Siempre es un buen momento para mirar atrás, Pilar. No sé
adónde habrá ido a parar el día, la hora en que lo dejé, pero sé que no volveré
a sentir las emociones de los primeros momentos en este foro, una de las que
mejor recuerdo vino dada por un estado de ánimo bastante exaltado por mi parte
y la interpretación que le di a un comentario tuyo, vamos a reconocer que no
demasiado afortunado y un poco desconcertante. Por suerte recurrí a una prudencia de la que no iba
sobrado y te envié un mensaje privado, en vez de público, para expresarte mi
desacuerdo con lo que habías dicho. Después vino una buena relación de la que
siempre me alegraré; Miquel Martí i Pol, Joaquín Sabina, el sentido de la
poesía en nuestras vidas... Quizás no lo recuerdes, yo me acuerdo aún, se me
vienen a la mente otros compañeros. ¿Puede explicarse que recibir un comentario
por parte de un desconocido pueda acelerarte el pulso más de lo que el
Cervantes probablemente lo haya hecho con el de Juan Goytisolo?
Amy
Winehouse iba muriéndose en una isla de palabras que habían naufragado entre sus labios y el recuerdo del amor y para mí seguía
siendo una mujer de una sola canción. Esta equivocación me recuerda la
inconsistencia con la que nos conducimos en nuestros tiempos, podemos encontrar
lo que deseemos con un solo click, y rara vez lo hacemos para intentar saber quién está detrás de la máscara que gime. Había
tenido la oportunidad de compartir las horas con una leyenda y no supe ponerme
en contacto con ella mientras respiraba, mientras arrastraba su dolor por los
escenarios.
El punto de inflexión para acercarme a ella fueron unas
imágenes patéticas que nos llegaron desde Belgrado, Amy, en un estado de
ebriedad lamentable, intentaba cantar y no podía, tropezaba con todo, se castigaba
en un esfuerzo vano por cubrir el expediente y se sentía como un pez temblando
bajo el sol sobre la arena de mi playa. No recuerdo si fui bueno para llorar
por su caída o por la presencia en sus ojos de la muerte. Tenía miedo y perdida la mirada, cuando quise buscarla ya no estaba para decirme que viviera intensamente la independencia dorada del anonimato.
A Jaume Gimbert, cantaba por bulerías y me enseñó que cualquier noche puede salir el sol.
Me cuesta imaginarte ausente para siempre. Se me agolpan tantos recuerdos tuyos que no dejan lugar a la tristeza y, sin tenerte, te vivo intensamente. No quiero hablarte con voz melancólica, tu muerte no me quema las entrañas, ni me angustia, ni me quita la alegría de vivir; me duele saber que ya no podremos compartir el pan o hacernos compañía; pero en ese dolor hallo las fuerzas para escribir estas palabras y recordarte. Me empeño en crecer con más tesón que nunca sabiendo que conmigo tú lo haces: proyectos, ilusiones, deseos, alzan el vuelo contigo y por ti, por muy lejos que de ti estén, y contigo y por ti sueño cumplirlos. Te me haces presente en las cosas pequeñas y es en ellas que pienso en ti y te evoco, seguro como nunca de que la única esperanza de sobrevivir es amar con bastante fuerza para transformar lo que hacemos en vida y sostener la esperanza y la belleza. Tú ya no estás y florecerán las rosas, madurarán los trigos y quizás el viento desvele las ocultas melodías; tú ya no estás y ahora pasa el tiempo entre el recuerdo tuyo que me arrulla, y aquel empeño, que tan bien conoces, en resistir cuando nada nos alienta. Pienso en ti con ternura desde estas palabras mientras con suavidad cae la tarde. Todos los colores proclaman una vida nueva que yo vivo, y en ti se me representa vibrante y armoniosa de una manera extraña. No volverás jamás, pero perduras en las cosas y en mí de tal manera que me cuesta imaginarte ausente para siempre.
A Jaume Gimbert, cantaba por bulerías y me enseñó que cualquier noche puede salir el sol.
Me cuesta imaginarte ausente para siempre. Se me agolpan tantos recuerdos tuyos que no dejan lugar a la tristeza, y, sin tenerte, te vivo intensamente.
No quiero hablarte con voz melancólica: tu muerte no me quema las entrañas, ni me angustia, ni me quita la alegría de vivir. Me duele saber que ya no podremos compartir el pan o hacernos compañía; pero en ese dolor hallo fuerzas para escribir estas palabras y recordarte.
Me empeño en crecer con más tesón que nunca, sabiendo que conmigo tú lo haces: proyectos, ilusiones, deseos, alzan el vuelo contigo y por ti, por muy lejos que de ti estén, y contigo y por ti sueño cumplirlos.
Te me haces presente en las cosas pequeñas, y es en ellas que pienso en ti y te evoco, seguro como nunca de que la única esperanza de sobrevivir es amar con suficiente fuerza para transformar lo que hacemos en vida, y sostener la esperanza y la belleza.
