domingo, 28 de junio de 2015

Las cifras del desnudo





Cada poema se pondrá el vestido
de tristeza que no atienda a razones
y alimente las cifras del desnudo
que te arranqué sin verte en los salones.


Pero ahora me voy como un ausente
sin calle, sin semáforo, sin coche
como la piedra helada de tu frente
que ya no piensa en mí,
que no late, no llora, que no siente.


Habrá una aurora nueva en tu silencio,
un mensaje de dudas
en mi buzón de espera,
pues no hubo tregua abrupta en mi vida
que sangre y fuego labrado no hubieran
con las rosas durmiendo en el tejado
y los gatos hiriendo
el sueño en la maleza adormecida,
con seres de locura enamorados
y besos sin carmín en las mejillas.


Pero me voy como un hueco que grita
en los parajes yermos del espanto
abrigando en mi pecho soledades,
incomprensión de olvido que no acaba,
derroteros del mar que nos inunda
y deja nuestros ojos sin ventanas
y una estrofa temblando en los andenes
de tu pelo perdido en los jazmines.


Pero ahora me voy como un ausente
sin calle, sin semáforo, sin coche,
como la piedra helada de tu frente
que ya no piensa en mí
que no late, no llora, que no siente.

4 comentarios:

  1. Siempre fue así,tras la desnudez de los días llega invariablemente la tristeza de la soledad hecha poema.Y menos mal que nos quedan los poemas como feliz desahogo de todas las angustias posibles...¿Por qué hay siempre un precio que pagar por los escasos momentos felices...?


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo contigo, Joaquín- Tengo un miedo patológico a la felicidad y creo que tengo identicado el momento y el por qué. Reconozco que estaba en una época en la que apenas me concedía visiones amables sobre el amor y la vida.

      Muchas gracias, Joaquín, ya sé que mi blog tiene pocas visitas, pero las que tengo llenan sus páginas de sensibilidad y belleza.

      Eliminar
  2. Ay que profundo eres amigo, y esa profundidad sale en tus bellos poemas cuando te asomas a tu interior y hurgas en las vivencias que desde luego no siempre habrán sido tristes. No abrigues las soledades, y vístete con el cálido sol del amor que tienes para ser feliz, o estar por lo menos, bien contento.
    Precioso, me encantan las estrofas que se repiten.
    Un abrazo Enrique y para Inma también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo, Elda, que has podido comprobar en nuestras charlas que no soy una persona taciturna, que más bien busco recovecos que lleven a la sonrisa, pero cuando escribo suelo llamar al hombre triste que hay en mí. No se me ha dado mal del todo eso de vivir. El amor y la amistad lo primero, me siento afortunado de de tener la tuya y que nos veamos aunque sea de tarde en tarde.

      Un abrazo.

      Eliminar

Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.