Dicen que mis
películas son nostálgicas, pero no me gusta esa definición porque suena a
enfermedad, a moho, a cosas descompuestas. La nostalgia sólo existe en
la conciencia de quienes se sienten atrapados por sus recuerdos.
(Fassbinder)
de Fassbinder viviendo la angustia de un esquema
en tu letra temblando sobre un pájaro herido,
(Nocturno de Las Huertas)
He arrancado silencio en las vidrieras
del ardiente gemido aletargado
que se apodera de tus labios y del carmín
para llevarte una canción que permanezca
clavada en el puñal
de mi voz martirizada,
para apartarte del castigo que solloza
en la ventana hundida donde tu verdad se quiebra
ante las cruces quejumbrosas
del portal
que triste entonaba Lili Marleen
bajo el latido amargo de las luces apagadas
que aún tiemblan
en la profanación honda de mis cenizas
vertidas en la urna de una memoria desquiciada
entre los árboles que lloran en el crepúsculo
que atraviesa el horizonte y suspira por tu ausencia
y desgarra una promesa atormentada
en la soledad sin aristas del cristal
que refleja tu olvido y pronuncia lentamente
la lágrima profunda que se acantona en tu mirada.
*** *** *** *** ***
26 de agosto de 2020
Desesperación
Tal vez todo sea una falsa
existencia, un mal sueño.
(Vladimir Nabokov)
Tu mirada de evadido sin fuga
(delatada por ese ángulo impreciso)
rompería la noche
rasgaría tu rostro
rondador de ruletas heridas
y barras dilatadas por un sorbo de luz
y un encuentro de espejos
con olores oscuros y ventanas desesperadas.
(Todas las máscaras se parecen
Todas las historias encuentran su héroe y su doble La condena al
terrenal extravío germina en los gestos insomnes La ilusión se
repite ¡Muy bien. Corten…!)
Tensada a la soledad
una retorcida lágrima
buscaría las venas de tu goce
carnal fragmentación de una canción en grito
o estallido final que lo comienza todo
para sospechar solo el silencio.
(Fassbinder)
La película que has elegido Hallie, La ansiedad de Verónica Voss, el testamento de Fassbinder,
merece una mayor consideración como obra de arte para críticos y
aficionados al cine que Lili Marleen. Parece que los cinéfilos no le perdonan al
artista alemán que, por fin, contara con un alto presupuesto para
realizar una película y que le dieran el tiempo que siempre le faltó y que da a
alguna de sus películas más aclamadas un aspecto un tanto cutre y
desaseado en el que fluye una improvisación que no siempre era acertada, pero dotaba de agilidad narrativa al relato de sus sucesivas y eternas frustraciones. Para
mí, Lili Marleen es una obra maestra que se juzga por los entendidos por
sus fallos y por la omisión de sus virtudes, la más acentuada de estas es que
hace prevalecer una historia de amor imposible y desgraciada sobre la
perfidia lúgubre del nazismo, cada vez que aparece la canción
experimentamos el milagro de la luz de la tristeza. Te dejo el primer poema que he leído de Fassbinder,
siempre me ha asustado un poco leer a los poetas míticos alemanes, creo
que nadie más que ellos rinden un culto tan alto a la musicalidad, esa
que no suele conseguirse en las traducciones. No indico el nombre de
quien ha hecho la versión porque no ponen al pie su nombre. El artículo da a
entender que está traducido de la versión inglesa, no del poema
original.
Olvídate de los grandes deseos
No tiene sentido sufrir por lo perdido.
Olvida las estrellas y su cielo,
ahí está el lugar al que pertenecen ".
Cuando Krohn escucha esto, grita:
“¡Apágalas! Apágalas inmediatamente.
No vuelve nunca lo que nunca tuvimos
aunque nos llegue su latido cada noche.
