lunes, 30 de enero de 2023

Cartas sobre la Inmigración.


       Soy un náufrago que no tiene a mano una botella, ni un mensaje para meterlo en ella. Si me muero esta noche no sentiría el no haber hecho lo que tengo en mente sino que me sentiría orgulloso de lo que he escrito, no por su cuestionable calidad, sino por la valentía con que he expuesto mis opiniones, impropia de un hombre humilde y anónimo. No soporto, en ese hombre medio que nadie conoce, la grandilocuencia que suele gastar cuando se trata de escribir sometido por la grandeza de sus ídolos y el convencimiento propio de que tiene en su cabeza la fórmula para que el Mundo camine con otros pies.

    Yo no soy como Fassbinder, ni tengo su capacidad desesperada de trabajo, esto podría aplicarlo también a Pasolini. A los tres nos preocupan los mismos problemas, la deriva hedonista y nihilista, empolvada de sexo fácil y el olor de la cocaína, salpicada de desgana cuando se habla de Filosofía, de nuestra sociedad sobre la que vertemos nuestros pareceres sin querer saber de dónde provienen.

    Respecto al más complejo de ellos, el de la gran Inmigración que hemos recibido en las últimas décadas, ellos son más abiertos en su cerrazón intelectual mientras que yo, creo que soy tan liberal como ellos en este sentido, pongo demasiadas pegas a lo que los inmigrantes nos han ido mostrando con su comportamiento, culpo de ello, en gran parte a la decadencia moral de Occidente y su doble moral cada vez más afilada, indefinida e impía.

    Los dos genios europeos de su tiempo tienen con respecto a mí un hándicap más decisivo de lo que se podría pensar; ninguno de ellos son abylenses como yo, no conocieron de primera mano y de una forma natural y rutinaria la evolución negativa de tanto y tanto de ellos que suelen portarse con asiduidad como si todo el monte fuera orégano, aportan muy poco a nuestro conjunto y muchos de ellos se acogen al rol de mantenidos por un sistema del que quieren los síntomas confortables y se niegan a conocer el fondo que lo sustenta. No miran hacia otro lado los perjuicios resultantes del deterioro de una sociedad que no acaban de ver como suya (Así es; Francia campeona del indiscutible rey de los Deportes con toda justicia con una selección multicolor que, a veces, muestra en las muñecas la bandera de otro país) y alucinan con nuestros servicios sociales que casi ni existen en sus países de origen, aunque su participación es escasa en el juego impositivo; eso les hemos enseñado (¿Con factura o sin factura? nos preguntan, cuando empiezan a cobrar un precio de mercado por sus servicios) Y siguen mostrando el muro que nos separa, sobre todo cuando la Religión entra en la danza macabra del fanatismo; existen creyentes y gauris, despectivo por extranjero que hace referencia a la ingenuidad, cuando no a la tontería. Y los animalistas se centran en el toro de lidia del que desean fervientemente su extinción y miran hacia otro lado en el sacrificio cruel (tal como Dios manda) del cordero que podría morir en unos segundos y en paz mirando hacia La Meca. No conozco ningún caso de imán o santón que haya muerto por los mordiscos de rabia que respondieran agónicamente, con las patas temblorosas, a la degollación...

3 de octubre de 2020.

 

    No creo, Rafel, que me esté pasando, a cierta edad no hay dolor mejor asumido y edificante que la verdad. Considero a cualquier miembro del foro tan perteneciente a él como los que somos de la Asociación, cualquiera de aquí se habrá dado cuenta de la mediocridad de algunos poemas laureados. Perdóname si crees que he contado indirectamente intimidades; no lo volveré a hacer. Pero pienso que para que uno pueda sentirse algo libre debe tensar a las personas que le rodean, hablar como si le estuvieran haciendo una entrevista improvisada.
 
