sábado, 7 de junio de 2025

Modern times (A Ana Muela)


 Y de repente parecía que aquel mundo podía acercarse a nuestras manos, que había un lugar para nuestro sueño en el marasmo de las multitudes, que florecía la tarde cada vez que sonreías. ¿Por qué lo hacías tan poco cuando yo te miraba? ¿Por qué llegó la noche sin percibirlo apenas? ¿Te dije alguna vez que si hubiéramos podido ir a Nueva York la Estatua de la Libertad se habría arrodillado ante ti?

(Conversaciones con Laura)

Seamos, Laura mía, dos hermanitos, dos amantes que se aman tiernamente y, por ello, necesitan la Poesía. Dios es inefable, con todo lo sublime que ello conlleva; Miguel Ángel le puso el rostro que retenemos en la mente. Tu amor a Dios nunca llegó a apagarse.


Fútbol de ahora y de siempre.

El Madrid perdió, en juego, por aplastamiento ante el mejor equipo del mundo, pero supo sufrir para imponer su destino; ha enriquecido la Champions (y su leyenda), la gane o no la gane este año. Cuidado con el Bayern, espero que el Madrid no juegue como ante el City. Por penaltis no siempre sale cara. Hace falta hacer un fútbol que reivindique y justifique la presencia de Joselu.

El fútbol, los foros, los bares son el último refugio de la poesía. Ahí estás tú, Laura, con tu ausencia. No eres poeta; eres Poesía. Fui (o soy) tu musa despiadada, pero musa, al fin y al cabo. Hasta el poema de tu niñez es una consagración del amor que vendría.



Somos cartas sin norte esparcidas en el viento,
islas sin recuerdos en un archipiélago aislado,
una rosa sin pétalos en el jarrón del olvido,
un grito en las tinieblas,
somos la mirada abstracta
de un sueño figurativo que no ha nacido,
el despertar de un monstruo inocente que muere
entre las pesadillas del hombre de la calle.

Ya conozco los latidos de estos tiempos modernos,
ya he bebido la sed de un amor
que no brilla ni se apaga,
se derrumbaron los muros, me dijiste,
pero sigue la barrera entre tú y yo
cuando hablamos del silencio,
de las incomunicaciones telemáticas,
de tu tarjeta sin firma que se pierde
en la nube querida de la infancia.

Somos la arena violenta que golpea
en el rostro de un niño dormido para siempre
en el cementerio de la playa,
aquellos que no escuchan a los muertos
que vagan por los periódicos,
llegamos siempre tarde al último combate
sosteniendo en los ojos que se cierran
una sonrisa amplia que bendice
los fusiles de la gloria, la libertad encadenada,
el hacha sin mango que agita el guante del verdugo.

Ámate a ti misma, Laura; tengo la seguridad de que encontrarás a mucha gente que te quiera, pero cabe la posibilidad de que no encuentres a nadie que te ame. Todos queremos compartir la gloria de Occidente, pero solo unos pocos amamos su vulnerabilidad. Si encuentras a alguien bueno que te ame, aunque solo sea un poco, gozarás en cinco minutos lo que los perversos no disfrutan en toda una eternidad, por mucho polvo que dejen en la vereda, o sea, camino sin camino.
(13 de mayo de 2019)

viernes, 6 de junio de 2025

Una habitación sin alma

 

Hay quien puede creer que tu sonrisa es triste,

que envidias la soledad sin sueño

de los pájaros que mueren

porque no tienen pulso que les lleve a gritar,

porque sus alas no vibran de desesperación

ni tienen que enfrentarse

al castigo de las horas envueltas en tañidos sin campana,

en llamadas sin respuesta.