Tú ya no estás y florecerán las rosas, madurarán los trigos y quizás el viento desvele las ocultas melodías. Tú ya no estás y ahora pasa el tiempo entre el recuerdo tuyo que me arrulla y aquel empeño que tan bien conoces en resistir cuando nada nos alienta.
Pienso en ti con ternura desde estas palabras mientras cae suavemente la tarde. Todos los colores proclaman una vida nueva que yo vivo, y en ti se representa vibrante y armoniosa de una manera extraña.
No volverás jamás, pero perduras en las cosas y en mí de tal manera que me cuesta imaginarte ausente para siempre.
Quisiera ser libre y diverso como el aire. (Miquel Martí i Pol)
Me entristece un tanto comprobar que Serrat cuando canta en catalán es
un gran desconocido incluso para sus seguidores más fervientes cuando en
su época dorada, la que cubre la segunda mitad de los sesenta y la
primera de los setenta, no había diferencia cualitativa entre lo que
hacía en un idioma y otro. Quiero detenerme en dos canciones dylanianas,
Serrat salió airoso de semejante empresa. M'en vaig a peu y Quasi
una dona, en la primera defiende al primer Dylan, ese que había
percibido que la música esta cambiando y que modernizaba con singular
acierto en el folk el legado de sus ídolos Woody Guthrie y Hank
Williams, aportando un perfil romántico del que estos carecían con la
guitarra al hombro y sin saber adónde ir.
En la segunda es indisimulada
su conexión con Just like a woman con la que rivaliza en ternura y
desconcierto. Es casi una mujer pero llora como una niña.
Siempre tuve una especial predilección por "Para piel de
Manzana", quizás no sea el disco de Serrat que más me guste, creo que me
decantaría por su antológico homenaje a Antonio Machado, pero no puedo
olvidar que fue el primer trabajo de Serrat del que tuve un consciencia
plena de su aparición, del que fui desgranando una perspectiva propia a
medida que escuchaba unas creaciones que apenas unos meses antes no
existían y que ya no tendrían otro recuerdo que verme paseando por la
Plaza de África llevando en la cabeza un destello de amor, las palabras
de un profeta urbano que intentaba conciliar los edificios con la herida
de los vientos. Hay un placer difícil de definir en saberse uno
partícipe de un estreno a diario mientras esperas que la vida cambie y
que vuelvan las rosas aunque tengan espinas, de saber que conservará
siempre prendido en la memoria ese tiempo en el que aprendimos a vivir y
estará acompañado por unas melodías, por unos versos entrecortados para
adaptarse a una música.
No hace mucho supe los problemas de producción y promoción que
tuvo este excelente disco a causa del exilio mexicano de Serrat en los
últimos estertores de una dictadura odiosa, como suelen serlo todas sin
distinguir las sombras ideológicas en las que se sustentan y justifican
el disparate de perderse en un único camino. Para mí no tiene una sola
canción que pueda considerarse de relleno y tiene obras maestras de
difícil catalogación, dando muestras de una diversidad que refleja el
fulgor que le alumbraba en esos días; desde el carpe diem para una
muchacha de barrio obrero de "Piel de Manzana", hasta el recuerdo
borroso del bravo abuelo aragonés en "El Carrusel del Furo" o esa rumba
enérgica, pesimista y contagiosa que dedica al currante charnego de
"Caminito de la obra". A Ernesto Cardenal le hace un gran honor al
musicar magistralmente su Epitafio para Joaquín Pasos. Dejamos para el
final La casita blanca, ahí trata el tema de la prostitución como
hiciera antes en la tierna y emocionante "La primera", pero no cuenta
con su participación en primera persona, lo hace como el mero espectador
de un cuadro típico; un prostíbulo que se sirve de mil argucias para
salir adelante y, ya se sabe, a todo le llega su fin. Quizás porque fue
la primera canción que escuché de este disco a través de un programa de
imborrable recuerdo de la frecuencia modulada de Algeciras, le tengo un
cariño especial, no me importa que, quizás, tenga un ritmo excesivamente
lento o que raramente su autor la haya recreado en sus conciertos, es
una de las joyas de Serrat que quedó en un cajón olvidado, pero, con el
paso del tiempo, aquellos que la escuchamos comprobamos que no ha
perdido el resplandor ni la vigencia; siguen abundando los maridos
descontentos que echan mano de las putas en su frustración.
"Para piel de manzana" carece de la comercialidad gratificante y
extraña, en este tipo de música, de Mediterráneo pero presenta menos
fisuras si cabe, como ya he dicho, todas sus canciones tienen algo que
decir, algo por lo que pueden llamar nuestra atención y nos entrega el
corazón de un muchacho apasionado implicado con la vida , referencia
obligada de un país que deseaba dejar atrás un tiempo oscuro y triste
que él supo alumbrar con sus canciones y su sonrisa.
