miércoles, 10 de octubre de 2018

Palabras a Fanny - La vieja revolución

 
Aprendimos a enterrar a los fantasmas que han encontrado a quienes los resucite y a luchar contra un dios implacable que vuelve con otro rostro después de que lo hubiéramos vencido.


Pienso que tu pregunta, Fanny, es complicada de formular cuanto más de encontrarle una respuesta, el Cohen que preferimos muchos; el de su tardío comienzo en el mundo de la música, es un hombre formado que ha perdido la ingenuidad de sus sueños de juventud por el camino de su experiencia propia. Al contrario que sus colegas estadounidenses mira a la vieja Europa, se identifica con su decadencia espiritual y bebe con amargura el fracaso de sus revoluciones a uno y otro lado del telón. Cohen llega a la conclusión de que carece de fórmulas conocidas para articular un mundo justo, en vez de eso indaga en las distancias cortas e intenta escuchar al hombre que mejor puede hablarle del declive de una civilización, aunque no llegue a conocerle como quisiera por más que lleve su traje y su sombrero, y escribe versos subjetivos sobre la amistad o el amor, o la presencia inquietante de la muerte sobre cualquier acto de creación. Después de todo el artista no ha tenido nunca una relación amable con la profecía, ya está el pensador para enunciarla, el político para ejecutarla y el hombre de la calle para sufrirla preguntándose si no la ha entendido bien o si los profetas no han sido bien interpretados. Cohen, a pesar de Dylan, ha comprendido que la misión del poeta no es arreglar el mundo teorizando posibles formas de gobierno sino denunciar los síntomas de nuestras equivocaciones, sabe que no le harán caso, que incluso habrá a quien se le escape unas risitas cuando mencione su pesimismo como si fuera una patología inherente a su personalidad taciturna y herida, no viendo que se enfrenta a él con sus mismas armas y en su terreno; mirarte al espejo cuando tienes una cierta edad y decir lo que ves en tu perfil menos favorecido cuando acabas de levantarte no es la única forma de superar un problema, pero sí la más sincera y efectiva.

         Un abrazo, Fanny, muchas veces pienso en ti y doy las gracias de que seas una soñadora deliciosa. Pienso en los años de la Transición y me emociono cuando recuerdo el teatro en la calle, el cine en las residencias juveniles, cuando la poesía no provocaba risitas sino respeto y admiración incluso en aquellos que no la entendían.

(9 de junio de 2017) 

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.