No volverá tu padre para sentarte en sus rodillas

y decirte que eres preciosa y tierna,

que no te dejará nunca,

te sentirás fuera de órbita en el planeta de tu madre

que ante el espejo destroza el carmín contra sus labios,

las flores contra el olvido

donde navega la última frase de amor que no recuerda,

y llorarás, como se llora en el silencio de una habitación sin alma,

como llora una niña cuando el mar le inunda los ojos

y una pajarita de papel con un poema plegado

le atraviesa el pecho encogido

mientras espera que la aurora llegue para llevarse el miedo.

martes, 3 de junio de 2025

Vieja estación

  


 

Ahora sufro en los lugares donde solía jugar.
(Leonard Cohen - Variación F. E. León)



Vientos de soledad en la mañana
y en el andén espera
la sombra del amor que acaso fuiste,
se me escapó tu huella en el espejo
y no te reconozco
y no sé cómo hablarte.

Como si fueras otra me recuerdas
al silencio que canta
en los versos que pierden la cadencia
cuando emergen del alma desprendidos
por un tibio calor que ya no sienten.

En la vieja estación rota y vacía
que no tiene cuadrantes de destinos
he pasado la tarde
con los bancos gastados
y un reloj sin agujas que se duerme
en el rumor del tren que nunca pasa,
en los besos errantes
que perdieron el norte en el camino
y forjaron la nube de tu ausencia.

Aranjuez está lejos,
los trigales se visten de verano
y los ecos torcidos se derraman
en un torpe cuaderno
que no arrastra mi nombre por tus venas,
que no arrebata un lazo en tus esquinas.

En el rincón de sombras impregnado
por la grave caricia de tu rostro,
por la larga madeja sin memoria
de los recuerdos quietos que se mueven
está mi corazón llorando triste,
pensando en los senderos perseguidos
que arrastrarán los nombres
de los bellos amantes desolados
que algún día tuvieron
la sonrisa despierta de la aurora,
la mirada de luz que yo he perdido.

domingo, 1 de junio de 2025

Muchacha del recuerdo

                                                 Tú eres la muchacha que busqué

cuando aún no existías.
(Joan Margarit)


Anochece en mi rostro
cuando pasa por la alfombra de tu calle
la muchacha de ayer que todavía te busca,
lleva al cuello tu cruz,
brilla en el recuerdo donde apenas sonreías
y lanza pétalos de ensueño a los claveles
de un futuro
enclavado en una estatua que guarda una mirada
de amor hacia los tristes
a pesar de los fusiles, el mostaza y las cadenas
que no pueden devastar la palabra
de los santos descreídos
que emergen de las brumas cada día
para seguir viviendo la fe en nuestra sangre.
 

sábado, 31 de mayo de 2025

Resaca

 Este poema no es el tuyo e inmortal "Trenes en la niebla", ni siquiera se acerca al justamente celebrado "Guiones inacabados", pero cumple su función de transmitir la muerte de los inmigrantes en el mar, la injusticia que inconscientemente los europeos ceutíes cometíamos con los musulmanes ceutíes, era tal que muchos de ellos fueron apátridas hasta 1987 y escaparon al reparto de viviendas sociales. Parecíamos, por la convicción asumida de la superioridad de nuestra civilización, haber salido del muslo de Júpiter o de la pluma de Rudyard Kipling. Y para terminar el desconcierto de una resaca empapada en alcohol; aún recuerdo a Alberto Sordi, vestido de mujer y gimiendo en la acera cuando la fiesta hubo acabado, preguntándose quién era y qué perseguía en el momento que le dolía la cabeza y no se veía en la responsabilidad del día a día.


Me quedo muy satisfecho con tu rico y didáctico comentario, Rafel.




I

Nubes y gaviotas gritan
bajo el oscuro sol de la mañana.
Tengo que cambiar este signo,
ahora que Dios mira para otro lado,
pensar que no todo se ha perdido
con el último tren de madrugada,
que en algún labio hay una sonrisa
para darme fuerzas,
para volver a algún sitio
después de la marejada.

II

En la lengua el sabor amargo que persiste
y en la cabeza las voces que no acaban,
los reflejos de los vasos que se rompen,
el alcohol derramado por los suelos.