2
Miguel Hernández - Serrat - Umbrío por la pena casi bruno
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Alguna vez leí en alguna parte que una publicación argentina
especializada en música popular había hecho una lista con los mejores
álbumes cantados en castellano y había colocado en primer lugar el de
Serrat dedicado a Miguel Hernández. No puedo sino aplaudirles a los que
hicieron la elección por el buen gusto que tuvieron y pienso que hay
demasiadas razones por las que mucha gente deba opinar así, a pesar de
que me guste más el de Antonio Machado del propio Joan Manuel y Mujeres
de Silvio Rodríguez. Serrat en su mejor momento, rodeado de
colaboradores excepcionales que se escondían en un inmerecido anonimato,
la elección de poemas imprescindibles y otros que, no siéndolo, cobran
en su voz y en su entrega apasionada esa calidad.
Tenemos la suerte de contar con un hombre que nació para ponerle
música a la poesía e interpretarla, se llama Paco Ibáñez, pero Serrat en
los dos discos que he mencionado nos hizo alcanzar unas cumbres de las
que aún no nos hemos bajado.
26/11/2014
Volviendo al tema de los sonetos de Miguel Hernández, es cierto
que, en sus ansias innovadoras, ya se había relacionado con los poetas
los poetas del 27 y conocido sus destellos vanguardistas, no siempre
está afortunado, pero, de la misma forma que cuando analizamos un disco
solemos juzgarlo por el número de obras maestras que contiene y por los
intentos que sin llegar a buen fin nos sugieren que estaban en el buen
camino, pongamos el Álbum blanco de los Beatles como ejemplo, para mí
"El rayo que no cesa" es una obra imprescindible porque, aparte de la
celebradísima "Elegía a Ramón Sijé" tiene algunos de los mejores sonetos
que se hayan escrito en nuestra lengua; "Como el toro he nacido para el
luto", "Umbrío por la pena casi bruno", "Tengo estos huesos hechos a
las penas".
17/01/2013
Francisco Enrique León27 de noviembre de 2014, 0:09
Desconozco, Fanny, como ha podido ocurrir pero se ha borrado tu
comentario (debería haber hablado en primera persona). Me fastidia
mucho, más aún que cuando leo algunas cosas que dije y pienso que no
debería haber dicho aunque me resista a borrarlo. Ha debido ser una más
de mis torpezas. Lo leí anoche y por lo que recuerdo me dabas pie a que
insistiera en un tema que me es especialmente querido, si lo has
conservado me gustaría que lo volvieras a colgar. Ya dije que me gusta
más el disco de Antonio Machado que el de Miguel Hernández, pero
encuentro muy respetable la opinión de aquellos que piensan lo contrario
y sé que tienen argumentos sólidos para defenderlo, cuando lo escuché
por primera vez, puedo estar hablando de 1975, me quedé prendado en
primer lugar por la canción que lo abre "Menos tu vientre", entré de
lleno en la tragedia y la impotencia del poeta con "Las nanas de la
cebolla" y tuve una relación extraña y obsesiva con "La canción última",
aún recuerdo en un cuarto oscuro en la casa de mis padres dándole para
atrás a la cinta del radiocassette para volver a escucharla una vez
había terminado. Pintada. no vacía, pintada está mi casa.
3
La primera estrofa en una canción de Serrat.
Francament
m'hagués agradat molt més
que hagués estat primavera
i que la primera
fóra aquella nina rossa,
prima i pigarda
que cada tarda
pujava amb mi al tramvia
quan el jorn s'endormia.
Francamente
me habría gustado más
que hubiera sido en primavera
y que la primera
fuera aquella niña
pecosa y delgada
que cada tarde
subía conmigo al tranvía
cuando el día se dormía.
Desde que lo encontré en 1971 con Mediterráneo y lo perdí en 1976
con "Para piel de manzana" un disco casi tan bueno como aquél pero
olvidado hasta por muchos de sus incondicionales, tuve a Joan Manuel
Serrat como una de mis referencias como cantante y también como poeta.
Me gustaba tanto que no tuve ningún problema en comprar o pedir que me
grabaran algunos álbumes suyos, no le di mucha importancia a que algunos
de ellos fueran en catalán. Suelo seguir escuchando a Serrat, viene
bien detenerse en lo que dice y como lo dice, comprendo que hubiera
mujeres de un barrio humilde como el mío que lo hubieran querido tener
como hijo, comprendo que más de una muchacha temblara por él cuando lo
viera alejarse con la guitarra al hombro, que pareciera tan cercano, tan
abierto con esa sonrisa un tanto pícara y tan tierna que uno hubiera
querido tenerlo como compañero en una partida de mus y contertulio en
las noches de verano en la puerta adentrándonos en el misterio de una
estrella parpadeando en el cielo azul oscuro.
