lunes, 15 de julio de 2019

Elegía urbana


Estoy segura de que ya nada ahogará mi rima,
durante años he llevado el silencio en la garganta
como una deuda de sacrificio,
pero ha llegado el momento de cantarle
una elegía al pasado.
(Alda Merini - Versión: F. E.León)

1

La ciudad se ha ido alejando de la que conocimos,
las calles no parecen tener el mismo color,
las mismas camisas ofrecidas al viento,
apenas quedan vidrieras en las que reflejar nuestras emociones
y nuestra añoranza de lo que nunca ocurrió,
caminamos entre las cenizas de un pensamiento
que no llegamos nunca a poseer,
entre árboles extraños que perdieron sus raíces
y ya no distinguen 
las sombras de los geranios blancos
que reman lentas en la tarde
de los estantes que arañan el antiguo resplandor
de la huella de Camus sobre los adoquines
plegada en el papel que nunca llegué a enviarte.

Unos besos atravesados que se ocultan en las ramas 
de las arterias caídas que sufren las direcciones de los puentes 
me recuerdan
que los amantes que fuimos se fueron a buscar otra soledad 
cuya penetrante melancolía 
se derrama en la mirada oscura de los himnos elegíacos
que no encuentran unos labios para que vuelvan 
a ser besados en la túnica abierta 
de los paseos cenicientos que los sauces aroman,
para que puedan entonar en el pasado una palabra de amor 
que ahogue un largo poema de resentimiento
en la tarde más triste adonde huía el invierno más cruel.

He prendido una herida - 12 de junio de 2019


He prendido una herida que recuerda tu nombre en la playa,
he bajado a las arenas y oigo el rumor del muro
en la rendija donde anidan los vencejos
y el clamor de tu paso alborota el agua que golpea en las rocas
y penetra en el muelle que solo conserva una hilera 
tortuosa que muestra la fragilidad de un costado invadido.

Vuelvo a un poema perdido en la arena que llega de otro tiempo
como una promesa que no ha perdido el aroma de tu orilla,
al campanario que no volvió a volar, al Vía Crucis
que impregnaba de dolor cada derrumbe en el camino
y arrancaba la espina de cada pensamiento  
cuando vivir era un pecado,
un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,
el estigma de un amor que nunca abandonó el temblor de tu pecho
ni el bálsamo de luz que turbaba en tu mirada.




He prendido una herida que recuerda tu nombre en la playa,
he bajado a las arenas y oigo el rumor del muro
en la rendija donde anidan los vencejos
y el clamor de tu paso alborota el agua 
que golpea en los riscos
y penetra en el muelle que  conserva solo una hilada
tortuosa que muestra 
la fragilidad de un costado invadido
por la memoria acordonada que no llegará a la orilla

Vuelvo a un poema perdido en la arena que llega de otro tiempo
como una promesa que no ha perdido el perfume 
de tu procesión callada y dolorosa,
al campanario que no volvió a volar, al Vía Crucis
que impregnaba de dolor cada derrumbe en el camino
y arrancaba la espina de cada pensamiento  
cuando vivir era un pecado,
un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,
el estigma de un amor que nunca abandonó el temblor de tu pecho
ni el bálsamo de luz que me turbaba en tu mirada.



He prendido una herida que recuerda tu nombre en la playa,
he bajado a las arenas y oigo el rumor del muro
en la rendija donde anidan los vencejos
y el clamor de tu paso alborota el agua 
que golpea en los riscos limosos
y penetra en el muelle que  conserva solo una hilada
tortuosa que muestra 
la fragilidad de un costado invadido
por la memoria acordonada que no llegará a la orilla

Vuelvo a un poema perdido en la arena que llega de otro tiempo
como una promesa que no ha perdido el aliento
de tu procesión callada y dolorosa,
al campanario que no volvió a volar, al Vía Crucis
que impregnaba de dolor cada derrumbe en el camino
y arrancaba la espina de cada pensamiento  
cuando vivir era un pecado,
un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,
el estigma de un amor que nunca abandonó el temblor de tu pecho
ni el bálsamo de luz que me turbaba en tu mirada.



domingo, 14 de julio de 2019

Recuerdo de Lady Day





Te diré que te quiero;

nunca llegó el olvido

al corazón que aguarda y no tiene esperanza.


