jueves, 12 de septiembre de 2019

Modern times - Versión 2019

       Y de repente parecía que aquel mundo podía acercarse a nuestras manos, que había un lugar para nuestro sueño en el marasmo de las multitudes, que florecía la tarde cada vez que sonreías. ¿Por qué lo hacías tan poco cuando yo te miraba? ¿Por qué llegó la noche sin percibirlo apenas? ¿Te dije alguna vez que si hubiéramos podido ir a Nueva York la Estatua de la Libertad se habría arrodillado ante ti?
(Conversaciones con Laura)

A Ana Muela Sopeña y a Pedro Duarte






Somos cartas sin norte esparcidas en el viento,
islas sin recuerdos en un archipiélago aislado,
una rosa sin pétalos en el jarrón del olvido,
un grito en las tinieblas,
somos la mirada abstracta
de un sueño figurativo que no ha nacido,
el despertar de un monstruo inocente que muere
entre las pesadillas del hombre de la calle.

Ya conozco los latidos de estos tiempos modernos,
ya he bebido la sed de un amor
que no brilla ni se apaga,
se derrumbaron los muros, me dijiste,
pero sigue la barrera entre tú y yo
cuando hablamos del silencio,
de las incomunicaciones telemáticas,
de tu tarjeta sin firma que se pierde
en la nube querida de la infancia.

Somos la arena violenta que golpea
en el rostro de un niño dormido para siempre
en el cementerio de la playa,
aquellos que no escuchan a los muertos
que vagan por los periódicos,
llegamos siempre tarde al último combate
sosteniendo en los ojos que se cierran
una sonrisa amplia que bendice
los fusiles de la gloria, la libertad encadenada,
el hacha sin mango que agita el guante negro del verdugo.


       Ámate a ti misma, Laura; tengo la seguridad de que encontrarás a mucha gente que te quiera, pero cabe la posibilidad de que no encuentres a nadie que te ame. Todos queremos compartir la gloria de Occidente, pero solo unos pocos amamos su vulnerabilidad. Si encuentras a alguien bueno que te ame, aunque solo sea un poco, gozarás en cinco minutos lo que los perversos no disfrutan en toda una eternidad, por mucho polvo que dejen en la vereda, o sea, camino sin camino.
(13 de mayo de 2019)

viernes, 30 de agosto de 2019

Costana de Ribalta



Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
(Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero)


Llega un rumor 
de silencio que se abraza a tu figura
cuando pasa el último autobús de la frontera
y sostengo 
en la memoria el misterio del olivo silvestre 
en tu mirada,
en un espejo asustado 
los muelles que se alejan entre la bruma de un grito
que se hunde en el asfalto.

Te amo en este rincón de la ciudad que duerme
y aprisiona los sueños perdidos de antaño
que serían distintos sin tu huella en los cristales;
no hablaría de los faros la garganta
con la huella estridente de su canto en las tejas,
no hallaríamos las portadas escondidas
en la oquedad cargada por la inercia 
de los lunes cenicientos sin papeles y sin recuerdo,
te acosaría el alma de una sonrisa 
que no supo esperarte
en la herrumbre que llora la sed de las cancelas
desencajadas en los bosques de ladrillo, 
escritas por la nostalgia 
de tus manos ardientes en el suelo.

Vago en la quietud atormentada
de los muros encalados
que suben la implacable costana de Ribalta
y en el temblor errante 
de las luces encalladas que rezan en los umbrales
de la última puerta que se abre en el olvido,
en ese momento que has llenado de estrellas furtivas
como un pierrot desmaquillado
que se abraza a la cola que tiembla en otra luna
para encontrar tu destello en la noche del índigo 
que hunde su soledad en un canto oscuro
para llevar tu timidez antigua a un rincón de los lienzos
que esbozan un corazón amortajado
en una cometa inocente y desnortada
que nunca llega a alcanzar el lugar alto en donde sueñas,
aun así te persigo en las agujas sin brújula
que se pierden en el marco del óleo que tú amabas,
te abrazo en el rumor que desgarra el clamor de tu vestido
entre las sombras de los gatos que resisten 
en los colchones y en las sillas
de la colonia desnuda del taller arrasado.



miércoles, 7 de agosto de 2019

Volvamos a las calles 7 de agosto de 2019

Volvamos a la calle


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de su esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que saben morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una primera palabra.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada
mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,

***


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de la esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que sabe morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una palabra antigua.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada

mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,

jueves, 25 de julio de 2019

Recuerdos de Lady Day


Te diré que te quiero;
nunca llegó el olvido
al corazón que aguarda y no tiene esperanza.
(Conversaciones con Laura - 17 de mayo



I

Cuando alcances el instante de aquella fotografía
que jugaba en las arterias de las sombras
llegarás a la soledad de un pensamiento 
que se aleja en el mar, de una mirada
que se cierra entre los edificios con amargura
y encontrarás la huella del rimmel encarnado
de una cantante que derrama su melancolía entre los escaños
abruptos que perdieron los laureles
y vuelven a la sangre
de una mariposa que se embriaga en silencio
con el último verso de un poema perdido
que podría ser él mismo que recitaste 
mientras yo te miraba
y que sigue cayendo
en tu alma cada vez que te llamo
con la desesperación de una estrella que canta su tristeza,
con la agonía de las farolas que se refugian en el olvido de las brumas. 