Esta canción pertenece a "Per el meu amic" (Para mi amigo),
grabado en 1973, sin duda uno de los mejores discos de Serrat. No me
gusta demasiado el tema central de la canción que he elegido para dar fe
de ello, ni como lo trata, cuando intentas ser demasiado sincero y
dices cosas que van en tu contra nadie te acaba creyendo del todo, pero
la música es deliciosa, está empapada por aquella voz que hacía sentir y
la primera es una de las estrofas más hermosas que yo recuerde de toda
la música española.
Yo he tenido una canción diferente de Serrat para cada momento
de mi vida, en éste me emociona una canción de amor tan poco
convencional como Helena. Antes, escuché hasta desgastarlas Temps de
pluja, Piel de Manazana, Cuando me vaya o En Collioure, con Serrat suele
ocurrir lo mismo que con otros grandes, que un tema considerado menor
te llegue tanto como para convertirlo en el que prefieres escuchar
durante un tiempo al acordarte de él.
Es una suerte, Joaquín, que hayamos podido vivir nuestros
primeros años teniendo la música de Serrat como telón de fondo, quizás
él hubiera encontrado soluciones para lograr una sola identidad con
varias lenguas. Creo que ningún cantante ha sido, y es, tan querido en
España como él. Además, nos trajo de una forma magistral y convincente
el recuerdo imperecedero de Antonio Machado y Miguel Hernández.
4
Serrat - La mort de l'avi.
No sé en que estaría pensando aquel crítico de El País
cuando incluyó este debut de Serrat entre los más horripilantes que se
recuerden en la música española.
Así de pronto veo el desafortunado comienzo de Cecilia y su
llamada a los Beatles para que se volvieran a unir, o la espantosa
versión de Al Alba (su autor, Aute, insistía que era una canción de amor
romántico consagrada a la mujer de su vida y de su muerte) y de los que
se llamarían Mecano y no pillaban ni una de las muchas cualidades de la
inmortal canción. Pero ¿La mort de l'avi? una de las mejores canciones
de Serrat ¿Qué pintaba en tan funesto apartado?
Si dependiera de mí hubiera despedido sin dudarlo a tan
insensible genio, aunque mi teoría no va por ahí, creo sencillamente que
no escuchó la canción y se fió de los pasos titubeantes de otros que
triunfarían para imaginar que al gran Joan Manuel le pudo ocurrir lo
mismo. Pues no, aquí está la prueba. Lágrimas de verdad por el abuelo
marinero y por esas lágrimitas bendecidas por los rezos de las comadres
que se vestían de negro para la ocasión.
5
Cuando Serrat se acercó al estilo de Dylan. Me voy a pie y Casi una mujer.
Quisiera ser libre, diverso y libre como el aire.
(Miquel Martí i Pol)
Me entristece un tanto comprobar que Serrat cuando canta en
catalán es un gran desconocido incluso para sus seguidores más
fervientes cuando en su época dorada, la que cubre la segunda mitad de
los sesenta y la primera de los setenta, no había diferencia cualitativa
entre lo que hacía en un idioma y otro. Quiero detenerme en dos
canciones dylanianas, Serrat salió airoso de semejante empresa. M'en
vaig a peu y Quasi una dona, en la primera defiende al primer Dylan, ese
que había percibido que la música estaba cambiando y que modernizaba
con singular acierto el folk y el country, paseando su guitarra por la
efervescencia intelectual y bohemia de Greenwich Village, así recogía el
cantante de Duluth el legado de sus ídolos más admirados: Woody
Guthrie y Hank Williams* aportando, Serrat, un perfil romántico más
convincentes que el que estos tres monstruos americanos exhibían con la
guitarra al hombro y sin saber adónde ir, quizás las vastas llanura
estuviera preparada para llorar con su canto.
En la segunda es indisimulada su conexión con Just like a woman
con la que rivaliza en ternura y desconcierto. Es casi una mujer pero
llora como una niña. La niña de Dylan hiere con su ambigüidad
sentimental y su altivez de reina antigua, la de Serrat se ha apoderado
de toda la ternura del mundo y aún persiste en que pisemos la luna.
No me quedé con su nombre pero me sentí impresionado por
su llanto lastimero a flor de piel en cualquier rincón de la citada
película, Peter sabía lo que se hacía para dar con el ambiente
polvoriento y desolado para el pueblo en donde transcurría la acción de
su relato.
Luego vendría Dylan a decirnos que era el cantante al que
más admiraba y un artículo en Le Monde en el que se narraba las
circunstancias más trágicas que extrañas de su muerte. Lo encontró
dentro de su coche un chófer que había contratado el día anterior, quiso
morir en la soledad a la que con tanta frecuencia cantaba.
6
Joan Port - Jo vinc mare. Joan Manuel Serrat - Pare.