(Conversaciones con Laura - 17 de mayo)


Solo puedo acercarme a ti para volver al silencio
y decirte
que eres la dirección  que perdieron las flores de la esperanza,
que tus velas se pliegan ante cualquier sonrisa,
que no puedes volver a otro paso que guarde 
la frialdad de un requiebro sin norte ni caricia
hundido en la humedad de una almohada, 
que  tu maleta encalló en el armario de los rieles del olvido,
y tu carmín se deshace en las fuentes ahogadas
de otra melodía 
donde fluyen la penumbra y el pesar de los escombros.

Ahora eres un poema cubierto por las hojas,
una energía amortajada 
que vaga en los andenes de los pasajes oscuros
con un llanto desesperado 
porque has perdido la llama oscura de los puertos
donde aún tiemblan las llagas escondidas
cuando cae tu voz en los dominios 
descontrolados y perversos del humo de la noche.

Aún sostengo tu acento brotando en la cadencia
profunda y transparente 
del fraseo que hierve en cada quiebro afligido, 
aún  espero que vuelvas desde ningún lugar.

He buscado tu sombra en el suelo de los parques,
en el rincón de los rastrojos
 que juntos recorrimos con el alma estremecida,
con el vestido que aún vibra en la escena que muere
tierna entre tus labios, el bolso y la linterna.

Elegía urbana

Estoy segura de que ya nada ahogará mi rima,
durante años he llevado el silencio en la garganta
como una deuda de sacrificio,
pero ha llegado el momento de cantarle
al pasado una elegía.
(Alda Merini)

1

La ciudad se ha ido alejando de la que conocimos,
las calles no parecen tener el mismo color,
las mismas camisas
apenas quedan vidrieras en las que mirar nuestros delirios,
caminamos entre las cenizas de un pensamiento
que no llegamos nunca a poseer,
entre árboles extraños que perdieron sus raíces
y ya no distinguen 
las sombras de los geranios blancos
de los escaparates que acarician el antiguo resplandor
de la huella de Camus sobre los adoquines
plegados en el papel que nunca llegué a enviarte.

Unos besos atravesados que se ocultan en las ramas 
de las arterias caídas me recuerdan
que los amantes se fueron a buscar otra soledad 
cuya tristeza 
se refleja en la mirada de los himnos elegíacos
que no encuentran unos labios para que vuelvan 
a besarlos en la túnica abierta de los puertos
y puedan en el pasado escribir una palabra de amor 
que ahogue un largo poema de resentimiento.

Pasa el tiempo 23 de julio- 28 julio (3)

Pasa el tiempo en tu sonrisa y vuelves a los espejos
de los troncos
caídos en la acera estrecha de las citas
y vuelves a las alas
de la cometa azul que se enreda con la noche
y refleja  la caricia de tu rostro en los mares.

Nadie podrá decirte que no preguntaras
por lo perdido
con el  corazón que latía en los labios del intento,
en el balcón donde colgaba el flujo de los geranios.

Nadie podrá negar que cruzaras las nubes solitarias
con tu blusa anudada en la  cintura,
que abrazaras el culto 
de una mirada penetrante en el silencio 
e inundaras con arrojo y con caricias la lágrima de la rosa perdida
en el interior del viento de una derrota inconsolable.

Sigues en mis  anhelos 
con tu vuelo en mi brazos, el candor en las mejillas
y en mi  mirada enciendes 
la sombra cineraria de los héroes marchitos
que no encontraron el canto en mi corazón de viajero.

Sigues en mi memoria moviendo los instantes
con el trago doloroso
del primer verso en el que te buscaba 
y por el que sufro y me detengo en tu imagen
cada vez que lo escribo en tus labios todavía.

***

Pasa el tiempo  y vuelve tu sonrisa a los espejos
de los troncos
caídos en la acera estrecha de las citas
y vuelven las alas
de la cometa azul que se enreda con la noche
y refleja  la caricia de tu rostro en la bruma de los mares.

Nadie podrá decirte que no preguntaras
por lo perdido
con el  corazón que latía en los labios del intento
en el balcón donde colgaba el flujo de los geranios.

Nadie podrá negar que cruzaras las nubes solitarias
con tu blusa anudada en la  cintura,
que abrazaras el culto 
de una mirada penetrante en el silencio 
e inundaras con arrojo la lágrima de la rosa perdida
en el interior del viento de una derrota inconsolable.