Las farolas encendidas aunque sin luz,
en la primera hora de resaca,
en estas peñas que incitan al suicida,
este mar que recoge los cuerpos que soñaron.

En la falda del Hacho, el cementerio
sigue abriendo oquedades
que serán ocupadas por esquelas,
por nombres y jarrones, por pétalos marchitos.

Y los barcos cruzando el Estrecho,
y las almas vagando en la deriva
de una ciudad que muere en el perfume
que ayer la embadurnaba,
que se abre a un rumbo cierto
de plegaria en otra lengua que no entiende.

Esta ciudad, que fue refugio de Camoens,
en el ocaso de su sangre se debate,
ebria en su fracaso, confundida
por no haber compartido la miel en el pasado,
por no querer escuchar la voz de los que sufren
cuando sólo pedían caricias con los ojos.

Si has de dejarme

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Debes comprender que no he podido librarme
del dolor de tu mirada fija sobre mi cruz,
te perdono porque estaba llena de amor
aunque me duela todavía y lleve tu nombre a cuesta.
(Los dos caminos)

Si has de dejarme
quiero que sea en otoño,
que la lluvia y el viento penetren en mi alcoba,
los eucaliptos lloren quebrados por la noche,
vuelva la soledad a la playa vacía.

Para que no me mueva la luz de tu vestido,
ni el lento respirar que arranqué de tu boca,
quiero que sea la muerte
quien recoja mis sueños y los lleve al ocaso
con el viento que llora.

Quiero que sea en otoño,
quiero que sea en la muerte
donde brote el dolor de cada pensamiento,
que la lluvia y el carmen se queden en mi alma
y que puedas seguir ahondando en mi tristeza.
Última edición por F. Enrique el Sab, 04 Abr 2015 20:03, editado 3 veces en total.
Los besos por escrito no llegan, se los beben los fantasmas por el camino.
(Franz Kafka)


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viernes, 30 de mayo de 2025

Días de cine

 Ahora, por vuestra culpa, los ojos de mi niña

enrojecen sin tregua hinchados por el llanto.

(Catulo – Carmen III – Tr.: F.E. León)


Ya no podrás volver a la arena mojada
de luna sin recuerdo,
a las barcas cansadas que muerden otra orilla,
a las redes tendidas que no esperan tu paso,
al barrio ceniciento que muestra sus ruinas.

Ya no podrás volver a la escena que muere
con el dulce candor
de un beso primigenio,
al corazón sin huella que buscaba tu mano
y sigue caminando por la senda perdida
de tu primer poema,
de tu alma constante
ahora que la llama oscurece en el patio
y la música vaga por otra melodía.

El pajarillo gris que anida en otro sueño
se precipita al Orco del que nadie regresa
ahora que sin tregua enrojece tu alma
por un amor herido,
por un carmen inmenso que no encuentra tus labios

domingo, 25 de mayo de 2025

Carta abierta a Rafel

                                                        Y tú lees tu Emily Dickinson

y yo mi Robert Frost,
y señalamos nuestro sitio
en la cinta del libro
para medir lo que hemos perdido.

Como un poema mal escrito
somos versos sin rima,
estrofas sin ritmo
con un compás entrecortado.
(Paul Simon)




Nunca tuve fe en este poema, Rafel,
así, todo lo que me llega hablando sobre él
es un regalo añadido,
una gota que se yergue en el ruido del mar
que nos separa y nos une
como si fuera la poesía que perseguimos
por caminos diferentes y alejados.

En esto me veo cada vez que lo leo
y pienso que añadiría esto que me conforta,
que suprimiría aquello que me hiere,
que me pierdo en el milagro de una sonrisa triste,
que vuelvo al surrealismo que impregna mi palabra
con el romanticismo intemporal
adueñándose de todo aquello
que a todos nos pertenece y se mantiene en el aire;
hay en mi corazón furias y penas
cuando me siento embargado
por un verso de Quevedo.

