos amenazados por la guadaña intransigente de la corrección, ante ciertas cuestiones dar una opinión se convierte con facilidad, si no se dice lo esperado, en una acusación de mentalidad regresiva, como si no fuera posible seguir adelante con unos determinados sentimientos, como si amar se hubiera convertido en algo distinto, como si tuviéramos que procesar la pertinencia de una sonrisa y reírnos de una ocurrencia unos segundos más tardes de que nos la hayan contado. 

Creo que nunca se ha utilizado con más propiedad y sentido aquello de que Brel solo se parecía a Brel; él que amaba la paz, no era ese soldado, era todo un ejército cuando se trataba de cumplir lo que había dicho por más de que no hubiera público que le escuchara, un hoplita desarmado que se crece en la derrota y no huye ante la llegada de los persas porque no entiende la vida sin la polis. 

         Pienso que en su origen hay una diversidad que me recuerda a mi ciudad, en su caso afecta seriamente a dos factores, entre otros muchos que le iría añadiendo la vida, era un flamenco que se expresaba en francés, eso hizo que se sintiera más cerca de sus hermanos de lengua, manteniendo unas distancias pronunciadas por motivos políticos, y que conocía bien las costumbres que no quería aceptar, con los de sangre, y un católico que nunca renunció del todo a esta confesión a pesar de su descreimiento. Supongo que por su posicionamiento siempre militante en sus canciones de amor hoy día no le dejarían actuar en "El Olympia" y el poco agraciado auditorio parisino perdería el hito más perdurable que sustenta su leyenda; desde la adolescencia y los primeros amoríos interpretaba la relación amorosa como una tierna guerra, prevaleciendo esto último, y en ella solía estar al lado del hombre, él lo era, en lo bueno y lo malo hablaba siempre de la derrota.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Joan Báez - El llanto de una mujer sin esperanza


Los vientos de los viejos días

Alguien me dijo alguna vez que era más fácil estar toda una vida con una mujer a la que no amas que con una a la que amas verdaderamente. En unos segundos se me vino a la mente la canción que más me gusta de Joan Báez y que los amores mueren de amor. Esta cantante no ha contado nunca con mis bendiciones, estando ideológicamente cerca de ella tampoco me convence su forma de representarlo; por la falta de realismo y una ingenuidad, con más peligro del que parece, para dividir el mundo en dos direcciones, así se mostraban los artistas izquierdistas de su generación embriagados por el himno de las flores y cierta simpatía hacia regímenes que ya habían demostrado su desprecio por la libertad y métodos expeditivos para convencer a la disidencia. 

       Escuché "Diamantes y herrumbre" después de haber visto un documental que intentaba explicar su relación amorosa con Dylan y nunca me he sentido tan cerca de ella, de repente me pareció tan humana, tan entregada al talento del cantante más grande que había conocido. Al escuchar la canción pensaba que la había compuesto en 1965 y que una herida de tal extensión solo se podía sentir cuando acaban de clavarte el puñal. Joan, al contrario de lo que hizo con otras canciones dedicadas a Dylan, algunas ya eran delatadas por el título o por la claridad de las metáforas todas relativas a los verdes años del mito, mantuvo cierto secreto sobre esta e incluso Bob llegó a pensar que se la había dedicado a su ex-marido, debía tener los ojos azules como él, pero ella lo acabó sacando del error. 


A pesar de mi inglés entendí que dos lustros pueden ser tan largos como dos años sin luz. Al terminar con Sarah, tras unos meses de tortura que recogió el arte, hubo una reconciliación artística de Dylan con Joan, volvieron a subirse juntos a un escenario, para sus seguidores quedó para siempre la sensación de que volvieron a pasar algunas noches componiendo en la misma habitación, aún estaban a tiempo de cambiar el mundo y Dylan acababa de escribir la que sería su obra maestra más querida entre sus amantes más depresivos; "Sangre en el camino".