Sigues en mis  anhelos 
con tu vuelo en mi brazos, el candor en las mejillas
y enciendes en mi  mirada  
la sombra cineraria de los héroes marchitos
que no encontraron el canto en mi corazón de viajero.

Sigues en mi memoria moviendo los instantes
con el trago doloroso
del primer verso que te buscaba 
sufro ese momento como si fuera tuyo
 y me detengo en tu imagen
cada vez que lo escribo en tus labios todavía.

***

Pasa el tiempo  y vuelve tu sonrisa a los espejos
de los troncos
caídos en la estrecha acera de las citas
y vuelven las alas
de la cometa azul que se enreda con la noche
y refleja  la caricia de tu rostro en la bruma de los mares.

Nadie podrá decirte que no preguntaras
por lo perdido
con el  corazón que latía en los labios del intento
en el balcón donde colgaba el flujo de los geranios.

Nadie podrá negar que cruzaras las nubes solitarias
con tu blusa anudada en la  cintura,
que abrazaras el culto 
de una mirada penetrante en el silencio 
e inundaras con arrojo la lágrima de la rosa perdida
en el interior de los vientos de una derrota inconsolable.

Sigues en mis  anhelos 
con tu vuelo en mi brazos, el candor en las mejillas
y enciendes en mi  mirada  
la sombra cineraria de los héroes marchitos
que no encontraron el canto en mi corazón de viajero.

Sigues en mi memoria moviendo los instantes
con el trago doloroso
del primer verso que buscaba tu mirada y tu libreta, 
sufro ese momento como si fuera tuyo
 y me detengo en tu imagen
cada vez que lo escribo en tus labios todavía.

He prendido una herida

He prendido una herida que recuerda tu nombre en la playa,
he bajado a las arenas y oigo el rumor del muro
en la rendija donde anidan los vencejos
y el clamor de tu paso alborota el agua que golpea en las rocas
y penetra en el muelle que solo conserva una hilera 
tormentosa que muestra la fragilidad de un costado invadido.

Vuelvo a un poema perdido en la arena que llega de otro tiempo,
al campanario que no volvió a volar, al Vía Crucis
que impregnaba de dolor cada derrumbe en el camino
y te llevaba la espina de cada pensamiento  
cuando vivir era un pecado,
un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,
el estigma de un amor que nunca abandonó el temblor de tu pecho
ni el bálsamo de luz que turbaba en tu mirada.

Te escribiré mis deseos

Te escribiré  mis deseos en pétalos vencidos
 cuando se apague el resplandor de la antigua ventana
y vuelva la soledad de los recuerdos en la brisa,
cuando aparezca en tu cuaderno
la proclama que hierve en la frente de un profeta
abandonado en el misterio de una playa,
el paso de los amantes que fuimos
y envuelven en una queja la canción de las farolas
acogiendo en un discurso los nocturnos de los huecos,
 una mirada oscura que nos busca en la techumbre
 de un Pierrot apasionado, 
de un mártir que se emociona con un llanto de guitarra.


***


Te escribiré  mis deseos en tus pétalos caídos
 cuando se apague el resplandor de la antigua ventana
y vuelva la soledad en los recuerdos de la brisa,
cuando aparezca en tu cuaderno
la proclama que hierve en la frente de un profeta
abandonado y muerto 
en el misterio corrompido de una violenta playa,
cuando midan las luciérnagas

el paso de los amantes desangrados
que envuelven en una queja polvorienta 
el pulso de las farolas
acogiendo en una prédica angustiada
los nocturnos de los huecos
de una mirada oscura que nos busca en la techumbre
 de un Pierrot sonriente y apasionado, 
de un mártir que se emociona con la gravedad de una pluma,
con la mirada de una gacela herida detrás de unas rejas,
con un llanto desnudo a los pies de una guitarra disfrazada.

viernes, 12 de julio de 2019

Cuando llegue el corazón perdido de la noche - 12 de julio de 2019

Cuando llegue el corazón perdido de la noche
te preguntaré si queda un beso para que te recuerde, 
para saber cómo llamarte 
en la oscuridad profunda que se anuda a los árboles
cuando tiembla en los pasillos el alma de los  pájaros
que perdieron las notas,
para llevarte el amor de una  ciudad abandonada
y escribir una canción en una enredadera
que recuerde una caricia sobre un muro derruido
con la presencia de un nombre que nunca sabré borrar.