domingo, 1 de diciembre de 2019

Vuelvo al tiempo de los besos



Vuelvo al tiempo de los besos
 acorralados, 
de los sueños erguidos en el parque de plata
que ya no nos espera,
al laurel de la India que nunca se marchita,
a los bancos de piedra que ya no son los mismos;
no recogen la firma de tu mano nerviosa
pergeñando los vuelos profundos de una rima.

Vuelvo al patio romano
como si quisiera gritarles a las rosas
que no serán nunca tempranas
cuánto te quería
en los recovecos de los jardines de las murallas, 
en el pequeño foso del suicida
que aún guarda los calvarios negros de nuestra nube
en el velo del mar que atravesaba
la pulpa del naranjo que oscurece
en el paseo crepuscular de Independencia,
y me estremezco
como si quisiera abrazarte de nuevo
en los surcos nostálgicos del agua 
que se adentra en la noche de las incomprensiones,
de las barcas perseguidas
que gimen en la canción de tus arenas
como una sirena que ha renunciado al canto
y horada con los ojos la amargura de sus piernas 
entre los espigones derruidos por el salitre y su silencio
donde la luna araña al mediodía
tu sombra sobre la tierra del olvido,
el corazón sediento que aún rememora la caricia
del clavel caprichoso que tuviste en la boca. 

(Memorias de Hydra)


Fotografías de Hydra


I


Regresé de la muerte para hablarle
a la soledad
y sentir en tu desierto
 el miedo y el aullido de un profeta olvidado,
para hundirme en las islas abandonadas
que emergían
entre los edificios derruidos
de una ciudad antigua que no podía acogerme
sin las sábanas húmedas
que acogieron nuestros cuerpos
ni creer en la esperanza de los santos amortajados.

Escribí palabras de amor en el corazón del puente
que no quería llevar tu nombre
y no esperaba a nadie entre la gente solitaria
que pasa por la calle
y no encuentra calor en el camino.

Sufrí en los lugares que tuvieron nuestra risa,
en el desapego que sentiste
por tu propia imagen en el cuarto de mi desvelo,
por las ideas
que ya no cultivabas en el jardín
erigido por las ramas de mi fragilidad y mis temores,
por la memoria de la niña que jugaba
entre las notas de una canción perdida en el olvido
y un corazón roto y desesperado.

II


Ya no conoces el rumor del viento
en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes
mientras la tarde se pliega en tu rostro,
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota,
sufre la soledad del hombre ante la muerte,
solloza en los relojes la crueldad de Saturno;
ya no escribe mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Ningún lugar (2018) - 29 de septiembre


Algo ocurre cuando un poeta no quiere hablar de sus versos.
***
Esta ciudad que fue cuna de mi agonía,
hoy me lleva hasta el mar profundo de la queja.
(No hablaré de poesía)

Estarás sola cuando llegue el cartero
y pregunte por otra dirección,
¿sabes dónde vive la tolerancia?
¿dónde la generosidad que nadie tuvo contigo?
¿dónde encontrar el milagro de una sonrisa sincera?

Se hace tarde, la esperanza ha pasado,
la ciudad se cubre de una neblina fluorescente,
de banderas enterradas en un mástil vencido
que muestra las cadenas
de una derrota que gime en tu cabello
y brilla en las alfombras oscuras de tu cuadro de aforismos,
y hay muchachos que escriben en el rostro de la calle
sueños y rabia con un verbo descontrolado
que ya no tiene orilla y vuelve a la distancia
del mar que lo inunda,
hay quien pasea
sin saber hacia dónde se encaminan las hojas
que morirán sin pluma y sin abrigo
ante los muros que caminan en el silencio
de los portales que abrazan la queja de los pobres,
el llanto de los lirios que gritan en los ojos de los charcos,
quien tiembla ante el recuerdo del amor
como si fuera un dios que no le perdonara
haber nacido con una sonrisa triste
como la tuya, como tu enredadera y tu recuerdo,
quien canta en las aceras
cuando en los árboles danza la soledad de un banco,
cuando la luna, los trajes y los requiebros
de un amante que sufre se han perdido
y un sobre abre la bruma que empaña la ventana
del vientre de una brisa que se entingue.

