martes, 20 de marzo de 2018

Marilyn Monroe - Un mito llamado mujer




¡No sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera en la soledad de la isla,
ni  cuántas recité a Ginsberg acariciando
su aullido iconoclasta,
 la ternura de tu rostro de ninfa enajenada!
(La niebla)

Desconozco las causas, Mirella, pero en la Televisión Española parecía que se hiciera un seguimiento especial al cine estadounidense de los 50, quizás los más avispados del régimen eran conscientes del retroceso que la industria del cine había experimentado en asuntos como la verdad y la autocrítica, y, en su estrechez de miras, se sentían dichosos y en calma a pesar de la tormenta. 

Marilyn estaba allí y el mito llamado mujer. Empezamos, no solo a través de ella, a sentir un culto reverente por lo perdido; el fantasma de James Dean buscando desesperadamente a su madre, la agonía del exilio voluntario de Orson Welles, la valentía fuera de la pantalla de Bogart poniendo en peligro su tranquilidad al manifestarse a favor de sus compañeros investigados o detenidos. La caza de brujas había desatado una histeria colectiva que sacrificaba la libertad en nombre de una seguridad que requería estar alerta para detectar a un enemigo que no existía.

         Creo que es bueno que miremos al pasado, en él muchas veces encontramos el origen de nuestras miserias actuales, nuestras ansias de querer reinventarnos sobre clichés de sobras conocidos que se nos ofertan como nuevos por los medios de comunicación y fracasan cuando tienen que enfrentarse a la fragilidad variable de la naturaleza humana.

Pienso que tanto Joe DiMaggio como Arthur Miller amaron realmente a Marilyn, el primero de ellos estuvo enviando flores a su tumba durante años y siempre mostraba un indisimulado orgullo cuando se le recordaba que alguna vez la actriz dijo que ningún hombre la satisfizo tanto en la cama como él. El matrimonio de ambos no duró mucho, se habla de los celos de él que no quería compartir a una mujer que nos pertenecía a todos, incluso a aquellos que no habíamos nacido aún,  y de las ansias de libertad de ella como los desencadenantes del divorcio. Como curiosidad puedo añadir que en los últimos meses antes de su muerte Marilyn barajó la posibilidad de volverlo a intentar con DiMaggio.

No volverá tu padre para sentarte en sus rodillas
y decirte que eres preciosa y tierna,
que no te dejará nunca,
te sentirás fuera de órbita en el planeta de tu madre.
(Una habitación sin alma)

Más complejo es analizar las causas de su ruptura con Arthur Miller, no siempre dos personas inteligentes se llevan bien y menos cuando una de ellas arrastra experiencias traumáticas y flirtea con el amor y las pastillas. El dramaturgo quizás no fuera el hombre que más amara a Marilyn pero fue sin duda, no hay más que prestar atención al guión de Vidas rebeldes, el que pudo penetrar con más acierto en su difícil carácter quebradizo, en su continuo ir y venir de las sonrisas a las lágrimas, su miedo a la vida, su solidaridad dolorosa con el sufrimiento de los otros, la búsqueda del padre que la abandonó cuando ni siquiera sabía hablar.
 

Algo que podría estar en el origen de la ruptura de la pareja fue que la actriz  se sintiera atraída por Carl Gable con un fascinación que traspasaba cada escena, lo que no escapó de la atención de Miller. Es probable que Marilyn hubiera resistido los requiebros del eterno galán de la sonrisa irónica y la mirada triste de quien empezaba  a sentir el frío aliento de la muerte, no así Norma Jean; una melancólica cantante arrinconada que escribía poemas, que nunca había sido niña y se entregaba por un gesto amable. Quién hubiera pensado que un capitán Butler perdido y derrotado sería el último gran amor de una muchacha sencilla que nunca podría enfundarse el fastuoso vestido de Scarlett O’Hara.  


2 comentarios:

  1. Fantástico texto Francisco.

    En lo personal y por lo que he leído a lo largo de estos años creo que Joe DiMaggio fue el hombre que más quiso a Marilyn de los esposos que tuvo. Tengo la sensación de que Miller la despreciaba en cierta manera y se sentía intelectualmente demasiado superior a ella, quizás sea solo una impresión mía.

    Respecto a Vidas Rebeldes, la volví a ver hace poco y sentí algo de decepción al comprobar que bajo mi punto de vista, el film sacado de su contexto, ha envejecido mal por los estereotipos representados. En cambio, con respecto a Marylyn, la encontré realmente preciosa en la que fue su última película finalizada, quizás la película que más guapa la he visto.

    Un placer leerte, te envío un abrazo.

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  2. Estoy de acuerdo contigo, Miguel, Marilyn nunca estuvo más bella que en "Vidas rebeldes", creo que a ello contribuyó que se sentía más insegura que nunca con sus 35 años y que dejó fluir su tristeza natural, solo pondría a su altura la escena de "I'm through with love" de "Con faldas y a lo loco" precisamente porque es un monumento a la melancolía en una película en la que llega a estar muy alegre.
    Con respecto a "Vidas rebeldes" te diría que a mí me ha pasado lo contrario que a ti, la vi hace muchos años y no la tuve muy en cuenta, volví a verla hace poco y cambié de opinión, entre las mejores películas de Huston aunque no esté a la altura de "Cayo Largo" o "Dublineses". Huston demostró siempre que le importaba más la vida que el cine y para él tuvo que ser un regalo encontrarse con tres actores excepcionales que habían bajado la guardia y al mejor dramaturgo estadounidense del momento, con permiso de Tennessee Williams, a su disposición para modificar lo que iba saliendo sobre la marcha. Quizás no debamos verla como una película al uso, en un momento deja de importarnos lo que pasa o el argumento, lo importante es ver como se interrelacionan los tres protagonistas, las miradas, los gestos, como transmitían el drama que vivía cada uno de ellos.

    Yo también pienso que nadie amó a Marilyn como el héroe italo-americano y que todo hubiera sido más fácil si ella hubiera sido Norma Jean, no era un hombre preparado para estar con una estrella. Creo que Arthur Miller también la amó y que el problema, que acabaría reflejando un ligero desdén por la impotencia que sintió por no poder solucionarlo, es que llegó a comprenderla.

    Te agradezco mucho estos comentarios, Miguel. Un abrazo.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.