jueves, 18 de agosto de 2016

En la mirada de la noche (Federico ausente)




1

En la mirada de la noche donde expiran los olivos,
en el verde de silencio oscuro  cerrado de los campos,
donde alumbra sin brillo
la estrella que tiembla
con timidez de doncella enamorada
y no se lleva el miedo que la luna sombría
acaricia en sus manos de tela de araña que muerde,
ni a los locos que gimen el llanto de los grillos
que no pueden romper la aurora con sus patas,
ni el delirio infantil que acunan tiernamente los cartero
en palabras de amor
sin remite ni huella en los tejados.

2

Hay un jardín que muere en el patio del recuerdo
donde canta el jilguero sin luz que lloraba
en lo turbio y estrecho  de una infancia que vuelve,
y entre escombros agolpados contra un muro la tierra se esfuerza
por ofrecer su lecho de húmedas raíces a unas plantas de Oriente
que no verán el camino de sus primeros pasos,
como tus ojos, en un barranco  donde no habita una estrella
que los guíe,
oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,
en el libro amarillo que mostrara tu hondura
ante mi asombro de niño
en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,
hacia los que nacieron arrodillados
ante el peso infinito del estigma invisible,
hacia los que tienen hambre de que las amapolas
vuelvan a los montes derruidos que imploran su dolor de tierra
entre las sábanas blancas tendidas en el ocaso que nadie mira
y que se marchen los comisarios
de la sonrisa exacta que caminan con sus cruces
y esgrimen en el aire sus látigos de orden.

3

Yo en este rincón donde no llega 
el aire que he buscado con ansia y sin descanso
pensando en la amargura
en las lenguas que insisten, en esta tierra mía,
cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia,
en cegar los ojitos del jilguero que no aprendió a volar,
encadenar el llanto que derrama el hombre bueno y libre,
desenterrar las flores, apartar las estrellas,
en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,
 despojar a los santos de su mensaje íntimo
y masacrar la rosa en los labios del poeta. 


4

Yo acorralado en este desconcierto de palabra cautiva
que no verá su curso natural cubierto de requiebros,
en esta noche fría de partituras huecas
que forma la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones,
y, al fin, llega el poeta con su traje de loco que no encontró destino,
con su corazón atravesado por una pena que sabe que le duele
pero no sabe nombrar con los labios que tiemblan, que la sienten,
ni situar el alma que le arrastra a un rincón desconocido.

Por eso canto, para recordar la emoción del niño
que mira a sus mayores agradecido y obnubilado
por esta senda de luz que cubre el mar, el monte y los recuerdos,
por este sentir profundo cuyo nombre no conoce pero toca
en el rostro de aquellos inundados por la gracia .

Canto para enmarcar la brisa pasajera del cómico ambulante
que siempre encuentra abrigo en el pecho del poeta,
en la hondura temeraria que no se lleva su templanza,
en el poema de luz que se agiganta con el tiempo.


Publicado en Blogger el 21 de Julio de 2013.
Segunda edición el 5 de Enero de 2015.

8 comentarios:

  1. Enrique, he disfrutado mucho leyendo cada acto de este fantástico poema, lo he leído, releído y vuelto a leer para saborearlo a fondo, para no perder detalle ni pasar por alto la hondura y fuerza de sus magníficas imágenes. Desde la propuesta del título que ya anuncia sin ambages la intención de la obra, nos sitúas en un primer acto en la noche cerrada de los Olivares, un paisaje lorquiano en el que refulge con fuerza esa estrella que brilla apenas con timidez, maravillosa imagen, y aparece a modo de prólogo la figura romántica del poeta, andando dos palmos por encima de la tierra, escribiendo cartas de amor en los tejados.

    En el segundo acto es donde más se siente el desasosiego y la desazón de la ausencia, ese Federico ausente que da pie a estos versos nocturnos, donde más se dibuja la noche de sus desgarradoras circunstancias, y se extiende de un modo atemporal al momento presente en el impasible destino que acepta la suerte de aquellos que nacieron sin estrella. Las imágenes aquí son de una belleza inquietante y desoladora.

    Los dos últimos actos desnudan la verdad del poeta, la fatalidad de su ineludible condición que le lleva a ahondar en un mundo interior al que no puede poner nombre salvo en palabras de aquellos a quienes admira, buscando un poema de luz, una luz a la que quiere dar cobijo y que casi palpa pero nunca alcanza a ver del todo. Quizás aquí destaca la fluidez sencilla y coloquial de unos versos que logran una complicidad absoluta con la visión del poeta, haciéndonos uno con él, sintiendo su necesidad por continuar en el camino de la búsqueda, la palabra y el amor.

    Magnífico poema, Enrique. Ha sido un placer enorme leerte, como siempre lo es. Un abrazo, amigo.