Ningún poeta me ha representado la bendición del bilingüismo
de una manera tan sincera como Joan Port o Joan Manuel Serrat. Fluye en
ellos, de una manera natural, un caudal lírico que bebe de dos ríos que
se entremezclan a veces para hacerse más bellos y nunca se estorban ni
se detienen para dejar pasar el uno al otro.
Jo vinc mare.
Jo vinc mare davant el teu altar
amb l'ultima rosa humida del meu desig
amb totes les aigües plàcides i quietes dels rius del mon.
Jo vinc mare amb el que queda de mi,
el teu record, es el cant del ocell de la branca solitària en las tardes del mon banyant-se en sol.
Jo vinc mare davant el teu altar
en la primavera de la vida en la essència dels teus olors
la teva memoria m'acompanya en solitud fins a la mort.
Yo vengo madre.
Yo vengo madre ante tu altar
con la última rosa humeda de mi deseo
con todas las aguas plácidas y quietas de los ríos del mundo.
Yo vengo madre con lo que queda de mí.
Tu recuerdo, es el canto del pájaro de la rama solitaria en las tardes del mundo bañadas de sol.
Yo vengo madre ante tu altar,
en la primavera de la vida en la esencia de tus olores
tu memoria me acompaña en soledad hacia la muerte.
(Joan Port)
7
Joan Manuel Serrat - En Collioure.
Y viejo y cansado,
a orillas del mar,
bebióse sorbo
a sorbo su pasado.
Profeta ni mártir
quiso Antonio ser
y un poco de todo
lo fue sin querer.
Serrat hizo con Antonio Machado lo que
éste hiciera con Rubén Darío; escribirle a su manera recurriendo a la
emoción y al sentimiento de cada poeta. No fue la única aportación
escrita propia que haría en este maravilloso disco, unos versos suyos
vuelan a la altura del poeta sevillano en "Cantares". Era el año 1969,
poco antes había decidido cantar también en su otra lengua, con el
enfado y la condena de "Els Setze Jutges - Los 16 Jueces ( más bien
severos, casi implacables)" y afines, quizás eran tiempos de lluvia que
nos habían cogido en la calle sin paraguas, sin poder precisar qué
lengua acabaría siendo maltratada, ya no hay duda, el español de
Cataluña escucha cada día su sentencia a muerte.
Como Léo Ferré, Georges Brassens y Paco Ibáñez decidió ponerle
música y cantar a los poetas, y qué mejor que rescatar a aquel que supo
hurgar como nadie en las sempiternas heridas de España. Aquí lo tenemos
en un país que supo conectar con su sensibilidad, que siempre supo
apreciar el poder comunicativo de la palabra (¿Dónde están aquellos
jóvenes que preconizaban un Cristianismo más humano? y la acompañaba en
su deriva.
"En Collioure" es un homenaje sincero y sentido de un hombre
sencillo de barrio obrero en la cumbre de su creatividad que se pone el
traje gastado y polvoriento de un hombre bueno que tuvo una muerte
injusta representando el destino de la libertad en su país.
8
Helena
Esta canción de Joan Manuel la conocí tarde, a la ya estimable edad de
21 años, cuando empezábamos a desenvolvernos en el mundo de los adultos
que hacían, a diario, una inversión de los valores que aún hiere, y para
siempre, la sensibilidad de quienes se criaron, como nosotros inmersos
en el mundo de los trovadores de Oc. Tú, en el esplendor de tus 18 años
te sabías de memoria todas las canciones de Serrat en castellano (sigue
siendo tu cantante favorito aunque no sientas curiosidad por los discos
que sucedieron a "Para piel de manzana"), cantabas con tu mala
entonación "Tiempos de lluvia"; no puedo comprender que recites tan bien
y cantes para que se te diga basta en la presentación. Nunca le
prestate atención a las canciones del poeta en su lengua vernácula, a
pesar de que yo te ponía el imponente "Para mi amigo" no benficiado,
precisamente, por aquella cinta barata que me regaló tu hermana,
esperando que te unieras a mi causa. Te hablé de varias canciones, te
insistí en "Para mi maestra" y "Helena", te decía, y sigo diciendo que
es la más brillante canción de amor de la música popular española. No
había forma, recuerdo que al pasar de los años quise ganártela en un
vídeo tenía una buena traducción. Ahora rumio amargamente que Helena, y
mi intelectualidad errática alimentada por "El País", me hayan separado
un poco de ti. Eres, en tu soledad asumida, demasiado formal para
comprender mi usual bohemia desfasada y casi innata. Creo que no es mi
culpa, aunque así conste en el oficio que me muestras con cualquier
excusa y me señala como payaso profundo. También yo estoy harto de ser
yo mismo. Ya sabes lo que dijo Darío; Y hacia Belén la caravana pasa.
(Conversaciones con Laura)
9
No es que no vuelva porque te he olvidado,
es que perdí el camino de regreso.