 

    Tú que amas la ley, Rafel, la desvirtúas apelando a lo sagrado para que nada se mueva cuando no quedan razones. Yo, poco amante de ella, propongo nuevos puntos de vista, intento señalar la herida, no para desangrarla sino para intentar darle una nueva vida más acorde con los malos momentos que estamos pasando con la puta pandemia. Lorca no conoció la Red y no pudo medir el alcance y las modificaciones de su verso, llego a pensar que lo más probable es que se hubiera vuelto loco. Supongo que soy ese niño crecidito que ve al emperador desnudo o ese otro que ve el elefante dentro de una boa en vez de un sombrero, y ambos sufren la recompensa de que los lleven a un cuarto oscuro hasta que aprendan a mirar como se debe.
 
9 de octubre de 2020

 


 

    En asuntos que afectan al corazón uno siempre tiene miedo de ser malinterpretado. Asumiría el riesgo si no fuera porque me da miedo que ejerzan la violencia psicológica contra los míos. Dios es grande pero tiene unas miras muy pequeñas. Hay muchachas desnudas en mis cuadros cuyas bocas están tapadas con un velo. Amigos que aprovechan la ebriedad de mi tristeza para malvender mis películas y mis delirios de grandeza, y amantes que machacan sus frustraciones en el cansancio nocturno al que nos ha llevado el sueño de los pobres. Los griegos estábamos tan convencidos de la superioridad de nuestra filosofía que reíamos con las primeras apariciones de los persas.

    Hoy les damos de comer pero ni siquiera nos miran, empiezan a ser tan numerosos que no les hace falta hablar nuestra lengua para que estemos obligados a entenderles. Leónidas es un espartano. A ellos no les importa más que la supervivencia de su aberrante régimen militar. Pactaron con los persas. Dejaron que el Gran Rey decidiera nuestro destino. 

 19 de febrero de 2014

 

    Me tranquiliza, Tara, que hayas interpretado el poema y los comentarios en la línea que yo deseaba. Desgraciadamente a la mayoría de los españoles, Ceuta y Melilla, les importa poco o nada, y la izquierda radical de nuevo cuño ve con buenos ojos que se desvanezca Occidente en sus orillas, incapaz de reconocer una vocación de siglos y la represión brutal que sufren los cristianos en el ámbito islámico. Hay que denunciarlo todo, hemos de arrebatar, en nombre de todos, la democracia a los demagogos y a los nostálgicos de un régimen ominoso la sed de violencia

29 julio de 2017.


    Te aconsejo, Tara, que leas, aunque sea de una forma sucinta, acerca de los genocidios cometidos en los estertores del Imperio Otomano, armenio y maronita pueden servirnos de trágicos ejemplos, con los cristianos de ritos antiguos y el padecimiento de siglos de los coptos en Egipto. El Islam simplifica el mundo y lo divide entre musulmán e infieles, con toda la carga peyorativa que puede arrastrar esto último, y aunque, por suerte, no sea así rigurosamente y exista una élite intelectual en muchos países islámicos que no renuncia a la religión pero tampoco al progreso, la verdad es que la religión controla hasta dónde es posible cada paso que se da, no hay más que ver el absentismo laboral vergonzoso que practican los musulmanes en Ramadán, no tanto los autónomos como los empleados, sobre todo, los públicos...

30 de julio de 2017

domingo, 29 de enero de 2023

Katy Parra - Coma idílico

    


     La poesía de Katy Parra (Murcia, 1964) sabe conjugar la forma y el fondo con una solvencia sobresaliente. Sus versos, técnicamente perfectos, se ajustan a un ritmo impecable y luminoso. El léxico emplea un registro coloquial, fresco y preciso, lo que contribuye a crear una complicidad inmediata con el lector. (La Red)


Coma idílico

No maldigas el tiempo que perdiste
conquistando mi alma
y otras cosas.
¿Aún deseas que te diga
lo que quieres oír?
Sírveme otra cerveza,
arráncame la ropa con los dientes
y destroza a pedradas
el castillo de arena y cicatrices
que a diario restauras
en alguna bahía de mi olvido.