(Fassbinder - La ansiedad de Veronika Voss - Variación - F. E. León)
Honestidad no es sinónimo de coherencia, Ana, y sí lo es, estoy en desacuerdo con ello. Fassbinder,
como todos los creadores compulsivos mostraba con crudeza todas las
contradicciones de la naturaleza humana. Si aquella frase de que ya
dormiré cuando esté muerto no fue el primero en decirla parece que
estaba destinada a definir su paso por el mundo. Para ello se ayudó de
las drogas que espantan el sueño, ese dopaje del mundo artístico que no
es controlado por ningún organismo. Aunque su obra maestra, Berlín
Alexanderplatz, muestra los días más deplorables y humillantes de la
República de Weimar y cómo la receptividad que aquel desbarajuste provocó en
la población el deseo de la llegada de un líder espiritual, de un
gobierno firme que plantara cara a los sangrantes Tratados de Versalles,
y que hiciera una incursión fascinante e infravalorada del nazismo
durante la guerra, centró la mayor parte de su obra en criticar de una
forma corrosiva el Milagro alemán al que acusaba de una doliente
hipocresía provista de una autosatisfacción ampulosa que miraba de
soslayo las monstruosidades que su país perpetró en el pasado, entonces
aún reciente, y de la corrupción de la clase política. Su mirada
pesimista sobre la emigración, subrayando la musulmana, fue profética.
´Pero él no aportaba de una forma explícita soluciones, se limitaba a
narrar, el hombre, para él, era un prisionero eterno de su propio
comportamiento, el sentimiento solo puede salvar a los privilegiados que
saben transcribirlo a sus actos. La angustia y la desesperación son a Fassbinder lo que el halo poético y la añoranza de un orden antiguo poco amigo de la ley del Ford crepuscular.
En estos
tiempos, que no acaban de definirse y del que hablaremos en el futuro,
parece que sea verdad que por amor nos castigamos, Pilar. Muchos hombres
y mujeres acaban encontrándose en campos de concentración sentimentales
donde abundan las torturas emocionales, se sufre amargamente y aun así
hay quienes deciden permanecer en el infierno porque acaban actuando
como si tuvieran la convicción de que la pérdida del ser querido, y a
veces también odiado, y la soledad son peores.
No cabe duda, Rafel, de que Elvis sigue
vivo, sus adoradores nos lo demuestran a poco que tengan una oportunidad
por peregrina que sea. Pienso de ello que, hasta cierto punto, no es
algo bueno ya que sus últimos años en Las Vegas nos mostraban un ídolo
roto con una elección lamentable del vestuario y una acelerada
decadencia física que lidiaba con un repertorio, con interpretaciones
geniales muchas veces, que había sepultado a aquel joven que había
proyectado en todas las direcciones sociales la vitalidad irrefrenable
del Rock'n'roll. La vida, como el cine, es una cuestión de conjugar las luces con las
sombras. Hablo del cine expresionista de mi país, de los años veinte
principalmente, de los distintos colores del blanco, el radical colorido
del negro en las sombras.
(Fassbinder) Fassbinder sigue vivo de otra forma
aunque muy pocos adviertan su presencia. Se manifiesta su impronta en la
deriva de una sociedad muy parecida a la que tenemos y que ha
renunciado, sin percibirlo, a la libertad a cambio de un bienestar
difuso y desequilibrante, muy mal repartido, lleno de prejuicios hacia
quienes tienen en la pobreza, esa diosa implacable con la moral, la
diferencia que los identifica. Fassbinder
sigue vivo, pero no es él sino su obra la que lo refrenda y hay mucha
gente que recita sus poemas aunque no quiere saber el nombre del autor,
acusándole, tal vez, de insolencia..
09 Sep 2020 10:10
Siempre es para
mí algo especial hablarte, Roxane. Ya te he dicho anteriormente que el
lenguaje nos muestra sus limitaciones a la hora de comunicarnos entre
nosotros, pero pienso, eso es lo que me ata a ti, que coincidimos en
aspectos emocionales y que llegamos a paralelismos escalofriantes en
cuestiones de este tipo que justifican por sí mismas el sentido, o falta
de ello, de la vida. No me parezco en nada al artista alemán, yo podría
ser identificado por mis signos exteriores como un pequeño-burgués al
uso, pero guardo un recuerdo imborrable , y puede que sombrío, del
tiempo en que se cruzó en mi camino, yo verdaderamente veía la 2. Él no
encontraba una solución para el hombre, era como si tuviera a "El
Buscón" entre sus libros de cabecera. Sus personajes no cambiaban de
hábitos después de la debacle y el epílogo era que continuarían así
hasta la muerte.