La separación de Dylan fue dolorosa y parece más que probable que fuera él quien propiciara el acercamiento sabiendo que ella, su valedora desde el principio de su carrera y su más ferviente admiradora, no le fallaría nunca, que no volverían aquellos años convulsos pero excitantes, y que ella aún aireaba aquel perfume penetrante que le permitiera vivirlos aunque fuera un poco.  No sabemos si Bob volvió a enamorarse de Joan, pero si prestamos oído a la canción solo podemos pensar que ella nunca había dejado de estar enamorada de él; amor es solo una canción que tiene cuatro letras.

Con respecto a la valoración artística de Joan, se me hace difícil reconocerlo pero no me llega y es algo que he aprendido a no forzar, me ocurre también  con Janis Joplin que  tiene todos los atributos para gustarme. Joan tiene virtudes celebradas por muchos y reconozco sin esfuerzo que son muy buenas, empezando por su voz de soprano tan alabada por los entendidos, y ese idilio especial con la tristeza que llenaba de autenticidad y lirismo sus canciones más convincentes. Pero me gustan muy pocas canciones de Joan Báez, eso sí, mucho. "Diamantes y herrumbres" es la que prefiero, en ella narra su reencuentro sentimental con Dylan, es magistral y uno se da cuenta de ello con una sola audición, es uno de los cantos más hermosos de amor no correspondido en la música popular, en la línea del llanto solitario de una muchacha sefardí que se hunde en la noche. Pero no le va a la zaga, “En las mañanas tranquilas”, un canto elegíaco dedicado a Janis Joplin, una rememoración sincera de una época en la que aún había flores entre los jóvenes americanos que no querían ser como sus padres y se oponían a todas las guerras y, sobre todo, su sobrecogedora versión, en la que vuelve a insistir como mujer abandonada, ese papel que tanto le iba e interpretó tan poco cuando tenía en la mano todas las cartas para construir un mito irrepetible, de la canción de Stevie Wonder "Nunca pensé que te marcharías en verano".  


Se me olvidaban las versiones de Dylan, en conjunto lo mejor de su obra, la presencia de Dylan sería un acicate para ella, el amor y la admiración rivalizaban sin que hubiera un vencido, abundando los himnos de los años vertiginosos de la gran explosión creativa del genio que moriría en 1966. Desde mi punto de vista, el virtuosismo vocal de Joan no pudo evitar que las canciones palidecieran  por cierta falta de fuerza; parecía más pendiente de la belleza de la ejecución y el lucimiento de su voz que alargaba las canciones en detrimento del tono agresivo, contundente y abrasador en su significado y su mensaje reivindicativo, y eso que creía en Dylan más que nadie, sobre todo en el bardo combativo de esos años en los que, para añadir más desventajas en las comparaciones, el genio de Duluth cantó mejor que nunca. Ni siquiera Joan estuvo cerca de los Byrds, y bien que habrá tenido que lamentarlo, hay que decir a favor suya que las versiones de los californianos eran imponentes, habrían hecho temblar al propio autor de las canciones, de no haber este pensado, con toda la razón, que Dios estaba de su lado.


El legado de Joan interpretando a Dylan es, de todas formas, de los más importantes y el más amplio, destacan como documentos históricos innegables las actuaciones que ambos realizaron juntos, por desgracia la calidad de las grabaciones es deficiente, y, sobre todo, con un valor sentimental de gran calado por lo que significaron en esos tiempos que los jóvenes querían un mundo distinto e igualitario. Como curiosidad debemos decir que hay dos canciones, "Acabó todo chica triste" y "Vas a ninguna parte", que cobran un gran significado porque las fechas en que Dylan las compuso coincidieron con el alejamiento de la pareja. Lo más extraño es que ambas canciones son de un desdén considerable hacia ella misma, lo que no impidió que las incluyese en su repertorio.

(Gracias a Juan Carlos y Elisabeth - 18 de noviembre de 2018)