Buzón de sugerencias

No hagáis caso
de aquellos que os amen demasiado.
Probablemente sientan
temor a que os vayáis.
Salid a pasear cuando la lluvia
despliegue sus urgencias.
Escuchad a los pájaros,
ellos sabrán deciros
si la luna es propicia.

Dejad que se amontonen
las sombras y la nieve
si no sabéis qué hacer con el insomnio.
Todo se desbarata con la luz.
Y aprended de los gatos
a vivir dignamente,
sin más ajuar que un mundo
que quepa en vuestras manos.



María

Se llamaba María.
Era como una lluvia
levísima de otoño,
con los ojos muy dulces,
del color de los bosques
en los cuentos de hadas.

Era como una luz
trasnochada y cumplida,
como la infatigable
sustancia de un domingo.

La soñé tantas noches
que acabé por creer
que mi vida era un sueño.


Versión definitiva

Nuestra historia de amor estaba escrita
y lista para ser ejecutada.
Tú encontraste una excusa
para dejar tu voz
en el interlineado de estos versos,
yo tan sólo busqué el sabor agridulce
de aquellos labios íntimos
que besé hasta olvidar
con que palabra empieza la derrota.

 

Georges Brassens - El Poeta

 

Cien años de la muerte de Brassens
Daniel Gascón
23 oct 2021 - 05:00 CEST

    Fernando Trueba sostiene que sus canciones contienen respuestas a todas las preguntas de la vida, y también es al revés: contienen preguntas para todas las respuestas. Se cumplen 100 años del nacimiento de Georges Brassens, que García Márquez definió como el mejor poeta francés de su tiempo. El propio Brassens se habría sentido desconcertado: si mis versos valen menos que los suyos al menos mi cementerio será más marino que el suyo, bromeaba sobre Paul Valéry. Le gustaban la poesía —estudió y musicó a Verlaine, Jammes, Hugo y Villon— y el jazz, pero también tenía algo de novelista: sus canciones corrosivas son una pequeña comedia humana. Los nazis lo enviaron a trabajar en Alemania en la II Guerra Mundial. Se escapó y se escondió en casa de una conocida casada de su tía, que le llevaba 30 años y se había enamorado de él. Vivió con el matrimonio más de dos décadas, al principio sin luz ni gas, con un montón de animales. (Luego compró la casa y se la regaló a la mujer.) Fundó una revista anarquista que duró un número y el Partido Prehistórico, que se dedicaba a reírse de los otros partidos. Era un ácrata —Pepitas de calabaza acaba de publicar sus Escritos libertarios—; se burlaba de la autoridad y las instituciones. Se reía del clero pero conocía el valor de lo sagrado y lo encontraba en la amistad, en un gesto generoso, en el amor. Defendía al que iba por libre: señalaba lo desafinadas que están las trompetas de la fama, apuntaba que es buena idea morir por las ideas pero es mejor hacerlo de muerte lenta, pedía que no tirasen piedras a la mujer adúltera porque él estaba detrás. En su obra hay algo de carnaval: el débil gana, la autoridad es objeto de escarnio. Otro de sus temas es el paso del tiempo, que mira con una combinación melancólica de resignación y socarronería. Satirizaba un mundo más represivo. Sin él no existirían Krahe, Labordeta, Sabina o Berrio; lo han cantado Carbonell, Paco Ibáñez, Loquillo. Algunas de sus canciones escandalizaban en su momento e indignarían ahora: una tonada masturbatoria propuesta como himno nacional o la crítica a los imbéciles felices del lugar donde nacen irritarían asimétricamente, la canción sobre las mujeres que pasan causaría zozobra en el Ministerio de Igualdad y sus canallas entrañables incomodarían a los nuevos mojigatos. Posiblemente eso no le importaría mucho porque, como cantaba en un castellano suave, la música militar nunca le pudo levantar. @gascondaniel
 
I

Dieu fass' que ma complainte aille, tambour battant
Lui parler de la pluie, lui parler du gros temps
Auxquels on a t'nu tête ensemble
Lui conter qu'un certain coup de foudre assassin
Dans le mill' de mon cœur a laissé le dessin
D'un' petit' fleur qui lui ressemble.
 