30 de noviembre de 2020
Creo que hacemos una aportación valiosa sobre el hombre que
reflexionaba, insertándola, muchas veces, en sus guiones, sobre la
poesía que ayuda a seguir respirando cuando se nos escapa el aire. Es
siempre densa y precisa, Hallie, como ese algo de lo que no queremos
apartarnos, cuando todo se ha perdido, nos acercamos a esas palabras
cuando nos sentimos rotos, los edificios humanos no emergen como una imagen
que se sostiene en el alma, como una estrella que no acaba nunca de
salir porque no sabe cómo hacerlo, como un amor que cae y se rebela inútilmente contra el olvido.
Creo que aquí es importante que tomemos consciencia de un poeta
espontáneo y sincero en una Europa desorientada que supo definir desde
la realidad de un Alemania que no supo digerir la miseria que acarreaban sus logros, ni devastar los monstruos
siniestros de su pasado. Acabó transmitiéndonos a todos un sentimiento de culpa que todavía nos llega.
5 de febrero de 2022
He perdido la percepción de este poema, Alejandro, aunque no llega a
preocuparme sus fallos de medida, si me preocupa no haber logrado con
cierta extensión reflejar una dimensión más aproximada de un creador
compulsivo.
Hace un par de años escribí cuatro poemas que sacaron lo mejor de mí.
Tenían como referencia cuatro fotografías de Silvia Plath al pie de las
cuales había escrito unas anotaciones. Acabé nervioso y agotado, tres
horas son demasiado largas para quien no tiene mucha capacidad de
trabajo. Decidí borrarlo; estaban llenos de indiscreciones que afectaban
a mi amante; el arte no está por encima de todo. Me arrepiento cada vez
que lo recuerdo. Un héroe monolítico no hubiera dudado una sola vez de
que hizo lo que debía. A ver cómo nos quedamos después de ver escapar
una oportunidad perdida. Fassbinder saturado, quizás, de describir con
crudeza y con rabia el lado oscuro del Milagro Alemán había decidido
indagar en los últimos años del nazismo y se le escapó por sentirlo
demasiado cerca. Estaba ya inmerso en la que sería su obra maestra,
seguía con las drogas, con la promiscuidad sin distinguir de sexo, con
la obsesión contraria al sueño, convencido de que su mejor poema nacería
de la imagen que nunca quiso rodar y lo asumió con la determinación de
Tom Doniphon cuando quema la casa que quería compartir con su chica, Hallie, que acaba enamorándose del orden y la ley.
6 de febrero de 2022
La poesía es la misma cuando ilusiona y cuando provoca náuseas, es la
misma cuando se consagra a la naturaleza, sería tu caso, y cuando se
emplea en fetiches innecesarios creados por el hombre. Nunca podré saber
que pensaría Fassbinder de este poema, aunque supongo que me tildaría
de blando, que mi lado salvaje se había perdido con mi educación. Él sin
duda no sabría que se puede escribir sin fe, que la sociedad burguesa
nos arrastra incluso a los que nos posicionamos en contra de ella.
Lily
Marlene es la canción alemana más popular, ni siquiera la aguanta "La
canción de la novia del soldado" que Kubrik pusiera en nuestra memoria.
Fassbinder no indagó en la I Guerra Civil Europea, puso su objetivo en
lo inmediato; el Milagro Alemán es una consecuencia de la II Guerra
Civil Europea. En este punto se equivocaba sin duda, el arte se puede
permitir el lujo de cometer errores, podemos escribir prescindiendo de
la poesía. Al final es el amor lo que redime, nada mejor para ello que
narrar la historia de un romance imposible.
10 de febrero de 2022
Aunque no esté de acuerdo contigo (respecto al cine) vuelvo a quitarme
el sombrero (es la segunda vez que lo hago en esta noche, celebrando, en
esta ocasión tu comentario-crítica, Óscar). Pero las cosas son buenas o
malas dependiendo del uso que hagamos de ellas; la mayoría de la gente
lee sin pensar; te necesitamos como lector. Yo no habría escrito
nunca poemas como Norma, La strada si no fuera por mi sincera, querida
y elemental cinefilia. Tampoco el Epílogo de Bruce Banner sin mi pasión
adolescente por el cómic, por los héroes atormentados de Stan Lee en un
lugar preferente.
