viernes, 5 de agosto de 2016

Princesa encantada

Quizás también tú mueras con tu manto y tu torre,
quizás no sea yo quien busque en tus ruinas,
quizás no vuelva a verte
con tu melancolía en la ventana
y no sepa que fue de aquel amor,
de aquella oscura tarde y de mi gabardina-
Ahora que te perdiste y no he vuelto a encontrarte,
que mi silencio apenas te reclama.
ahora que me hundo en una selva gris
y quisiera pedirte tu nombre y tu sonrisa.



























2 comentarios:

  1. Sí,también mueren las princesas engreídas y las otras.
    Saludos F. Enrique,me alegra saber que sigues escribiendo.Yo paso por una época insulsa,sin ganas ni inspiración,esperando el tiempo más favorable del otoño,la estación de los poetas.

    Que tengas un bello verano,amigo.

    Un fuerte abrazo desde Cáceres.

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  2. Es un poema de mis comienzos, Jerónimo. He suprimido las dos estrofas finales porque, aunque tienen versos interesantes e incluso inspirados, son irregulares y no acompañan a las dos que he reproducido. Me gusta Nietzsche cuando nos recuerda que somos pasado, creo que es el lugar idóneo para buscar la inspiración cuando el presente se nos vuelve obtuso.


    En cuanto a lo que me dices de tu momento actual, solo los que escribimos poesía lo podemos entender. En prosa, a trancas y barrancas, se puede salvar la nave en esos momentos de malas sensaciones, pero tú y yo sabemos que la poesía, especialmente la lírica que con tanto acierto defiendes, necesita que los sentimientos estén a flor de piel, es como la música.

    Me alegra mucho volver a saludarte, ya casi tenemos aquí el otoño y sé que volverás. No tenemos muchos grandes poetas, te necesitamos.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.