Quiera Dios que mi queja tome alas,
le hable de la lluvia, la lleve a las tormentas
que nos sorprendió abrazados,
Y le cuente
que una saeta criminal
ha dejado en el centro de mi pecho
una pequeña flor que la representa.

    La versión española de esta canción, Javier Krahe y Alberto Pérez están detrás de ella, es loable pero se desmarca de la ternura de maduro tonto y enamoradizo de Brassens y prefiere incidir en su aspecto más pícaro y golfo. No aprendí francés con Georges, lo mío con los idiomas es algo digno de estudio, pero aprendí mucho de Brassens; su eclecticismo musical, su tendencia a la alegría, su amor por las estrofas clásicas, su aire libertario; los amigos lo primero, su bohemia mitificada plagada de anécdotas que, quizás, nunca sucedieron, la intertextualidad llevada a unos límites fuera de orden para un ciudadano de a pie, su pasión por el jazz y por los gatos, su encumbramiento de François Villon como el Poeta, y las mujeres...
 
 

 
    Alentado por la lengua veloz e irreflexiva de quien alguna vez pretendió ser poeta y, en realidad, escribía cuentos poco afortunados, inventé que esta canción la conocí muchos años después de haberlo hecho realmente, que me llegó a través de un amor que no existía y que me atormentaba escucharla en un recuerdo sin nombre. No estaba en el primer disco de vinilo que tuve de Brassens, pero sabía de qué trataba y hablé varias veces de ella con un admirador del poeta francés en las noches interminables del Moonlight. Allí los dos socios se engañaban mutuamente y los camareros los engañaban a su vez; robar no es un pecado si es para comer, decía Georges recordando a François Villon, quien robaba todo lo que podía.

    Una de las cosas que llevo con más orgullo, no sé cuántas veces lo habré dicho, es haber llegado a la conclusión de que tengo en él al más ilustre de mis paisanos. Sète (Seta en occitano), el pueblo donde nació también Paul Valéry, y Ceuta eran rigurosamente homófonas, ambas tienen un número de habitantes similar, son marineras y están heridas de muerte por el Mediterráneo; Sète ama la poesía aunque esté enterrada en el Cementerio de los pobres, Ceuta detesta a los poetas que hablan demasiado y no fingen estar ciegos, nunca me he dado por aludido. Ya me he dado cuenta de que los franceses han decidido dejar el nombre de mi ciudad tal cual, y cambiar el de Sète, una lástima; son más osados que nosotros a la hora de modificar una Constitución.

II

El testamento
Encore un' fois dire: "Je t'aime"
Encore un' fois perdre le nord
En effeuillant le chrysanthème
Qui est la marguerite des morts.




Una vez más decir "te quiero",
perder el norte una vez más
al deshojar el crisantemo
que es margarita funeral.
(Versión española - Pierre Pascal)


    Para Brassens el mejor poeta francés de la historia era François Villon, una especie de Arcipreste de Hita trasladado a la gran ciudad, pero no era un pícaro libidinoso, era un verdadero delincuente del que no se sabe cuando nació ni siquiera si murió alguna vez, para Georges era inmortal, ya que no se encontró su cuerpo, se calcula la fecha de su muerte porque dejó de escribir y sus coetáneos descansaron de sus monsergas, hubo una buena cosecha y no hubo enterrador que confesara haberlo sepultado para que se callara. Su obra más importante se conoce como el Gran testamento, Brassens lo hizo respirar por todos los rincones en el suyo, igualmente inmenso y abierto a la ternura de un rebelde que nunca se apartó de su camino aunque estuviera cubierto por la estulticia que la buena gente acumulaba a su paso.

    Brassens asegura que estará triste como un sauce, que escogerá el camino más largo como si fuera un colegial que hace robona, que dejará la vida reculando aunque el enterrador le gruña y lo crea loco de atar.

III

La mala reputación

Sin embargo no hago daño a nadie
al no escuchar el clarín que suena.
 


