martes, 20 de octubre de 2020

Segunda paráfrasis de "Al príncipe" de Pasolini.


 

Si regresa el sol, si cae el día,
si la sombra
tiene la esencia de noches venideras

y ya perdidas,
si una tarde de lluvia parece masacrar

los momentos
 que nunca nos pertenecieron y tuvimos

en tu madriguera.

Ya no soy feliz en el gozo 

ni sufro en el dolor,
Ya no tengo en mi alma 

toda una vida entera.

El poeta debe tener tiempo:
La única manera de hallar algo
es sentir aquello que tenga fuerza 

o abandono
para forjar el vicio

o edificar
la libertad que someta al caos.

Ahora no tengo tiempo por culpa de la muerte
que se acerca
con los funerales de mi juventud.
Pero también por culpa
de este mundo nuestro tan humano
que quita el pan a los pobres 

y la paz a los poetas.

 

(Pasolini - Al Príncipe (1961) Versión - F. E. León)

viernes, 16 de octubre de 2020

Vuelvo al patio romano

 Vuelvo al patio romano (8 de mayo)


Que me gusta enfangarme
porque el barro
es materia pobre y casi pura,
porque amo tu luz solo si no me ofrece esperanza.

(Pasolini - Análisis tardío V. F. E, L. 21 de octubre de 2020)


Vuelvo al tiempo de los besos
acorralados,
de los sueños erguidos en el parque de plata
que ya no nos espera,
al laurel de la India que nunca se marchita,
a los bancos de piedra que ya no son los mismos;
no recogen la firma de tu mano nerviosa
pergeñando los vuelos profundos de una rima.

Vuelvo al patio romano
como si quisiera gritarle a la rosa
que ya no será nunca temprana
cuánto te quería
en los recovecos de los jardines de las murallas,
en el pequeño foso del suicida
que aún guarda los calvarios brunos de nuestra nube
en el velo del mar que atravesaba
la pulpa del naranjo que oscurece
en el paseo crepuscular de Independencia,
y me estremezco
como si quisiera abrazarte de nuevo
en los surcos nostálgicos del agua
que se adentra en la noche de las incomprensiones,
de las barcas perseguidas
que gimen en el aria de tu arena
como una sirena que ha renunciado al canto
y horada con los ojos la amargura de sus piernas
entre los espigones derruidos por el salitre y su silencio
donde la luna araña al mediodía
tu sombra sobre la tierra del olvido,
el corazón sediento que aún rememora la caricia
del clavel caprichoso que tuviste en la boca.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Variación del poema de Leonard Cohen "Perdí mi camino".

 

Perdí mi camino

Perdí mi camino, no supe amarte,
olvidé invocar tu rostro entre las brumas
del invierno gris
cuando aparecían en tus ojos las galernas
y los corazones prístinos latieron 
contra el mundo
mientras fluían las lágrimas
por mi victoria perdida, por tu triunfo malogrado.

Pero tú aún estás aquí
cuando te canto en el portal
de la mañana y acaricio tu memoria por la noche.

Tú siempre has estado aquí cuando respiro
en tu nombre de espliego cincelado
y te siento detrás de una ventana sin cortinas.

El mundo acaba olvidándolo todo
y nosotros nos escondemos ante sus garras
y nuestros corazones se convierten
en  un torbellino de angustiosas direcciones,
pero tu nombre unifica el interior de los recuerdos
y el mundo se levanta en su lugar
para quererte 
como si fueras mía porque te miras en los espejos
de nuestro viejo barrio abandonado.

Bienaventurado el que espera
en las entrañas más amadas del anhelo
que regresen los transeúntes de nuestra vida. 
 
(Memorias de Hydra)

domingo, 11 de octubre de 2020

Mi corazón

 


Mi corazón sin freno en su tormento
te busca por las calles de tu infancia
sintiendo en tu figura la fragancia
gentil que no se pierde con el viento.

Mi despertar no sabe estar contento;
sonríe por su incauta tolerancia
que recibe el desdén de tu arrogancia,
y no puede ordenar su pensamiento.

Mi deseo se fue por la ventana
hacia donde respiras y te siente.
Si no quieres mirarlo en la mañana

deja al menos que vibre y te alimente
con la sangre de amor que aún le mana
y haga en tu frío manto un lecho ardiente.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Je est un autre

Je est un autre
(Rimbaud)

Un hombre encadenado a tu figura 
se encamina a mi rostro en la escollera
con un rumbo abortado 
que invade los caprichos de la muerte
en los días sin nombre que fluyen en el agua.
 
Este hombre se arrastra por las nubes 
rojizas del crepúsculo que hiere
y arrasa los cristales del silencio en las ramas,
permanece en los bancos vacíos de los parques
y se ahoga en tus ojos
que abren otras cortinas, buscan otro calor
y no sienten la luz lenta de mi esperanza.

Ya no me amas es cierto, miras el horizonte
de los painicos tristes que lloran en la luna,
de palabras sin velo que cubren la sonrisa,
de ilusiones que pasan y se pierden
en cada esquina fría
que detiene mi olvido, mi angustia y tu mirada.

11

De aquí a la eternidad



A Montgomery Clift

Aquí mis labios tibios
se funden con la gente que escapa de su casa
como la niña inquieta
que no encuentra su sitio
entre las flores blancas que cuidaran tus manos
en un sueño disperso que inmolaste con rabia.

Esta ciudad perdió de la verdad el rumbo,
ni mirando a los ojos se cumplen las promesas
en sus torpes entrañas 
y en sus bloques cansados,
 el cine está vacío, apenas tres asientos,
nadie molesta
los sorbos de un ardor febril y enajenado,
y no importa el cartel ni los actores
ni las manchas de sombra que persisten
en la oscura butaca del fondo apagado
que insiste en tu camisa destrozada,
en el tenue recuerdo que disipa mi imagen
y el amor que enterraste con el último tango.

No importa la Celosa cuando no te requiere
y vagando la dejas por la sierra perversa
buscando a un amante atormentado
cuyo dolor se expande y aprisiona sus miembros
a la litera fría que pregona la muerte
y el pensamiento amargo 
de un amor extinguido
en el borde más negro de un fuego masacrado.

Amabas la ciudad y la Casa de Campo,
el ruido que enloquece la razón de los cuerdos
que tú representabas en tu perfil humano, 
los árboles que ocultan
las horas del amor y las caricias,
la danza de los cuerpos vibrando en la vereda
que no desaparece de los ojos nublados.

Declaraste la guerra con hechos consumidos,
tu Pearl Harbor resiste con firmeza
en mi memoria triste
me asalta y me castiga con su furia implacable;
aún me sobrecoge el ruido de las hélices,
la sangre en las miradas,
tu voluntad constante de querer lo perdido
por encima del mar y de la muerte,
de despreciar la túnica morada de un profeta
confuso que se enfrenta a la locura ciega
del mundo y su metralla,
y se arrastra en la sábana de un sueño amortajado.