En un disco irregular publicado en 1974 encabezado por la plúmbea y
olvidable "Campesina" (es el título que le dábamos sus seguidores porque
era la primera canción) Serrat vivía la recasa dolorosa del fulgor
bruno de haber rescatado al desgraciado Miguel Hernández para todos los
españoles. Pero Serrat no era lo que parecía, no tenía nada que ver con
ese chico guapo que jugaba al mus con los vecinos bajo las estrellas de
la noche de verano, o ese otro por el que tantas mujeres de un barrio
pescador rezaban con los ojos cerrados para que tuviera a bien esposarse
con su hija. Era un bala perdida, como él mismo confiesa sin pudor;
experimentaba con todas las drogas y se tiraba a toda mujer cuyas curvas
se movieran en su vista.
El disco, ya bendecido por los arreglistas que buscaba, similitud
inquietante con Brel, tenía obras maestras de todas formas, la tierna y
penetrante "De parto", la trágica historia de aquel que canta sus males
por soleares, la escalofriante y bañada por la nostalgia "Decir amigo"
y, su canción favorita de la época "Para vivir" que le sirvió para que
conociera íntimamente a una madura y fascinante Analía Gadé. Soneto a
mamá es un mal soneto, pero es una gran canción, y tiene versos que
pueden ser usados con mucha dignidad como aforismos. Esta aragonesa se
dejó el alma para hacer de Joan Manuel un sentimental.
A quienes critiquéis mis poemas os diría que Serrat es el gran
responsable de que los escriba. Es la persona con quien más me gustaría
conversar.
10
Decir amigo
A Jaume Gimbert In Memoriam
Decir amigo
es decir juegos,
escuela, calle y niñez,
gorriones presos
de un mismo viento
tras un olor de mujer.
Decir amigo
es decir vino,
guitarra, trago y canción,
furcias y broncas
y en los tres pinos
una novia pa' los dos.
Decir amigo
me trae del barrio
luz de domingo
Y deja en los labios
gusto a mistela
y a natillas con canela.
Decir amigo
es decir aula,
laboratorio y bedel,
billar y cine,
siesta en las ramblas
Y alemanas al clavel.
Decir amigo
es decir tienda
Botas, charnaque y fusil,
y los domingos
a pelear hembras
entre Salou y Cambrils.
Decir amigo
no se hace extraño
cuando se tiene
sed de veinte años
Y pocas penas
Y el alma sin media suelas.
Decir amigo
es decir lejos
y antes fue decir adiós
Y ayer y siempre
lo tuyo nuestro
y lo mío de los dos.
Decir amigo
se me figura
que decir amigo
es decir ternura.
Dios y mi canto
saben a quien nombro tanto
Mi intuición me dice, no sabría decir por qué, que detrás de ese
anonimato en el que te refugias se esconde una desconocida, espero que
me perdones si no es así, considero que no tiene excesiva importancia,
tampoco la tiene que, siguiendo una regla no escrita parte del mensaje
lo hayas escrito en mayúscula, sé que no puedes estar enfadada conmigo.
Intentaré explicarte en pocas palabras lo que significó en mi vida
Jaume.
Compartí con él tan solo seis meses de mi vida, el poema lo
escribí un año después y la dedicatoria cuando habían pasado más de
treinta años, ya sé que no es un buen poema, pero lo miro de otra manera
desde que escribí su nombre en la cabecera.
Tú ya no estás y florecerán las rosas,
madurarán los trigos y quizás el viento
desvele las ocultas melodías;
tú ya no estás y ahora pasa el tiempo
entre el recuerdo tuyo que me arrulla,
y aquel empeño, que tan bien conoces,
en resistir cuando nada nos alienta.
(Miquel Martí i Pol)
Era una persona diferente a todas las personas que he conocido; el
dinero que le llegaba con cierta regularidad no le duraba ni un día y lo
solía gastar con los compañeros, sin ser excesivamente culto tenía una
sensibilidad más que aceptable por el arte, siendo catalán se arrancaba,
bastante mal por cierto, por bulerías, eligió relacionarse solo con
seis o siete compañeros, entre ellos un vasco de Vitoria, un gitano de
Jerez proclive a la delincuencia, un madrileño hermoso y tatuado que
había nacido en Alemania, un lector infatigable que, equivocadamente,
bautizó como Chileno porque tenía la piel morena cuando la gente de esa
procedencia son los españoles del Cono Sur y dos ceutíes, el entrañable
Enrique, al que solo veo de vez en cuando, y yo. Tenía una novia que se
llamaba Dolors y era una enamorada de "El pequeño príncipe" y me
conocía, a través de él, sin que me hubiera visto.
Jaume tenía una sonrisa contagiosa, permanente y una magia exquisita
para convertir en llevaderas las situaciones más insoportables, hasta
las paredes del puesto de guardia me parecían pintadas de libertad
cuando él estaba a mi lado.