    De vez en cuando en la vida hay que hacer concesiones. No es, ni mucho menos, la canción de Brassens que más me guste, pero estoy casi seguro de que, aquí en España, es la que más se conoce y se asocia con su autor, Paco Ibáñez tiene mucha culpa de ello por la magnífica versión que cantó en el Olympia y que incluiría años más tardes en un disco antológico dedicado por entero a la obra del cantante de Sète. De todas formas me sirve para recordar la admiración, casi enfermiza; robar no es malo si es para comer, que sentía el mejor poeta francés del siglo pasado por el irreverente, fatalista, impetuoso, arrogante, es decir, poeta, François Villon. Era algo así como un Arcipreste de Hita pero que excedía con mucho los límites de la picaresca.

    Brassens hace en esta canción una declaración de principios siguiendo su ideario ácrata y libertario. Su proverbial ternura no resta una costura al hilo de sus reivindicaciones y sus posicionamientos.

IV

Barbara - La marcha nupcial
 
 

    Bárbara tenía un aspecto algo siniestro, aunque podría haber sido una mujer atractiva, prefirió dejarlo ahí, escapar por la puerta de atrás, ir vestida como una rata de tugurio. Una chica existencialista cuando no lo era rigurosamente, aunque una de sus mejores composiciones, La soledad, podría ser interpretada como un himno de este movimiento. Es posible que la causa principal de su desapego a los baños de multitudes fuera una confesión que hizo tardíamente en sus memorias; había sufrido abusos sexuales por parte de su padre.

    Su voz prodigiosa que conservaba un tono melodioso y conmovedor en los registros más altos llenó canciones de su autoría, pero quizás donde pudo recurrir con más acierto a su ayuda fue en las canciones de Brassens, las clavó sin provocar los celos del cantante de Sète. Con Brel no tuvo fortuna, sólo destaca, por su originalidad, su versión del No me dejes

    Quienes conocen superficialmente a Brassens, suelen recurrir al tópico de su monotonía, lastrado por la falta de orquestación, la mayoría de las veces solo se acompañaba de guitarra y contrabajo, pero no hay nada más lejos de la realidad, fue un mago en recoger aires de todos los vientos. Su marcha nupcial, muy querida por él, ya que narra la boda de sus padres, el bueno de Georges, para dejar bien clara su posición hacia el matrimonio, le dio una cadencia de marcha fúnebre. La versión de Barbara es tan maravillosa que yo la escucho alternándola con la de su autor.

V

Las transeúntes con Máxime LeForestier

Je veux dédier ce poème
à toutes les femmes qu'on aime
pendant quelques instants secrets.
 
 

    Antoine Pol fue un poeta anónimo y desafortunado que encontraría sus minutos de gloria cuando Georges Brassens descubrió por azar uno de sus libros en un rastrillo y decidió poner música a uno de sus poemas y cantarlo, alumbrando con ello su aportación tardía más entrañable; Quiero dedicar este poema a toda mujer que se ama durante un instante preciso, quise decir secretos.

VI
 
 

    Louis Aragon - No hay amor dichoso. Brassens puso música a un ramillete de poetas. No hizo como Léo Ferré que consagró sendos álbumes monotemáticos a Baudelaire y Rimbaud,los exquisitos dicen que sublimes, los aficionados, como yo, opinamos que innecesariamente solemnes. Georges se limitó a dar un repaso panorámico y sentimental a grandes y, también, a desconocidos, de una manera extraña , sólo repitió un paisano suyo, más bien desconocido, Paul Fort, desde el poeta bajo-medieval Franćois Villon, hasta su coetáneo Louis Aragon, tuvieron lugar en él. Entre lo mejor del repertorio del cantante están; Balada de las damas de antaño de Villon, Pensamientos de los muertos de Lamartine, Las transeúntes de Antoine Pol, La plegaria de Fort y esta que nos ocupa de Louis Aragon., el comunista, eterno enamorado de su esposa, tenía un rincón en su corazón para hablar de las espinas.
 