Siguen pasando los coches y te quedas ensimismada
con los fragmentos de belleza
que proyecta la luz de los faros sobre la lejanía
mientras tu corazón se acerca
a la fragilidad de un sueño inacabado,
a una ruta cortada por un murmullo de voces que no comprendes.

Nadie te espera, nadie te necesita
pero yo entregaré tu nombre a la rosa de los vientos
cuando haya una herida en la sombra callada de una estrella,
cuando el norte se apague y tenga para siempre tu sonrisa.

***   ***   ***



Algo ocurre cuando un poeta no quiere hablar de sus versos.
***
Esta ciudad que fue cuna de mi silencio
hoy me lleva hasta el mar profundo de la queja.
(No hablaré de poesía)

Estarás sola cuando llegue el cartero
y pregunte por otra dirección,
¿sabes dónde vive la tolerancia?
¿dónde la generosidad que nadie tuvo contigo?
¿dónde encontrar el milagro de una sonrisa sincera?

Se hace tarde, la esperanza ha pasado,
la ciudad se cubre de una neblina fluorescente,
de banderas enterradas en un mástil cansado
que muestra las cadenas
de una derrota que gime en tu cabello
y brilla en las alfombras oscuras de tu cuadro de aforismos.
Hay muchachos que escriben en el rostro de la calle
sueños y rabia con un verbo descontrolado
que ya no tiene orilla y vuelve a la distancia
del mar que lo inunda,
hay quien pasea
sin saber hacia dónde se encaminan las hojas
que morirán sin pluma y sin abrigo
ante los muros que caminan en el silencio
de los portales que abrazan la queja de los pobres,
el llanto de los lirios que gritan en los ojos de los charcos,
quien tiembla ante el recuerdo del amor
como si fuera un dios que no le perdonara
haber nacido con una sonrisa triste
como la tuya, como tu enredadera y tu recuerdo,
quien canta en las aceras
cuando en los árboles danza la soledad de un banco,
cuando la luna, los trajes y los requiebros
de un amante que sufre se han perdido
y un sobre abre la bruma que empaña la ventana
del vientre de una brisa que se extingue.

Siguen pasando los coches y te quedas ensimismada
con los fragmentos de belleza
que proyecta la luz de los faros sobre la lejanía
mientras tu corazón se acerca
a la fragilidad de un sueño inacabado,
a una ruta cortada por un murmullo de voces que no comprendes.

Nadie te espera, nadie te necesita
pero yo entregaré tu nombre a la rosa de los vientos
cuando haya una herida en la sombra callada de una estrella,
cuando el norte se apague y tenga para siempre tu sonrisa.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Apuntes indiscretos sobre Pasolini; una noche en los infiernos

          


Creo que, por desgracia, no hay que recordar mucho para encontrar el mundo que denunciaba Pasolini. El debilitamiento de la sociedad sagrada en Occidente no ha hecho que esta haya  sido sustituida por otra con verdaderos valores humanistas.
(9 de junio de 2018)



Creo que debemos conocer a Pasolini, estemos de acuerdo o no con sus posicionamientos; dio motivos sobrados para cuestionarlos, en buena parte por una inconformista tensión constante que le hacía buscar la originalidad y desechar los tópicos más aceptados; su polémico punto de vista sobre el aborto no satisfizo a nadie. Pero quienes escribimos debemos insistir en su poesía, a veces pasan largos años sin que surja un poeta de su talla.
(7 de octubre de 2018)