Creo, Óscar, que hoy en día la poesía es cantada por la cámara de un
realizador de cine o por la guitarra de un héroe del rock. Fassbinder
solo contó con la ayuda de la industria en sus dos últimas películas
(tiene unas 40 y dos series de televisión) No me gusta la poesía
declamada, me gusta leída en silencio y, sobre todo, cantada. Los poetas
somos revolucionarios y reaccionarios al mismo tiempo, en cuanto
estamos enfermos de nostalgia al constatar la imposibilidad de que vuelva lo perdido. El rechazo
patológico de la nostalgia por parte del alemán tendría el mismo origen que en
Jim Morrison la obsesión por no mirar el pasado, son posturas
comprensibles en personas perdidas que llevan una vida disoluta.
Fassbinder narraba lo que veía en los 70, lo que le dolía en un presente
que suponía que podría ser comprendido en su locura por las
generaciones venideras.
No creo que este poema tenga mucho que decir si no es introducirnos en
el poeta que había en Fassbinder, un cineasta obsesionado por desmontar
el mito de la poesía y su relación morbosa y antiestética con el cine.
Siempre quise saber a quién miraba
la chica de la foto,
de quién lleva en las cejas un umbral de flores amarillas
y por dónde respira el fanal de su inocencia,
su candidez exacta.
(Vicente Martín)
I
Regresé de la muerte para hablarle a la soledad
y sentir en tu desierto
el miedo y el aullido de un profeta olvidado,
para hundirme en las islas abandonadas
que emergían
entre los edificios exangües y ruinosos
de una ciudad antigua que no podía abrazarme
sin las sábanas húmedas
que mecieron nuestros cuerpos
ni creer en la esperanza de los santos amortajados.
Escribí palabras de amor en el corazón del puente
que no quería llevar tu nombre
y no esperaba a nadie entre la gente solitaria
que pasa por la calle
y no encuentra calor ni fuerza en el camino.
Sufrí en los lugares que tuvieron nuestra risa
por el desapego que sentiste
de tu propia imagen en el cuarto de mi desvelo,
por las ideas
que ya no cultivabas en el jardín
erigido por las ramas de mi fragilidad y mis temores,
por la memoria de la niña que jugaba
entre las notas de una canción perdida en el olvido
y un corazón roto y desesperado.
II
Ya no conoces el rumor del aire
en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes que se escapan
mientras la tarde oscura
se pliega en el silencio de tu rostro
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota anunciada,
sufre la soledad del hombre ante la muerte,
solloza en los relojes
por la eterna crueldad del tiempo con Saturno;
ya no escribes mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto,
a la sonrisa tierna que llora entre los sauces.
III
Estás ahí, en ese trozo de papel borrado
que ya no habla de cambios
y de justicia
en los tugurios donde la bruma se detiene,
estás en mis brazos cuando sueñas
con el deseo de amarte por encima de las hojas
y de la muerte
cuando respiras en mis labios,
estás con mi sombrero azul de fieltro en mis rodillas,
caminas por el nácar de un negativo oscuro
como la nube de polvo que mecía
cada mañana tu almohada con mis manos
y el vestigio de una plegaria perseguida
por la virgen sin luz
de la capilla sin nombre y cerrada
por la sangre que perdía el clavel del Mentidero.
IV
El poema manchado de tu silla
y el vino de la noche
descienden a tu rostro de sirena exiliada
por el vuelo nervioso de una alondra
que no pliega las alas y emprende otro camino,
como un hueco en el salón
que golpea en las ramas de una puerta ebria y atormentada
como la juventud que no fue nuestra
y llora
cada vez que me asomo a la veranda de tus labios,
al amargor de los helechos
de un niño ciego amortajado por el amor
que no supo querernos cuando llegó la noche larga.
V
Dame tu despedida
para seguir viviendo,
mariposa de luz
de un tiempo que moría.
Estaré siempre en esta terraza
fumándome el mismo cigarrillo
mientras te espero,
en una servilleta habré destruido
un poema de amor desesperado
con los vidrios quebrados de tu ausencia,
con la inmensidad de la última caricia
que se hundía en los labios carnosos de la resaca
cuyo rumor aún te asusta cuando golpea en tu finestra.
Estás ahí, en ese trozo de papel manchado
que ya no habla de cambios y de justicia,
porque mueres en mis sueños cuando sueñas,
en el deseo de amarte
por encima del tiempo
y de la muerte cuando no estás y respiras,
en mi sombrero de fieltro y mi chaqueta,
en la nube de polvo que mecía cada mañana
los vestigios de las plegarias perseguidas
que se perdían en la taberna
y el vino por la noche,
en el vuelo nervioso de una gaviota
que plegaba las alas y emprendió otro camino
llamando a la puerta de un libro atormentado,
llorosa, ebria, torpe y ensangrentada.