VII

Paco Ibáñez canta a Brassens - Versión española - Pierre Pascal

“La revolución en el fondo es tratar de mejorarse a sí mismo, esperando que los demás hagan lo mismo”.

“En realidad, los hombres no tienen muchas cosas que decir: hablan del amor, del paso del tiempo, de dios, de la dificultad de ser... el resto es literatura”
(Brassens)
 
                   


Es adusto, es taciturno,
dueño es del tiempo, tiempo cruel.
Nombre hermoso el de Saturno
pero es un dios, cuidao con él.

Y si el tiempo al seguir su rumbo,
de vez en cuando al descansar
se entretiene matando rosas,
es por matar tiempo sin más.

Y hoy a ti te tocó mi amada
pagar el pato de su crueldad.
El tiempo no perdona nada
y en tu pelo una cana más.

Los poetas todos cantaron
las flores del tiempo otoñal.
Cuando te miro yo proclamo,
flor de mi dicha, que es verdad.

Ven otra vez mi amor, mi vida,
ven, vamos juntos al jardín
a deshojar la margarita
del veranillo de San Martín.

Si tú eres la preferida
que pase el tiempo, qué más da.
Deja a Saturno vivir su vida,
la nuestra en nuestro amor está
y las mocosas de hoy en dia
por mi pueden irse a pasear.

(Adaptación - Pierre Pascal)
 
 
    El paso del tiempo preocupaba a Brassens tanto como a Brel o Antonio Machado, envejecido prematuramente por su enfermedad crónica, parecía que le asustara más que la propia muerte de la que no dejaba de reírse. En homenaje de su novia de siempre, dejó bien claro su posicionamiento en contra del matrimonio, eleva tiernamente su pensamiento del amor otoñal.

    No es la mejor obra de Paco Ibáñez, esa sería su primer disco dedicado a partes iguales a Góngora y Lorca, pero este álbum dedicado por entero a Brassens es una obra maestra imperecedera. Destacaría El testamento, Por una muñeca me hice chiquitín, Tengo cita con usted, Canción para un maño... Pierre Pascal se merece un monumento, ya quisiera el español medio saber la mitad del español que él.

    Respuesta a una partidaria de la versión original siempre: Es muy interesante lo que dices acerca de la traducción, respetar una obra de arte es degustarla tal como ha sido concebida pero no siempre puede hacerse, piensa en el latín, por ejemplo, es imposible alcanzar el sentido del odio amoroso de Catulo o la tristeza e indefensión de Horacio ante el paso del tiempo y los estragos en la piel de una cortesana. Se hace preferible disfrutarlos con una buena traducción. En España la obstinación por doblar las peliculas ha propiciado que tengamos unos excelentes actores de doblaje, además se suele respetar que siempre sea el mismo quien le preste su voz a un actor determinado. Harrison Ford no podrá hablar de otra forma como aquella que buscaba el arca perdida.

sábado, 28 de enero de 2023

Ya no sé qué decirte

 


Ya no sé qué decirte,
he ahondado en mi duda, me veo como siempre,
como un novio amputado del tumulto y las flores
que no encuentra calor
en sus miembros perdidos,
como un tonto exiliado del amor y el deseo
que añora la fragancia de un verso temerario.

Ya no sé qué decir de tu perfil sin sombra;
esta lengua de fuego ha de esperar dormida.
He surcado tu rostro con palabras que eran
confesiones que nunca
quise haber pronunciado.

Amparado en la noche,
creyendo que sus manos cubrían mi mirada,
te explicaba las causas de mi huida al vacío,
mientras esos milagros que quería invocarte
volvían al sepulcro del que nunca salieron.

Situado ya mi lecho detrás de la frontera
aguardaba el dolor de mi cuerpo angustiado
cuando el corto camino se hacía interminable.

Intuía que la vida tenía otra forma,
que nunca conocí la calma del vencido.
Mientras nubes y rosas yacían en mi ocaso
no supe qué decir por despertar tu orgullo.

