viernes, 26 de mayo de 2017

La niebla





Después del silencio se derrama tu voz
en una canción alegre hundida en la tristeza ,
no queda una elegía que haga renacer
los sentimientos rotos, no queda una palabra
para evocar las notas transidas de dolor,
de puente,  de excesos, de corazón, de manos, 
de orgullo y agonía.
                                                          
En el martirio de tus dudas te sumerges
en ese mar de ginebra que se agita sin norte
en la mano que tiembla en el cristal,
en los labios pintados que procesionan en el pasillo.

El amor no aparece con su sonrisa extraña
rellenando los huecos de unos párpados que lloran
mientras el mundo se inclina en otra dirección
que no tiende sus lazos,
que no retienes, se difumina y te abandona.

Vives el desconcierto, flirteas con las pastillas,
mueres en la amargura con el tono marchito
de quien siente que su tren se perdió en alguna parte
en los raíles sin espejo de una metáfora sentida
donde yacen los versos de luz
que huyeron hacia el oeste donde duermen los dioses
que abrazan el ocaso,
y una sombra que estrecha su figura contra tu cabeza
  susurra lo cerca que se halla la salida.

¡No sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera en la soledad de la isla,
ni  cuántas recité a Ginsberg acariciando
en su aullido iconoclasta
 la ternura de tu rostro de ninfa enajenada!

Ahora miro tu cuerpo abandonado en la niebla
que desprendían aquellos ojos cerrados al mañana.

(14 de junio de 2015)

2 comentarios:

  1. Un lujo este poema Enrique, lo he leído unas cuantas veces y al leerlo he pensado que podía ser dedicado a la cantante maravillosa Amy Winehouse ( le he tenido que preguntar a mi hija como se escribía, jajaja).
    Bello y triste, donde se trasluce la muerte como fondo y el recuerdo del poeta que lo adorna con su mágica forma de hacer poesía.
    Un placer Enrique.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Podría haber sido perfectamente Amy Winehouse, Elda, pero me refiero a Marilyn Monroe. Te enviaré el capítulo entero, siete poemas que escribí después de leer Fragmentos, un libro que recogía los poemas y las anotaciones que Marilyn había ido escribiendo durante buena parte de su vida. Despué de un par de años acabé dos poemas ahora; me encanta añadir versos pero eliminarlos me resulta doloroso, pero, a veces, no encuentro otra solución.

      Un abrazo, Elda, he grabado algunos poemas como me dijiste, me da un poco de vergüenza, si me atrevo te los envío. Si vamos a Madrid a Madrid tenemos que volver a vernos e ir al Galileo.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.