La isla no me dijo que sería fácil
encontrar un sendero en la niebla;
es duro`aprender a vivir con el levante,
constatar que no hemos dejado de llevar
a los mártires a la hoguera de los mostradores del mundo,
de tejer una corona de indiferencia
sobre la herida de los poetas
que fueron derrotados por el clamor de los silencios,
sobre la niña que cantaba
entre mis notas y el desgarro del olvido,
que no conocía
el rumor del papel sobre las hojas,
la sangre clara brotando en los veneros,
ya no miraba el interior de la colina
en mis ojos
cuando caía la tarde,
no volvía a la Piedra del barranco que tuvo nuestros cuerpos,
a la oscura arena del Chorrillo que cantaba, ni a tu rostro.
Vuelvo a esa fotografía con las ansias
de retener un instante del aliento
que no supe vivir ni poseer,
de contemplar cómo era tu mirada, aunque estés en otro tiempo y hables en otra lengua,
quiero arrancarte del mar
que nos alejó de nuestra deriva entrañable,
del poema sin luz que alumbraba los tugurios
enclavados en la lonja y en las sierpes,
en el corazón que aún vibra
con los besos que no llegaron a derribar los muros,
con el halo inmortal de tus caderas en el muelle.
Vuelvo a la sonrisa que me escondías
en los días de licor y de cerezas,
recordaré las lágrimas que arrastraban los sollozos
con cada canción que se clavaba en lo perdido,
la soledad de la playa
cuando los niños se habían marchado
y la iglesia se convertía en una isla,
miraré en las paredes que resisten las estaciones
en tu retrato húmedo
que yace sobre la melancolía de un vencido,
sobre una promesa de amor escrita en el agua.
VI
Te desearé en las escalinatas
que no conoces,
pensando en la amargura que me traen la sombras,
que se adueña de cada habitación que cruzo
como un pájaro que ha perdido la paz,
y espera en la puerta del museo
que no supo guardar la inocencia de tu blusa,
en la soledad del puente donde muere la rosa
y pasan los escombros,
en el arco que mece las cenizas de la tarde
mientras me hiere el aire que siempre llega
con la sábana ardiente que tejiera tu mirada
y me dice que ya no serás la misma,
que pensarás en mí en cada latido,
que llorarás el filo rasgado de mi ausencia,
pero no podré verte con los ojos de antes.
Desgajado de amor,
ebrio de sangre,
¿Hacia dónde camino
ora que he madrugado,
para escuchar al pájaro
enjaulado de muerte,
para desvanecerme
de mí que no me hallo,
y quedarme sin ti,
que mentías sonriendo?
1
Bruce Banner siempre lo estropea todo,
intenta solucionarlo pero no puede.
sentado en el monte, ensimismado,
con una lágrima que brota
en sus ojos asustados.
No tiene inteligencia
y quisiera morir,
como un monstruo de feria
atormentado.
Una vez más, ha perdido el control;
hiere a quienes ama
sin saber lo que ha dicho,
sin medir lo que ha hecho,
y quisiera morir,
no escuchar sus pensamientos.
Cuando necesité que fueras
grande y poderoso
y me apartaras de esta gente y sus risas,
un frío intenso barrió
el simulacro portuario
donde los borrachos nostálgicos lloraban
el alcohol en la sangre derramado. 2
Pregunté a Bruce Banner
y al monstruo de Frankenstein
por qué tenía que odiarme a mí mismo,
por qué tiraba en una sola noche
lo que mi corazón había guardado con esmero.
Pregunté a Bruce Banner
y al monstruo de Frankenstein
por qué veía sus caras en el fondo de mi espejo
cuando me miraba
después de cada fiesta.
Yo que apenas puedo hablar de mi ansiedad,
sé que está aquí,
que no sabe esconderse cuando me reclama
con lazos verdes y oscuros
en el aire flotando,
abriendo las heridas
como una madrugada que no puede llegar,
donde sangra el recuerdo de la errática noche.
Yo sé que está aquí para quedarse.
Tras la fiesta no hay rabia
sino melancolía
y el más profundo
desconocimiento de mi ser.