Creo que tengo motivos para pensar que me eligió como el más querido de
aquellos amigos improvisados, que me enseñó que cualquier noche puede
salir el sol y, sin ser nacionalista, me mostró la belleza de un canto
reivindicativo como "Els segadors", cuando lo cantaban las víctimas de
la intolerancia y no los verdugos de la convivencia.
Me preguntarás por qué una amistad tan pura terminó cuando me
licencié dejándolo en Toledo perseguido por el desdén aristocrático de
una población que despreciaba a los soldados de reemplazo que les
proporcionábamos una buena parte de su sustento. Fue muy simple; no nos
dejamos nuestras respectivas direcciones. Es evidente que yo no sé quién
es, hoy en día, Jaume Gimbert, pero siempre recordaré a ese muchacho
con el que compartí penas y alegrías durante seis meses que, como diría
Dolors influenciada por Saint-Exupéry, lo esencial de una amistad no es
la duración del tiempo que empleamos en ella , aun siendo importante,
sino lo que somos capaces de hacer con ella en los instantes que podemos
vivirla con intensidad.
Gracias por haberme permitido con tu comentario que vibre con el poder
evocador de la nostalgia, no debemos olvidar nunca a las buenas personas
que se cruzan por nuestras vidas.
11
La canción más vitalista de un pesimista alegre
No sé si Serrat pensaba en Marisol cuando compuso esta canción que
rompía con la melancolía desgarrada del Dylan que buscaba y, por
fortuna, no encontró. Serrat tenía ya voz propia, su admiración por Brel
se traducía en canciones imponentes como "Mi niñez", o "Poco antes de
que den las diez", una canción esta última muy de la España de charanga y
pandereta, sin embargo. Pero no se parecía en nada al extraterrestre de
Bruselas, al que no le tenía que tratar de usted. Es posible que
escuchara la tómbola de la malagueña y quedara prendado de su belleza
enigmática, no tenía mal gusto el Joan Manuel. Inserta en el primer
disco en castellano del cantante conocido como "La paloma", "Tu nombre
me sabe a yerba" no es ni mucho menos la mejor canción de este trabajo.
Yo me decantaría, por encima de todas, por su adaptación al español
espectacular de "Tiempos de lluvia", y también pondría por delante a "En
cualquier lugar", también traducida desde el catalán, que brilla bajo
el influjo gratificante y enriquecedor del genio de Duluth, "Mis
gaviotas" con una fuerte influencia de la Chanson y la impresionante y
triste "Balada de otoño", también con clara influencia del país vecino.
12
Tiempo de lluvia
Porque no se acaba,
ni mi amor, ni mi amada.
Conocí esta canción tarde y en los labios de Laura, que, con su
sempiterno problema de entonación, no me hacía augurar una gran canción,
a pesar de la sencillez y la belleza de la letra. Tenía más de 20 años
cuando la escuché por Serrat en la película "La lenta agonía de los
peces fuera del agua". Ahí todo cambió aunque el sonido era mejorable
con respecto al disco, Serrat soñando con ser lo que realmente era; un
muchacho triunfador que experimentaba cada día lo fácil que es ligar
cuando se vive en una cumbre, aunque en la película lo desea
fervientemente con una sola, a la que conoció en España y que le amaba a
pesar de ser un desconocido. El ideario hippy planeaba sobre la isla de
Wight, en una visión un tanto descafeinada del desmadre sexual y el
consumo desmedido de drogas que se dio en el mítico festival. Eso nos
hacía mirar hacia unos guionistas atenazados por la censura.
Hoy es la canción de Serrat que me gusta, quizás sea por ese aire de
trovador occitano que, a pesar de todo, de que le va bien en el amor se
queja con su voz doliente y herida característica de esos años, quizás
porque piense que el amor es un instante, que perderá pronto lo que ha
ganado. Supongo que esa fragilidad de Serrat lo hacía más atractivo para
las muchachas soñadoras y humildes de entonces.
13
Canción del ladrón
Serrat ha estado en Abyla solo tres veces; la primera era pequeño y ni
me enteré que actuaba una noche de verano recordada con lágrimas por
algunos, por el recuerdo de la juventud perdida, y ni siquiera sabía
quién era el cantante catalán. Asistí a las otras dos, la última es
relativamente reciente, en ella metía en una orquesta sus canciones más
conocidas de siempre, recuerdo que a unas les venía bien el experimento,
a otras no, las hubiera deseado acompañadas de guitarra y poco más. Voy
a detenerme en la segunda ocasión que nos visitó. Llenó la explanada de
las Escuelas Anejas, el levante tuvo a bien darnos descanso,
seguramante intimidado por la personalidad arrolladora y el buen humor
del cantante que hizo referencia a la vez anterior que estuvo aquí con
la clarividencia que alguien habla de un recuerdo de ayer. Solo hubo un
pequeño incidente, tres o cuatro impresentables le silbaron con gestos
de desaprobación nada más empezar a entonar la única canción que cantó
en catalán; el llanto de un ladrón que pena en la cárcel, no eran como
las de ahora, por la situación lamentable que se encuentra por sus malas
acciones y se acuerda de su novia de la que se despide. La más bella
canción tradicional catalana que he escuchado.