Tengo asumido que no tendré jamás la lucidez
de José Emilio Pacheco.
Él tenía por cierto que lo que salía de su pluma
sería comentado,
escrito en las paredes impasibles del metro,
que sus sentimientos pertenecerían
a aquellos transeúntes sin destino
que lo necesitaran
como yo en este día de sol
que tirita apagado
como yo en una estrofa de Paul Simon,
como una huella errante sin dueño.

Sé muy bien que la oscuridad de mi palabra
no se enciende en la avenida
que hay entre el olvido y yo
como un pensamiento irreflexivo de Dylan
o la voz cavernosa y deprimida de Cohen
en la elegancia de una sábana desgarrada.
Pero merece la pena intentarlo, en esa lucha
siempre hay alguna caricia que queda
y se rebela contra los vestigios
que permanecen en los labios ajados del silencio.

Ya no tengo la calma para medir
un poema de amor;
volvamos a la calle de la ausencia,
a ese momento que rompe la soledad
de los poetas polvorientos en el exilio de las calles
que nos siguen acompañando
cuando descubrimos
algún misterio en la palabra siempre,
cuando tenemos por cierta la belleza
que subsiste en el cuidado de un Garcilaso ausente,
en la eternidad que brota en la mirada fugitiva
de aquella que nos mueve en el recuerdo
aun cuando perdemos fuelle en la soledad
que conserva el milagro
del primer verso de cada poema,
ese que nos entregan los dioses
y muere en el secreto de la audiencia
en los pies del teatro de los sueños.

No sé decirte nada más,
como los álamos tiemblo
en los lugares donde solía jugar.

II
Mi abuelo decía - El último tren de Tetuán



Para qué quiero salir a la calle si tengo el sol en la terraza desde donde veo el primer espigón que me trae el recuerdo de la tarde más triste; las rocas cortaron la cuerda que nos unía, a pesar de que me comías a besos y que me amaste cuando no me querías. Desde el espigón, a lo alto, mirábamos el túnel que viera pasar el tren de Tetuán en el taró que retaba al sol árido de agosto y vio la última guerra. A pesar de que la corrupción arrasaba a burócratas y militares, estudios minuciosos de las cuentas lo delatan, los tetuaníes guardan un recuerdo místico, sincero en su paternalismo desmesurado, de los españoles, quizás fuera porque estos carecían del orgullo de pertenecer a una civilización superior de los franceses que se quedaron con la parte más grande, culta y pacífica del Protectorado. Aunque también hubieron que vérselas con Abdelkrim y sus rifeños sanguinarios, en la toma de Fez.

Mis abuelos fueron a Tetuán en su viaje de novios, él, casi con toda seguridad, visitaría el cementerio judío y rezaría en la memoria de sus mayores, sus apellidos; Barrionuevo Toledo le delatan, sus abuelos quizás eran sefarditas, llegué a conocer a mi bisabuela que parió 16 hijos y estaba prematuramente envejecida, era católica, ella se dejaría llevar, quería que así fuera. Entonces sería antigua y casi culta, conocía todas las canciones populares y todo los refranes, lejos de la amargura para siempre que 33 años después le dejaría la muerte de su hijo pequeño que no tenía más que 18 años, el amor perdió a su mensajero que trabajaba en una de las tiendas de comestibles del barrio.

Mi abuelo decía que lo más grande era ser español como Ricardo Zamora y después ser de Abyla y católico, aunque solo iba a los bautizos y a las misas de difunto, y el 16 de junio a la procesión de la Virgen del Carmen, ya que era contraguía en la procesión de la patrona de los pescadores, aunque no se embarcaba, temía a la mar aunque vivía de ella; compraba el costo, en el que no faltaban el café, la leche y las galletas, y lo llevaba a varios barcos que le obsequiaban con media parte.