Ambos siguen en silencio en el fondo
del espejo que rompí para no verme,
en los trozos adheridos a mi lejana
adolescencia
cuando leía con frenesí aquellos comics,
historias de monstruos que no sabían reír,
sueños de poeta que retaban a la muerte,
fiestas sin freno orilla un lago frío
donde el monstruo inventaba al hombre
y el hombre era miembros desgajados. 3
Enganchado a una sonrisa de amor
que encontré en el olvido y ahora no recuerdo.
Apartando el pensamiento de mi esterilidad,
consolándome en lo que ha entrado en duda
y antes era cierto,
estrechando el cerco sobre lo que creía que era mi vida entera
y ahora se derrumba sin saber adónde va
o cómo se presenta en el bar de los intentos.
Tengo por cierto que algo ha cambiado, que los profetas
nos hablaban de esta amarga recaída buscada con empeño,
y reímos, reímos.
Ha llegado el instante de empezar a llorar,
a llorar por los hombres, el mundo y los momentos.
4 Respirando
Respirando en la calle que mira a los barrancos
y ha cambiado de esquinas que no te reconocen,
sosteniendo la sombra del paso del cometa
y arañando el recuerdo de los niños sin rostro
vuelves a la tristeza de tus ojos perdidos.
Teñida la verdad por el verde ambulante
del oscuro fundido en la hiedra del muro,
te acercas al rincón donde tiemblan los besos
y la noche se mueve como una calma inquieta.
Se acabaron las farsas
cuando el fin se aproxima
y vivir es fingir el sueño de la muerte,
te precipita el tiempo a golpe de navaja
sin opción a que el pecho
quiera ser traspasado.
Se pierde el maquillaje cuando Betty te llama
como si fuera otra la misma que ha venido.
Luchas contra los vientos donde el mar palidece
y ella sigue rimando el llanto de las olas.
Ya nadie reconoce que pasaba el amor;
era su pelo largo, extraño era su acento,
respiraba su boca como una estrella ausente.
Se pierde el maquillaje y en un arbusto queda
un jirón de tu aurora enredado en espinas
y tu alma se pierde en espejos sin luna
como una alondra herida que no aprendió a volar
y agoniza en los cables
o una romanza antigua que sepultó el silencio.
5
Canción deslavazada de amor y guerra de David Bruce Banner.
Perdido, sin saber que te duele y se asoma,
en esta alma errante que te acunó en sus manos.
En los días que pierden su nombre y su racimo,
en esta enredadera oscura que crepita
en tu noche de amor que no encuentra consuelo.
Y siguen los anuncios, las poses, los estilos
en la ciudad que fue y extiende su cabello
para esconder la ira de los niños oscuros
que nunca conocieron el vientre de una patria.
!Ay, David Bruce Banner,
los muertos siguen quietos
hurgando en el camino,
listas en los periódicos que nunca se publican
para que sean rotas por almas que se mueven
lentas como la tarde,
miran, no reflexionan.
Los ángeles rebeldes buscan otro destino
para cuando regresen la verdad y el acanto,
no hay arrepentimiento, dolor simple en grisalla.
Ya no sabes leer, escribir o pensar
¿En qué bando luchaste, tú que amabas la risa,
qué rey quiso alistarte
siendo republicano?
Ya no buscas la playa batida por las olas,
ni el monte de la infancia vencido y amputado
no queda una palabra que te hable de amor,
sólo viejas canciones rotas que te persiguen.
Una sonrisa loca en los brazos de otro
te dice que tu barrio se adentró en la tormenta
y este viento de marzo arrancó tus malvones
para escribir la lluvia que chorrea en tus sienes.
¡Oh, tú que fuiste bravo y ungiste al vencido,
no puedes ir al frente sin saber por quién luchas,
quién disfruta en las guerras,
quién es el enemigo¡ 6
Cuando lleguen los días de una nueva derrota
y lleguen los harapos
a las piernas que vagan, edificios derruidos,
cuando lleguen los ojos
que doblen las esquinas y el ruido taciturno
que daña la memoria,
aniquila lo bello y rompe los oídos.
Cuando llegue la noche que no sea una tregua
y se instale en el árbol sin hojas de la ruta,
cuando no quede estrella para pedir deseos
y el verso se deshaga en el cielo de tu boca.
