domingo, 1 de marzo de 2015

Ya no mueren los labios



Ya no mueren los labios lejanos que tuviste
en el rubor sin rostro de una lágrima amarga
que cae en el espejo
de una fragancia muerta, de una esperanza herida.

He perdido tu gracia, el ritmo de tus brazos,
los libros que guardabas en el desván del viento,
tengo sangre en las alas
y el corazón perdido,
una corona triste que insiste en los reflejos
de aquellos versos largos que huyeron de mi frente.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.