Mi abuelo amaba el fútbol, en un principio era del Atlético de Tetuán, no dejaba de narrar sus hazañas, con los ojos llorosos y encendidos, del año que estuvo en la primera división española, después fue del Atlético de Ceuta a muerte y, al final de su vida de la Agrupación Deportiva, en un proyecto ilusionante en que era el bardo que cantaba; un equipo de tercera, con plantilla de segunda y juego de primera, aquel hombre bueno, manso y culto dominado por el carácter amargo de su mujer, se convertía en el hincha más fervoroso del Ceuta, del que era empleado, llevando café en el descanso y alguna pomada al final del partido para aliviar los dolores que provocaban las patadas. Mi abuelo será feliz porque su querida Agrupación ha vuelto a subir a segunda después de una presencia efímera en ella hace 45 años.

Mi abuelo decía que no había naufragio como el del 12 de diciembre de 1948, hasta entonces era panadero y empezó a tener un miedo patológico a la mar, ese mismo mar al que consagró su vida desde entonces.
Vieja estación






Ahora sufro en los lugares donde solía jugar.
(Leonard Cohen - Variación F. E. León)

Vientos de soledad en la mañana
y en el andén espera
la sombra del amor que acaso fuiste,
se me escapó tu huella en el espejo
y no te reconozco,
y no sé cómo hablarte.

Como si fueras otra me recuerdas
al silencio que canta
en los versos que pierden la cadencia
cuando emergen del alma desprendidos
por un tibio calor que ya no sienten.

En la vieja estación rota y vacía
que no tiene cuadrantes de destinos
he pasado la tarde
con los bancos gastados
y un reloj sin agujas que se duerme
en el rumor del tren que nunca pasa,
en los besos errantes
que perdieron el norte en el camino
y forjaron la nube de tu ausencia.

Aranjuez está lejos,
los trigales se visten de verano
y los ecos torcidos se derraman
en un torpe cuaderno
que no arrastra mi nombre por tus venas,
que no arrebata un lazo en tus esquinas.

En el rincón de sombras impregnado
por la grave caricia de tu rostro,
por la larga madeja sin memoria
de los recuerdos quietos que se mueven
está mi corazón llorando triste,
pensando en los senderos perseguidos
que arrastrarán los nombres
de los bellos amantes desolados
que algún día tuvieron
la sonrisa despierta de la aurora,
la mirada de luz que yo he perdido.

sábado, 24 de mayo de 2025

A Morgana de Palacios (Plegaria)

 

Nada ni nadie es la poesía.
(Joan Margarit)

y destroza a pedradas
el castillo de arena y cicatrices
que a diario restauras
en alguna bahía de mi olvido.
(Katy Parra – Coma idílico).




Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,
ni en la voz cavernosa de Tom Waits
diciendo que sin ti
no existe la primavera,
ni en la mirada que arrancara su latido.

No está en la plegaria que cubrió tus ojos
con la melodía desenfrenada
de Patti Smith
cuando añora,
en medio de un sueño,
la ausencia perdida en el llanto de su madre.



Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,
ni en la última huella de Jim Morrison
en los versos procelosos
que no escribió en París,
ni en la mirada abstracta
de los fríos calcetines de Pavese,
ni en la voz niña y triste de una violeta enamorada,
ni en los besos que aún permanecen en tu boca,
nada ni nadie sabe dónde está la poesía,
adónde van las palabras que nunca se dijeron
y siguen esparcidas en el aire que abrazas,
adónde los pasos que siempre me conducen
del puerto hacia la niebla
donde brota la herida que nunca acaba,
donde habita tu rostro,
donde espera
el vestido que llevaste en la aurora,
la huella de la cruz de tu mirada,
el miércoles de ceniza que se posó en mi frente.