Cuando lleguen los días de una nueva debacle
y vuelvas a llevar aquel vestido nuevo
te esperaré en la esquina de la última cita,
con flores en la mano, un monstruo en la mirada,
un suspiro en los labios,
brillantina en el pelo
7
Último canto de Bruce Banner
Pasará el turbio pájaro de la noche en silencio
entre los edificios, los cables, las antenas,
porque será en lo oscuro
de un temor primigenio para que se vislumbre
el ascenso al abismo de una estrella que tiemble.
Arderán los deseos
de remover la huella del pasado sonriente,
de prolongar los besos y romper lo pactado,
perseguir tu recuerdo,
reclamar lo perdido.
Me alcanzará la muerte en una callejuela
de una sola salida que no pueda encontrarme
cuando se ahogue el último resplandor en mi huerto
y acabe la agonía de haber sido distinto.
Ya no abriré los párpados
lentos aunque lo intente
y luche con las sombras que firmen mi sentencia
como el toro orgulloso que no mira las tablas
y reta a los tendidos que celebran su muerte
No hubo un tebeo que me gustará más durante la adolescencia, hablaba de
aquel que detestaba la violencia y acababa usándola para defenderse; un
drama con tintes trágicos que atrapaba a un científico brillante,
reputado y amado por la mujer de sus sueños en la piel de un gigante de
color verde con el corazón y la inteligencia de un niño de cinco años y
una fuerza descomunal. Es acosado continuamente por su apariencia y
acaba perdiendo a su chica en el camino que las circunstancias le ha
marcado; una sonrisa loca en los brazos de otro...
Creo que es un homenaje a los héroes de Stan Lee, todos llevan una lucha
agónica contra la vida real, en todos empieza sus nombres y apellidos
por la misma letra y todos tienen amores condenados al fracaso, cuando
no a la muerte, así acaba la Gwendolyne de Spiderman, o viven en otro
planeta como la Shalla-Bal de Estela plateada o Mary Jane.
La Masa, así era conocida en mi tiempo y hazañas, debe lidiar
agónicamente con el hecho de ser diferente, solo utiliza la violencia
cuando es acosado ¡y lo es tantas veces! Su cerebro es el de un niño de
cinco años, su fuerza aumenta cuanto más se enfurece, tiene que ver a
una amada que turbiamente reconoce en los brazos de otro y esos besos le
atormentan, sin poder discernir a quién pertenece ese rostro, qué
significa en su vida, ahora que no le pertenece. No puede dejar de luchar
contra sí mismo, de ejercer la agresividad que detesta, quizás morir
sea la única salida. La indecencia de ser diferente que denunciaba
Ortega ha pasado a ser un crimen y el monstruo se resiste a darse por
enterado. Me impresionó, en su mejor época, que derrochara amor por un
vagabundo, o cuando lleva a un niño al hombro sin saber que es apuntado
por un cañón, recordaba la escena del film "El doctor Frankenstein" en la
que el monstruo llega a sentir una ternura infinita por la niña ciega
de un instante; la niña es una flor, y las flores flotan en el río.
Stan Lee es impagable en la educación de los adolescentes de los setenta, nunca estuvo más inspirado que en esos años.
Pienso, Israel, que todavía eres joven, lo deduzco así por tus poemas,
y, por lo tanto, la imagen de estos antihéroes te habrá llegado
suavizada en sus aristas más amargas. En los 70 florecía el cine
político y social, el realismo sucio que nos dejó vestigios
deslumbrantes en su oscuridad como "Taxi driver" y "El cazador de
ciervos" y los antihéroes, como bien dices, se volvieron jodidamente
complicados para el público al que estaban destinados. Ahí estaba Stan
Lee en su esplendor para llenarnos de una poesía profunda y depurada,
para arrebatarle sin miramientos a sus personajes el derecho a ser
distintos. Nuestros ídolos no eran actores guapos, ni altos, nada que
ver con Brad Pitt o Tom Cruise (curiosamente es bajo), defendían, a
veces, posturas marginales y poco gratificantes para el hombre común que
comprendía que en esa madriguera podrían haber acabado sus huesos si la
suerte no les hubiera acompañado, y nuestros personajes de cómic
estaban arrebatados por el mismo tormento que Al Pacino, Dustin Hoffman o
Robert de Niro, por el mismo pensamiento depresivo de no llegar a
parecerse a aquel que buscaban en su interior y que las circunstancias
implacables de la calle les había arrebatado el idealismo arrastrado al corazón
del abismo. El sumo campeón del dolor era Hulk, que en el fondo tenía
poco de increíble, solo era un niño de dos metros y medio de altura y
con un aspecto fiero que invitaba al intento de agresión , no le iba a
la zaga Spiderman con su justificado sentimiento de culpa que le
separaba de sus relaciones sentimentales. En el cine nuestras
referencias eran "Tarde de perros", "Perros de paja" y la inmortal "Taxi
driver". Si ellos eran perdedores nosotros queríamos imitarlos.