Pasolini, en sus dos facetas más destacadas; la poesía y el cine, pasaba con suma facilidad de la genialidad al atropello, pero en ellas encontró lo más perdurable, yo añadiría, como su otra cumbre, la entrevista, un arte apenas reconocido e improvisado, en el que siempre buscaba la calidad estética y el compromiso, para mí incomprensible cuando lo basaba en la simple provocación del escándalo, ¿hay algo más escandaloso que decir simplemente la verdad a pequeño-burgueses que sueñan con la burguesía e imitan su decadencia? Su final, sinceramente presentido, podría haber formado parte de uno de sus guiones, sería el mártir en el que creía con el candor mortificado de un niño católico obnubilado por los brazos protectores de su madre. Probablemente nunca tuvo tiempo para escribir poesía, para corregirla o buscar la palabra exacta, el concepto adecuado, aun así dejó poemas que debiera conocer todo aquel que se asoma al mundo de los versos. Cuando empecé a conocer su obra dije, y el tiempo me ha ayudado a corroborarlo, que Pasolini partía de un lugar en el camino adonde no llegarían nunca incluso poetas de renombre.
(24 de octubre de 2018)




Ciertamente, Mirta, se me ha hecho corto tu comentario, perdóname si me he equivocado al llamarte, en España lo más normal es tener dos nombres y es, hasta cierto punto, frecuente que se nos llame por uno solo que no coincide con ninguno de los dos.

La luz del sol sigue madurando,
lejos andan los vendedores ambulantes;
sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados
del mundo,
por las calzadas de indecible perfume,
en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.

(Pasolini – 1962 Las hermosas banderas – Traducción de Guillermo Fernández)


Me sorprende que, con respecto a Pasolini, algunos me hayan tratado como a un Jeremías extraviado. Respeto a todos los poetas y no niego ninguno de sus méritos pero pienso que la mayoría de los poetas endiosados, a pesar de su vasta cultura y su pulcritud a la hora de escribir versos, quedan lejos del alma apasionada del poeta boloñés.(26 de octubre de 2018)


Quizás haya demasiados que articulen la muerte de Pasolini haciendo referencia a los hechos y a través de ellos entrar en el pozo insondable de las especulaciones, quizás se haya acaparado demasiado en el simbolismo trágico de que fuera aplastado por una de sus debilidades menos perdonables, esa que le acercaba algunas veces, muy a su pesar, a la decadencia babilónica contra la que clamaba apasionadamente y sin ningún miramiento. No debemos pedirle más a un hombre, hasta Cristo llegó a perder la calma. Pero en el hito más importante de nuestra civilización cada error nos recuerda a los de Cristo, cada pasión de alguien que arrastre una cruz es la suya.(25 de diciembre de 2018)





Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas... 

(Pasolini - Análisis tardío -Traducción - Hugo Beccacece)



No recuerdo en este preciso momento si fue su propio y lujoso coche el que acabó deformándolo, aplastando sus órganos y sus huesos, el instrumento póstumo del martirio, como le dije a nuestra entrañable compañera, Roxane. Cada minuto de escritura nos exige demasiado, quedará escrito lo que podrá leerse cuando pasen los años, podrán ser evaluados los errores de sintaxis, las faltas de ortografía, el desconocimiento cada vez más profundo que tenemos de nuestra alma.

La grandeza de Pasolini, de Lorca o Antonio Machado no puede evitar que al hablar de ellos hablemos de sus muertes y que memoricemos morosamente los detalles que las precedieron y los que las siguieron, estoy seguro de que ninguno de ellos quiso morir por sus ideas pero, sin la tierna ironía de Brassens y muy a su pesar, es por lo que lo hicieron.

Reconozco que yo también hubiera preferido hablar de Pasolini con ropa de mercadillo y con un utilitario carente de extras que hiciera sonreír con burla a los jovencitos bellos y pretenciosos; la soledad de la muerte acoge en las mismas garras del silencio al burgués y al comunista.