A Enrique Sanmol

Evitamos el frío con más frío
la intemperie con unos pocos versos.
Si no sabes por qué,
nunca podrás salvarte.
(Enrique Sanmol - Contra el frío)


Nos queda la música de Cohen
cuando se arrastra
y el tren que perdimos sin saberlo.

Quizás sea un sentimental y, por ello,
me emocione lo que al hombre de la calle
quizás le produzca risas,
pero ahí estás tú que insistes
en la inmortalidad efímera de tus mitos.
Ya sabes, en una mano una pistola
y en la otra una rosa,
el estupor tierno de Janis
después de una mamada
con el pelo enmarañado
en las paredes
y un poco de poesía.

Vuelvo a ese adiós que fue y nunca nos dijeron,
a las bragas desgarradas
en la habitación errática del olvido.

(27 de agosto de 2024 (

viernes, 23 de mayo de 2025

La soledad de Tom Doniphon ante el amor

 Ella me habrá olvidado llevándose 

en sus alas 

la flor de mi recuerdo, 

la huella de su piel y su vestido.


No sabrá siquiera de la tristeza 

que hace brotar 

tanta desesperanza, 

tantas notas que se clavan en mis ojos

y me hacen sentir el último tango 

como si lo escuchara por primera vez 

en cada encuentro

tormentoso con las sombras,

en cada árbol que sufre 

su ausencia en el camino.


Ya no siento el calor 

verde de este poema,

de esta escena extraviada

que no tiene 

otro destino 

que el desencuentro 

mórbido con la muerte,

la melancolía

de Tom Doniphon ante el amor.

 

No puedo decir que esperara

su misterio

aunque sea la causa de la tristeza 

que me impide ver su rostro 

en la oscuridad 

de los salones 

perdidos en su memoria, 

sus brazos de terciopelo azul

en una butaca marcada  

para siempre con un gemido

que llega

como una niña de ayer

que aún no sabe expresarse

y llora su incomprensión

ante un mundo que hiere 

y no conoce todavía. 


No puedo atravesar el aire 

que respiramos 

entre las caricias y la linterna 

que centellean entre el humo 

y las cenizas

rasgados por los labios del silencio

que no puede desgajarse 

de mi mente, 

que me acosa y me derriba. 


El ardor se estremecía en una ciudad 

que ya no tenía destino

ni dirección 

para la remembranza sentida 

de un amante desconcertado

que lloraba 

la soledad sin tregua de su desierto.

 

Los carteles proyectados en la nada, 

en un muro que no miraba nadie, 

parecían presagiar 

el dolor afligido

de una calle solitaria 

a las cuatro de la tarde 

de un verano somnoliento, 

arrasado por el calor de las cuestas 

que nos hablaban 

de las cruces quejumbrosas de un calvario, 

de la terribilitá ferviente en los escombros 

de un ángel 

que se rebela contra la muerte y el olvido,

contra una muchacha de luz

que no supo esperarme

y vuelve a mis orillas

cada vez que me enfrento con la soledad del mar. 


domingo, 18 de mayo de 2025

El Ventoux


 ¡Cuántas veces te llevé en el recuerdo
de la colina silenciosa!
Siento la soledad de Pavese sin tu luz,
sin tus alas,
la sombra de la noche que muere
en el aullido del puerto,
en esos labios que ya no quieren besarme,
en esa falda abierta en el camino.

Ya no me amas, lo sé y me atormenta,
soy un niño perdido y resquebrajado
que no conoce a nadie,
que llora por las arterias
que miden lo perdido
en la soledad de un poema
soy un verso cansado en el desvelo,
una queja de amor que se resiente
en la hora del dolor que penetra en la sombra,
en el nombre de tu rostro,
una línea que insiste
en las mismas palabras que me hieren,
soy el perro asustado
que se siente abandonado por su dueña,
la soledad del hombre en el olvido,
la agonía de un ciclista en las rampas
del Ventoux implacable y caluroso
que ya no siente tu huella
y vuelve a los escombros
desgajados de mi noche.