Bertolt Brecht - Esto me enseñaron

 

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
vuelve a aguantar, pero
está cortada.

Quizá volvamos a tropezar, pero allí
donde me abandonaste no
volverás a encontrarme.

Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens
 

 

Recuerdo de Marie  A.

1


En aquel día de luna azul de septiembre
en silencio bajo un joven ciruelo
estreché a mi pálido amor callado
entre mis brazos como un sueño bendito.
Y por encima de nosotros en el hermoso cielo estival
había una nube, que contemplé mucho tiempo;
era muy blanca y tremendamente alta
y cuando volví a mirar hacia arriba, ya no estaba.

2


Desde aquel día muchas, muchas lunas
se han zambullido en silencio y han pasado.
Los ciruelos habrán sido arrancados
y si me preguntas ¿qué fue de aquel amor?
entonces te contesto: no consigo acordarme,
pero aun así, es cierto, sé a qué te refieres.
Aunque su rostro, de verdad, no lo recuerdo,
ahora sé tan sólo que entonces la besé.

3


Y también el beso lo habría olvidado hace tiempo
de no haber estado allí aquella nube;
a ella sí la recuerdo y siempre la recordaré,
era muy blanca y venía de arriba.
Puede que los ciruelos todavía florezcan
y que aquella mujer tenga ya siete hijos,
pero aquella nube floreció sólo algunos minutos
y cuando miré a lo alto se estaba desvaneciendo en el viento.

Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens

 

 Esto me enseñaron

Sepárate de tus compañeros en la estación.
Vete de mañana a la ciudad con la chaqueta abrochada,
búscate un alojamiento, y cuando llame a él tu compañero,
no le abras. ¡ Oh, no le abras la puerta!
Al contrario,
borra todas las huellas.

Si encuentras a tus padres en la ciudad de Hamburgo,
o donde sea,
pasa a su lado como un extraño, dobla la esquina, no los
reconozcas.
Baja el ala del sombrero que te regalaron.
No muestres tu cara. ¡Oh, no muestres tu cara!
Al contrario,
borra todas las huellas.

Come toda la carne que puedas. No ahorres.
Entra en todas las casas, cuando llueva, y siéntate
en cualquier silla,
pero no te quedes sentado. Y no te olvides el sombrero.
Hazme caso:
borra todas las huellas.

Lo que digas, no lo digas dos veces.
Si otro dice tu pensamiento, niégalo.
Quien no dio su firma, quien no dejó foto alguna,
quien no estuvo presente, quien no dijo nada,
¿cómo puede ser cogido?
Borra todas las huellas.

 Cuando creas que vas a morir, cuídate
de que no te pongan losa sepulcral que traicione donde estás,
con su escritura clara, que te denuncia,
con el año de tu muerte, que te entrega.
Otra vez lo digo:
borra todas las huellas.

(Esto me enseñaron.)

(1926, del Libro de lectura
para los habitantes de las ciudades - Traducción - La Red)

 

   

    La dramaturgia de Bertolt Brecht (1898-1956) se suele asociar al llamado "efecto V" o "de distanciamiento". V es la inicial de una palabra alemana ("Verfremdung") que, en Brecht y el método, Fredric Jameson propone traducir mejor como extrañamiento, también para permitir una conexión con el antecedente que representa el formalismo ruso. El extrañamiento teatral se dirige a desbaratar la identificación entre el espectador y la acción escénica, aquello que haría posible la catarsis, según postuló Aristóteles hace dos milenios y medio. Brecht defendió una poética abiertamente contraria a la aristotélica; en ella el espectador tiene un papel activo y, al mismo tiempo que disfruta del espectáculo, aprende una lección política. Es preciso desarmar la ilusión de que el orden social sea algo natural. Lo que sucede en el teatro es producto de un trabajo, de una construcción. La obra -la vida- podría ser de otro modo.