Nunca me sentí, Peter Pan, Julio. Stan Lee y su honda y comprometida
literatura me hizo pensar que, simplemente, era un niño perdido anónimo,
y he aquí que sigo siéndolo y no me duelen prendas reconocer que este
autor me habló al oído de la pesadilla del sueño americano y me invitó a
evitarlo, pocas cosas son más patéticas que alguien crecido en el
Desarrollisno español que tenga semejantes ínfulas. Su mejor
guion es, sin duda, cuando el tebeo había pasado ya a formato de
revista, cuando el monstruo recorre la América profunda junto a un
vagabundo sabio y negro. Esta relación extraña y forzada por
las circunstancias se convierte en el luminoso canto a la amistad entre
dos marginados que todo lo han perdido.
Una sonrisa loca en los brazos de otro
te dice que tu herida se adentró en la tormenta.
No puedo opinar, Francisco, ya que ignoro cuál es el poema con que los
que comparar. Soy consciente de la fragilidad de los dos primeros
poemas, a veces parece que no sé escribir o que no tengo imaginación,
será cuestión de reformarlos. Para mí el mejor es el último de la serie,
junto a dos poemas que los tengo en un disco duro en espera de poder
hacerlo funcionar. Te dejo un par de versos que recuerdo de uno de esos
dos poemas.
Stan Lee, Pilar nos venía a decir, desde su rincón de humilde guionista
de historietas, que estaba en contra de todos los totalitarismos, que la
mayor democracia del mundo toma posturas autoritarias y crueles, sea
invadir otro país para dar a sus habitantes libertad a la fuerza, quieran
o no, como decían Los Stones, o permitir que una empresa suya corone a
un dictador sanguinario que acorrala y mata a un presidente decidido y
solidario. Aquí intenta aniquilar a un monstruo porque no lo comprende y
eso hace que le quieran arrebatar la paz a toda costa, y, en fin, que
la mejor persona del mundo, arrastrada por los vientos contrarios, ha
podido ser mala alguna vez. Los políticos, las empresas, los
deportistas, el hombre medio americanos flirtean a menudo con las
trampas más atroces por intentar ser los mejores.
No
sigo por carácter,
la determinación no me arrastra,
mi única hazaña es seguir en pie
a pesar de tu mirada.
1
Ya
te lo he dicho antes;
no sé pactar una derrota,
la vida no me ha permitido
sostener
una bandera blanca
en
la mano, una toalla rota esperando en la esquina
donde cae la huella de un beso sepultado, un acuerdo sin sangre con la muerte y el olvido.
Aún veo emerger la tristeza en la sombra de tu rostro,
vago por los pasillos del tren que nunca llega
y no se detiene en tu mirada,
ya no encuentro el corazón de la ciudad,
ni las columnas de acanto
donde nos conocimos entre reproches,
no serás para mí la América que destroza las fronteras,
que no mira al pasado mientras recibe
ataúdes con medallas y sollozos.
Soñé que escribía tu nombre en el agua
que no vuelve a la mar,
que
escrutabas el olor de una metáfora vacía,
que brotabas en el infierno de una nube
fugaz y lastimera,
que sonreías con ternura cuando ya habías muerto.
2
Contra las cuerdas
Nunca te has preguntado si tengo miedo
cuando aparezco en la escena desafiante,
me pediste que te amara en la sonrisa
y en los reproches,
pero no pude
desterrar de mi mente a la muchacha
díscola y perdida
que se puso un vestido y un maquillaje prestados.
Estoy confundido por la voz de la memoria,
donde hundes cada deseo de liberarme
con una mirada espesa,
nunca te asomarás a mi dolor,
soy ese alguien que sufre contra las cuerdas,
que no puede librarse
de los golpes enmascarados
y se levanta de frente en el castigo,
ese alguien que no tiene una toalla
para arrojarla al centro de la muerte
y pregunta a las farolas
por la persistencia en su rostro
de los moratones profundos
que lloran en el recuerdo.