¡ Cuántas veces te llevé en el recuerdo
de la colina silenciosa!
¡Cuántas veces te amé sin haberte conocido!
¡Cuántas veces corté aquella flor para ti!

El amor y la muerte sienten la misma rima,
la sed de unos ojos
que ya no quieren mirarme,
el grito del painico atrapado en el lazo,
el llanto apagado en una zarza ardiente,
la muñeca con los brazos de Venus
que busca la soledad de tu vestido,
el tejado sin vuelo,
la marca inmensurable de tu alma dormida,
la sábana cruel de tu venganza,
la llaga procelosa de tu olvido.

domingo, 16 de febrero de 2025

Corazón mío, esta noche

 Simplemente a Laura, por su amor inmenso tan ciego y desordenado que hizo que me viera en el fondo del abismo. Ella me mató con su silencio, luego me devolvió la vida con su canto.



Corazón mío, esta noche quisiera pensar
en los viejos barcos anclados en el puerto,
en la estrella de antaño que permanece azul,
en la soledad que corre por mis venas,
en aquellos errores,
¡Qué desastre, dios mío, qué caída en silencio¡

Y tú siempre esperabas
la magia de su rostro,
el ritmo de su paso.

Tú que esperabas siempre
la llegada de aquella que nunca apareció,
soñabas mientras soñabas.

No fui muy despierto y pagué por cada rosa
desvelada o exiliada, y pagué por cada sueño.
Yo no era su amante, sino su payaso herido,
parecía decirme todo, y tú no lo escuchabas.

Ahora tengo que mirarme en otro espejo
para no manchar la huella de tu esperanza,
para no quebrar la corona que entonces
adornara tu frente.

Versión definitiva de "Corazón mío, esta noche:

Corazón mío,
esta noche quisiera yo pensar
en los vetustos barcos anclados en el puerto,
en la estrella de antaño que permanece azul,
en la soledad turbia que recorre
el cuerpo de mis venas,
en aquellos errores...
¡Qué desastre, Dios mío, qué caída en silencio¡

Y tú siempre anhelabas despejar los enjambres
que empañan los diciembres en mi alcoba,
la magia de su rostro
y el ritmo de ese paso que no brilla
y hundiste en el destino de un templo profanado.

Tú, que esperabas siempre
la llegada de aquella
que nunca apareció,
morías mientras soñabas en tu desvelo.

No fuiste muy despierto, pagaste cada rosa
fugitiva, exiliada,
compraste con amor cada caricia.

Yo ya no era su amante
parecía decirme todo con la mirada oscura
de los cuervos con traje, y tú no lo escuchabas
sintiéndote el payaso sin gracia de los cuentos,
el héroe vencido de una triste función.

Ahora tengo
que mirarme en el mar de los espejos
que cayeron en tus rodillas,
vender en las esquinas la huella de su olvido
para nunca manchar el dolor de tu esperanza,
ni quebrar la corona del laurel disecado
que adornara tu frente y me llevó a la muerte
de un maduro olvidado por los sueños.

martes, 17 de diciembre de 2024

Alfonsina y el mar


 

Por quién doblan las campanas



Creo que fue John Ford quien dijo que no había ninguna fórmula para alcanzar el éxito con una película pero había una en la que siempre se fracasaba; intentar satisfacer a todo el mundo.
No soy partidario de fragmentar una obra, pienso en la amargura de Mankiewicz con la hora y media de Cleopatra arrojada al cubo de la basura cuando empezaba a recuperarse del desasosiego que le habían provocado Liz Taylor (con grave enfermedad por medio que precisó de una traqueotomía) y Richard Burton con el inicio de su tempestuosa relación regada de alcohol y reconciliaciones, el divorcio de Welles con Hollywood después de rodar solo tres películas, por que reivindicaba la intervención del artista en todo el proceso de la obra hasta que llegara al público, la agonía interminable de Peckinpah que, posiblemente, no pudo rodar ni montar una sola película tal como lo hubiera deseado y acabó teniendo todas las noches la pesadilla de que se acercaba la productora con el reloj y las tijeras abiertas en la mano, el retiro temprano de Billy Wilder, cuando aún era un viejo lleno de vida que tenía muchas cosas que contar, por el fracaso económico de su última aportación a la leyenda.