(21 de septiembre de 2019)





jueves, 12 de septiembre de 2019

Modern times - Versión 2019

       Y de repente parecía que aquel mundo podía acercarse a nuestras manos, que había un lugar para nuestro sueño en el marasmo de las multitudes, que florecía la tarde cada vez que sonreías. ¿Por qué lo hacías tan poco cuando yo te miraba? ¿Por qué llegó la noche sin percibirlo apenas? ¿Te dije alguna vez que si hubiéramos podido ir a Nueva York la Estatua de la Libertad se habría arrodillado ante ti?
(Conversaciones con Laura)

A Ana Muela Sopeña y a Pedro Duarte






Somos cartas sin norte esparcidas en el viento,
islas sin recuerdos en un archipiélago aislado,
una rosa sin pétalos en el jarrón del olvido,
un grito en las tinieblas,
somos la mirada abstracta
de un sueño figurativo que no ha nacido,
el despertar de un monstruo inocente que muere
entre las pesadillas del hombre de la calle.

Ya conozco los latidos de estos tiempos modernos,
ya he bebido la sed de un amor
que no brilla ni se apaga,
se derrumbaron los muros, me dijiste,
pero sigue la barrera entre tú y yo
cuando hablamos del silencio,
de las incomunicaciones telemáticas,
de tu tarjeta sin firma que se pierde
en la nube querida de la infancia.

Somos la arena violenta que golpea
en el rostro de un niño dormido para siempre
en el cementerio de la playa,
aquellos que no escuchan a los muertos
que vagan por los periódicos,
llegamos siempre tarde al último combate
sosteniendo en los ojos que se cierran
una sonrisa amplia que bendice
los fusiles de la gloria, la libertad encadenada,
el hacha sin mango que agita el guante negro del verdugo.


       Ámate a ti misma, Laura; tengo la seguridad de que encontrarás a mucha gente que te quiera, pero cabe la posibilidad de que no encuentres a nadie que te ame. Todos queremos compartir la gloria de Occidente, pero solo unos pocos amamos su vulnerabilidad. Si encuentras a alguien bueno que te ame, aunque solo sea un poco, gozarás en cinco minutos lo que los perversos no disfrutan en toda una eternidad, por mucho polvo que dejen en la vereda, o sea, camino sin camino.
(13 de mayo de 2019)

viernes, 30 de agosto de 2019

Costana de Ribalta



Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
(Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero)


Llega un rumor 
de silencio que se abraza a tu figura
cuando pasa el último autobús de la frontera
y sostengo 
en la memoria el misterio del olivo silvestre 
en tu mirada,
en un espejo asustado 
los muelles que se alejan entre la bruma de un grito
que se hunde en el asfalto.

Te amo en este rincón de la ciudad que duerme
y aprisiona los sueños perdidos de antaño
que serían distintos sin tu huella en los cristales;
no hablaría de los faros la garganta
con la huella estridente de su canto en las tejas,
no hallaríamos las portadas escondidas
en la oquedad cargada por la inercia 
de los lunes cenicientos sin papeles y sin recuerdo,
te acosaría el alma de una sonrisa 
que no supo esperarte
en la herrumbre que llora la sed de las cancelas
desencajadas en los bosques de ladrillo, 
escritas por la nostalgia 
de tus manos ardientes en el suelo.

Vago en la quietud atormentada
de los muros encalados
que suben la implacable costana de Ribalta
y en el temblor errante 
de las luces encalladas que rezan en los umbrales
de la última puerta que se abre en el olvido,
en ese momento que has llenado de estrellas furtivas
como un pierrot desmaquillado
que se abraza a la cola que tiembla en otra luna
para encontrar tu destello en la noche del índigo 
que hunde su soledad en un canto oscuro
para llevar tu timidez antigua a un rincón de los lienzos
que esbozan un corazón amortajado
en una cometa inocente y desnortada
que nunca llega a alcanzar el lugar alto en donde sueñas,
aun así te persigo en las agujas sin brújula
que se pierden en el marco del óleo que tú amabas,
te abrazo en el rumor que desgarra el clamor de tu vestido
entre las sombras de los gatos que resisten 
en los colchones y en las sillas
de la colonia desnuda del taller arrasado.



miércoles, 7 de agosto de 2019

Volvamos a las calles 7 de agosto de 2019

Volvamos a la calle


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de su esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que saben morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una primera palabra.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada
mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,

***


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de la esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que sabe morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una palabra antigua.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada

mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,