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    1. Te sorprendería, Toño, saber cuantas veces he venido a este lugar con la intención de encontrar una respuesta digna a lo que tú has escrito. Al final me he decidido a hacerla, no porque la haya encontrado, sino porque no me gustaría de ninguna manera que la falta de respuesta pudiera ser interpretada como desinterés o falta de aprecio. Sé que tengo un privilegio raro y que sabré valorar en toda su extensión con el paso del tiempo, un privilegio al que tú contribuyes, el de poder hablar del proceso creativo de mis poemas como si no fuera un poeta que no ha publicado verso alguno.

      Después de tu largo y magnífico, sí, magnífico, comentario, es para mí un placer explicarte algunos detalles del poema; fue mi mujer la que me lo propuso para participar en un concurso, ella piensa, quizás con razón, que no hay poeta que me guste más que Lorca, te diría después que intenté escribirlo en clave surrealista y empaparlo de un aire popular, que denuncié el hecho de seguir viendo viva a esa España que nos complica la vida a todos, que prefiere un supuesto orden a la justicia, y, para finalizar, desde un punto de vista formal, el poema no tenía divisiones, decidí hacerlas en un último momento, quizás porque no le veía la cohesión interna que precisan los poemas largos.

      Un abrazo, Toño.

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  2. Un poema tremendo lleno de versos realmente lindos, que manejas con una soltura envidiable. Admiro mucho a Lorca poblablemente lo mejor que nos ha dejado el siglo XX por eso este poema me llega de una forma particularmente cercana.
    Todos los versos dejan sentir también tu admiracion por el y tu íntima sensibilidad y conexión con su pensamiento y su esencia como hombre que siente y sufre. He pasado unos minutos maravillosos degustando y empapandome de este maravilloso poema y de su hondura y de la tuya.

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    1. Es una sorpresa muy agradable, Luisa, que me hayas dejado testimonio de tu paso por el poema, que tengas también a Lorca como referencia poética, y que te haya gustado este intento donde primó el corazón, a mi manera diría que más que escritura automática es irreflexiva; sin saber donde situarlo, compruebo que el paso del tiempo me ayuda a aceptarlo con más agrado. También me ayuda lo que tú me dices.

      Muchas gracias, un abrazo.

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  3. Estoy paseando por tu blog, muy atenta a tus versos, buscando "Resaca", pero no he podido pasar de largo en este tan maravilloso.Eres un buen poeta, Enrique, y mereces los elogios que te hacen las dos personas que han comentado ampliamente tus versos.
    Yo me he quedado con la boca abierta y no sé decirte más que me ha gustado enormemente.

    Un abrazo.

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  4. Creo que nunca quedaré satisfecho con nada de lo que escriba si está Lorca por medio, Fanny, en cambio, sé que algunos de los mejores poemas que he escrito llevan la huella de las muchas lecturas que hice de los suyos. Éste y dos o tres más que escribí sobre el poeta granadino en esos días no los hubiera escrito sino fuera por mi mujer, algún día, quizás, pueda explicarlo: No sé por qué, pero autores que han sido cruciales en mi vida, también me pasa con Brel, los miro de refilón en estos días como si me diera miedo volver al instante en que sin saber las causas concretas los dejé. Sinceramente, no tengo una opinión definida sobre este poema, por eso estos comentarios que ves aquí, entre los que está el tuyo, me producen una rara satisfacción, pero satisfacción al fin y al cabo.

    Muchas gracias, Fanny.

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  5. Hola Enrique.Tengo una ligera idea de haber leído este gran poema tuyo en alguna edición anterior pero esa circunstancia no es motivo para no volver a disfrutarlo de nuevo en toda su intensidad.Después de leerlo reposadamente y tras la lectura igualmente del magnífico análisis que te ha dejado Toño,solo me queda decir que este es uno de esos poemas que te hacen disfrutar en cada lectura sin importar las veces que lo leas y que difícilmente se puede olvidar después.Y eso solo ocurre con los grandes poemas.Admiro a Lorca,como no podía ser de otra forma,a pesar de no estar entre mis poetas favoritos.Por ello tal vez lo admire más como persona que como poeta y,desde luego,se merece poemas como el tuyo,sin duda.

    Me voy ahora,pero volveré para ponerme al día con tus versos.

    Te dejo un abrazo

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    1. Por lo que conozco de tu poesía, Joaquín, creo que una lectura de Los sonetos del amor oscuro te acercará sin duda al poeta granadino, más aún si consigues el disco de Amancio Prada.

      En cuanto a tu comentario, me ha hecho mucha ilusión, tengo muy pocas oportunidades de cambiar opiniones y además valoro mucho la tuya. Lorca es uno de mis poetas de referencia y puede parecer un contrasentido que este poema lo escribiera para participar en un concurso, en esos momentos la Ley de la Memoria Histórica de España desataba polémicas y desencuentros y quise dar mi opinión acercándome al Lorca menos críptico de Poeta en Nueva York.

      Un abrazo, Joaquín, muchas gracias

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.