Como si lo que escribo tuviera alguna importancia, la tiene para tres o cuatro amigos, el motivo por el que he roto lo que es mi visión sobre este asunto tiene que ver más con el azar que con razones de índole creativa; sin saber el momento ni el por qué me he convertido en un escritor de pies de página, mantengo a través de ellos un precario equilibrio entre lo que soy y lo que hubiera querido ser, suelo hablar mucho de un medio que me neutraliza, que tiene el mismo efecto que la voz en off, intenta objetivar lo que no tiene remedio en la proclividad hacia la aserción del pequeño burgués que surgió de la pesadilla de la Tercera Revolución Industrial.

Un compañero de un Foro al que le había gustado el poema "Lluvia de primavera" me indicó amablemente que no entendía la extensión excesiva de la última estrofa, decidí, vamos a convenir que quizás equivocadamente, dejarla como estaba después de releerla varias veces y no encontrar el sitio adecuado para dar el corte.

Posiblemente porque no tengo vocación de poeta, no suelo irritarme mucho cuando se me corrige o se me hace alguna observación, no veo que se resienta una seguridad, que por otro lado no tengo, cuando se me indica que la cosa puede mejorar con unos retoques leves; he modificado algunos versos cuando las indicaciones de los compañeros me parecían pertinentes y las he agradecido con sinceridad, aunque es posible que no me creyeran, y si no pude dormir alguna de esas noches habría sido por problemas de conciencia o mi niñez de católico que cree todo lo que le dicen. Pero otras veces, como ésta me he mantenido en mis errores, considero que mis problemas no radican en una sílaba de más o menos, o en la precisa colocación de los acentos, o en la búsqueda de una palabra adecuada. Admito que Kubrik cuide hasta el último detalle con una obsesión enfermiza pero siento una debilidad irracional por la pasión agónica de Fassbinder o el vitalismo irrefrenable Huston.

Creo que "Por quién doblan las campanas" es una película sensiblemente mejor de lo que nos suelen decir, sé que decepcionó a la crítica cuando al fin se pudo estrenar en España tras la muerte de Franco y que se ensañaron especialmente con el director, Sam Wood, que era un excelente artesano y con la pareja protagonista; Ingrid Bergman por no parecer una muchacha española que encuentra refugio en un bizarro grupo de luchadores republicanos en la sierra de Gredos, en este caso se pueden entender los reparos, pero en ninguno las hechuras de americano de Gary Cooper, Robert Jordan era como el sabor de una conocida marca de cigarrillos. Además pocas veces se ha dispuesto de un elenco de secundarios tan dispares y exóticos que supieran acometer con tanta eficacia y pasión sus minutos de gloria.

 

viernes, 6 de diciembre de 2024

Diamantino

 



Que se apaguen los firmamentos
y los cielos que se nublen,
que se cubran de rayos y truenos
y las aguas que se turbien.
Que revienten las azucenas
que lo manda un dios terrible,
que está el pueblo llorando de pena
por un hombre bueno y libre.
De la mar vendrán los vientos
que abrirán los temporales,
las semillas de los nuevos tiempos
llega con los vendavales.
En el tiempo de los gigantes
de la lucha por el hombre
tú llegabas con la verdiblanca
por la causa de los pobres.
Levantando por los caminos
Diamantino el horizonte,
la esperanza de los campesinos
dentro de los corazones.

De la mar vendrán los vientos
que abrirán los temporales,
las semillas de los nuevos tiempos
llega con los vendavales,
las semillas de los nuevos tiempos
llega con los vendavales.