 


 


Publica ADN Cultura

Por José Fernández Vega


    La paradoja es que Brecht, el poeta del extrañamiento, podría resultar -él mismo, junto con su arte y su época- algo muy extraño para nosotros. El tiempo que le tocó vivir fue violento, vertiginoso y, para él, "la historia era su vida privada", escribe Jameson. La confianza de Brecht en las potencialidades políticas y pedagógicas del arte puede asimismo despertar entre nosotros, habitantes de la era del desencanto posmoderno, una reacción escéptica.

    Brecht fue un moderno genuino, incluso por sus diferencias con el modernismo. El posmodernismo, opina Jameson, sólo podría aprovecharlo en un sentido irónico, o bien admirarlo por aspectos fragmentarios de su obra, que atravesó una variedad de géneros. ¿Qué nos vincula entonces con Brecht? ¿Cuál es su legado?

    En unos pasajes particularmente brillantes, Jameson argumenta que Brecht quiso volver extrañas sus propias tradiciones e ideas recurriendo a China, por entonces lo radicalmente otro de Occidente y no su actual sostén financiero y proveedor industrial. Jameson abre su texto con un análisis de las alegorías chinas de Brecht y su intento por discutir los problemas del comunismo a través de narraciones a la vez ejemplares y distanciadas. Satíricas e intertextuales, como gran parte de su obra, en ellas Brecht no apela al Kitsch y menos aún a la verdad histórica. En el Tao, comenta Jameson, él encuentra una especie de sustituto para las integrales visiones del mundo que la modernidad aplastó.

    Brecht restablece, con decisión política y eficacia lírica, la utilidad del arte luego de que la estética burguesa desterrara la noción de las discusiones. Porque el arte debía mostrar un mundo contrapuesto al de la vida cotidiana, dedicada a la búsqueda de riqueza y seguridades. Alejado de los valores que absorbían la existencia de los buenos padres de familia, el arte era el remanso desinteresado para una existencia consagrada a la apropiación.

    Con su celebración del arte útil, político, didáctico, Brecht se opone a los modernos. Ese afán pedagógico, aclara Jameson, estuvo presente en el arte de todas las civilizaciones previas a la burguesa; e impulsó a Brecht a explorar tradiciones campesinas y precapitalistas. Lo útil es aquello que mueve a la acción porque presenta las cosas de otro modo. El teatro es, entonces, una praxis que impulsa a la praxis.

    Pero la situación contemporánea parece haber anulado la posibilidad de toda acción en sentido sustantivo. Nuestras vidas están cristalizadas en profesiones, inmovilizadas en instituciones, nuestro horizonte es el consumo. La herencia de Brecht, por tanto, vuelve a encontrarse en una situación peculiar: parece más y menos actual que nunca. Nos recuerda la praxis y, a la vez, la característica impotencia social posmoderna.

    Jameson, considerado el más excepcional crítico de la cultura activo en la izquierda actual, presenta en cada página de Brecht y el método interpretaciones sutiles y actitudes políticas. Por caso, en un golpe de imaginación teórica saca de la galera el ejemplo de Balzac, un escritor reaccionario que, en términos brechtianos, fue algo así como el "chino de Marx", porque éste admiraba su insuperable elocuencia sobre las miserias de una sociedad cuyos fundamentos últimos no cuestionaba. Monárquico, Balzac edificó, como ningún otro antes de Brecht, un arte sobre realidad del dinero.

    La situación del escritor bajo el capitalismo fue otra de las preocupaciones de Brecht, y Walter Benjamin aprendió mucho sobre el tema durante su común temporada en Dinamarca. Hannah Arendt, escribió que Benjamin era el mejor crítico alemán, tironeado entre la influencia de la mística judía del gran cabalista Gershom Scholem y el marxismo de Brecht, a quien llamó el máximo poeta alemán de su tiempo (Adorno también lo ponderaba como poeta, pero sólo para descalificarlo como dramaturgo).

    Benjamin fue, posiblemente, quien escribió los primeros y más perceptivos ensayos sobre Brecht en lengua alemana. Roland Barthes lo exaltó después en Francia, como evoca Jameson, y en esa jerarquizada genealogía podemos inscribir sin duda su Brecht y el método.