domingo, 10 de junio de 2018

Punta Almina




Como una golondrina atrapada en las nubes,
que no puede volar y se apaga en el mástil
de una barca de muerte
cantando a la deriva mustia de su lamento.
(12 de diciembre)

He querido abrazarte en el último estadio
de la canción lejana del olvido que vuelve,
ofrecerte las ruinas que resisten las olas
del muchacho innortado que acarició las cuerdas
de tu voz fugitiva, de tu cabello al viento
y las grietas intactas de tu alma
sin rumbo que detuvo la imagen de una nube
con las alas quebradas por los aires del Sur 
y el halo de la noche
que tuve tu sonrisa cerca de la Sirena,
que vuelve de las sombras y arrincona el sudario
del rostro adolescente
que añora el sueño breve que duerme en la quimera
y destierra el mar de los deseos
a la estrella que gime en un jardín cerrado,
a las piedras que sufren la furia de las aguas,
y halla su desmesura en la medida
de la cinta de raso que aprisionó tus piernas,
en el botón de nácar que despejó tu blusa
entre los crisantemos violetas de un naufragio  
y el llanto atormentado de una sirena cautiva.


2 comentarios:

  1. Precioso poema, Enrique, lleno de imágenes delicadas y evocadoras. Ha sido un placer, siempre lo es, deleitarse en el paisaje de estos versos que transportan a ese mundo tuyo donde los naufragios despliegan una sucesión de rincones poéticos. Un placer estar de vuelta y encontrarme esta joya. Un abrazo, querido amigo.

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  2. Supongo, Toño, que, hace unos meses apenas, habría llenado el poema de pies de página. Comprendo que sin ellos es difícil seguir el hilo del asunto, que solo algunos lugareños pueden coger el hilo de este fresco que se debatió durante un instante entre la irreflexión del solitario que habla con la mar y la asunción de una pena colectiva.

    Hay momentos para todo en esto de la poesía.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.