14
Si la muerte pisa mi huerto
Quién será ese buen amigo
que morirá conmigo
aunque sea un tanto así.
Serrat sería en España para la Chanson lo que la entrañable y delicada
Cecilia para el folk y el pop-rock anglo-sajón. Son muchas las canciones
que el Noi del Poble Sec nos puede mostrar con la huella de sus
monstruos sagrados. Puede que ninguna la muestre tanto como "Si la
muerte pisa mi huerto, en ella hace referencias directas a Brassens,
Ferré y Brel, y la obsesión y la rebeldía inútil que ellos mostraron
hacia el sueño eterno. "En mi entierro", "El testamento" o "En mi último
almuerzo" planean en una canción lúgubre y desesperanzada, y eso, a
pesar de que tenía pocos años y vivía intensamente la vida loca. Su
habilidad trovadoresca y su introspección posibilitaban que entre las
flores no solo pudera ver una forma de pensamiento y sentimiento más
acordes con la alegría de vivir, sino que se encerrara en su propia
camisa y pensara en el día de su muerte.
15
Epitafio para Joaquín Pasos
Aquí pasaba a pie
por estas calles, sin empleo ni puesto
y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados
conocieron sus versos.
Nunca estuvo en el extranjero.
Estuvo preso.
Ahora está muerto.
No tiene ningún monumento...
Pero recordadle
cuando tengáis puentes de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.
Porque él purificó en sus poemas
el lenguaje de su pueblo,
en el que un día
se escribirán
los tratados de comercio,
la Constitución,
las cartas de amor, y los decretos.
(Ernesto Cadernal)
Estaremos de acuerdo, a pesar de nuestro anticlericalismo tan extendido
ahora que no nos mandan a la hoguera, en que un cura no debe decir esas
cosas, son tan amargas y, sin embargo, existen. Serrat cierra su última
obra maestra musicando a un poeta, igual que haría cuatro años antes,
cuando cerraba el celebrado "Mediterráneo" con un poema quijotesco y
desarmado de León Felipe.
16
Para mi maestra - Romance de Curro el Palmo
Tiempo, hace tiempo tenía usted maestra
su mundo de tintero y banco,
pizarra y delantal blanco.
Buenos días, por la mañana,
nos decía de pie
entre dos "fotos" y una cruz
una plegaria y una canción,
y un beso en la mejilla.
El niño que fue Joan Manuel escuchaba la radio, su padre Josep y su
madre del piedemonte pirenaico, es decir medio catalana, eso raro nos
traen siempre las divisiones administrativas, vieron con buenos ojos
que su hijo se enamorara de la copla. Romance de Curro el Palmo bebió de
esta fuente, aún podemos escuchar al gitano enano llorar por soleares,
cuando el dolor es una rutina cuando te enamoras de una muchacha que
vive del espectáculo. Son unas chicas que siempre sonríen ¿No es verdad,
Sugar?
17
Paraules d'amor
Ella no va a amarme tanto,
yo todavía la quiero;
juntos atravesamos
una puerta cerrada.
Ella, cómo os podría decir,
era todo mi mundo de entonces
cuando en la lumbre ardían
solo palabras de amor.
Palabras de amor sencillas y tiernas,
no sabía más, tenía quince años,
no había tenido tiempo para aprender
acabábamos de despertar
del sueño de la infancia.
Teníamos bastante con tres frases hechas
que habíamos aprendido
de comediantes antiguos;
historias de amor y sueños de poeta,
a los quince años no se sabe más.
Ella quién sabe dónde está
quién sabe por dónde anda
la perdí y nunca más
he vuelto a encontrarla.
Pero a menudo me llega
de lejos una canción,
viejas notas, acordes viejos,
viejas paraules de amor
17
Quise llegar al vientre del silencio perdido
que mordiera tu blusa en la arena varada,
en el azul del puerto,
sobre los humedales del Poble Sec herido,
desenterrar la nube que tocara tus medias,
vivir en la caricia tierna de lo caliente
y sentirte en la noche de mi canto afligido,
despertar en un claro de luna revelado
y también quise, niña,
sobrevolar tu falda,
sentir tus labios cerca, reflejarme en tus ojos.
Presiento en cada gozne la canción peregrina
de un Serrat que lloraba la muerte de l'aví,
la elegancia en las calles de su loca bohemia,
su poema caído que se erguía en tu pecho
con paraules d'amor.
Dibujo en la nostalgia la cruz de tu mirada,
el sueño de tu rostro, la lira del olvido
que no supo arrancar las notas en la escena,
se dispersó en el mar y no quiso esperarme.