II

Solo puedo acercarme a ti para volver al silencio
y decirte
que eres el itinerario que perdieron las flores de la esperanza,
que tus velas se despliegan indefensas ante cualquier sonrisa,
que no quieres volver
a la frialdad de un requiebro innortado
hundido en la humedad de una almohada, 
que tu maleta encalló en el armario de los rieles del olvido,
y tu carmín se deshace en las fuentes ahogadas
de otra mustia melodía 
cuando fluyen la penumbra y el pesar de los escombros.

Ahora eres un poema cubierto por las hojas,
una resistencia amortajada 
que vaga en los andenes de los pasajes oscuros
con un llanto desesperado 
porque has perdido la llama oscura de los puertos
donde aún tiemblan las llagas escondidas
cuando cae tu voz en los dominios
descontrolados y perversos de la nieve de la noche.

Aún sostengo tu acento brotando en la cadencia
profunda y transparente 
del fraseo que hierve en cada quiebro afligido, 
aún espero que vuelvas desde ningún lugar.

He buscado tus zapatos en el techo de los parques,
en el rincón de los rastrojos
que juntos recorrimos con el alma estremecida,
con el vestido que aún vibra en la escena que muere
tierna entre tus labios, el bolso y la linterna.


martes, 23 de julio de 2019

He amado la sombra inquieta - 11 de junio de 2019

He amado la sombra inquieta
de tu vestido
en la nube profunda de tu canto,
la hiedra levantada inundando de palabras los muros
y la huella sentida que aún tiembla en mi garganta
cuando despierta la aurora de tu rostro.

He llegado a los tablones desiguales
de los atracaderos
esperando la llama oscura de tus manos,
en la farola de piedra
y su quejido de sombras cuando penetraba el humo
en la lúgubre taberna de los poetas vencidos
que nunca encontraron la ruta de un poema ,
en los juegos desarbolados
que llegaban a tu boca y encendían los deseos
en los mástiles desprendidos
 en la noche más oscura empapada por la niebla.

Solo puedo buscarte como una isla remota
que escucha en la mañana
la voz de los misterios
que levanta la huella de una palabra en la frente
que aún dice que me amas
y te entrego la higuera donde saltaban los pájaros,
el lienzo abandonado 
donde florecían los lirios y las ramas,
el cuaderno de espigas donde aún aparece tu nombre,
y te entrego 
la melodía de caricias 
que sonaba entre los arbustos en los recovecos de mi pasado,
entre la belleza peregrina de tu sonrisa en la almadraba, 
de los requiebros de amor que resplandecen en un poema mal escrito.

***

1


He amado la sombra inquieta
de tu vestido
en la nube profunda de tu canto,
la hiedra levantada inundando de palabras los muros
y la huella sentida que aún tiembla en mi garganta
cuando despierta la aurora de tu rostro.

2

He llegado a los tablones desiguales
de los atracaderos
esperando la llama oscura de tus manos
en la farola de piedra
y su quejido de sombras cuando penetraba el humo
en la lúgubre taberna de los poetas vencidos
que nunca encontraron la ruta de los versos ,
en los juegos desarbolados
que llegaban a tu boca y encendían los deseos
en los mástiles desprendidos
 en la noche más oscura empapada en la neblina.

3

Solo puedo buscarte como una isla remota
que escucha en la mañana
la voz de los misterios
que levanta la huella de una palabra en la frente
que aún dice que me amas
y te entrego la higuera donde saltaban los pájaros,
el lienzo abandonado 
donde florecían los lirios y las ramas,
el cuaderno de espigas donde aún aparece tu nombre,
y te entrego 
la melodía de las viejas canciones provenzales
que sonaban entre los arbustos y los recovecos del pasado,
entre la belleza peregrina de tu sonrisa 
inundando las barcas de la almadraba, 
de los requiebros de amor que resplandecen en un poema mal escrito.


***

1

He amado la sombra inquieta y tierna
de tu vestido azul
en la nube profunda de tu canto,
en la hiedra levantada inundando de palabras los muros
y en la huella sentida que aún tiembla en mi garganta
cuando despierta la aurora de tu rostro.

2

He llegado a los tablones desiguales
de los atracaderos
esperando la llama oscura de tus manos,
en la farola de piedra
y su quejido de sombras cuando penetraba el humo
en la lúgubre taberna de los poetas vencidos
que nunca encontraron la ruta de los versos,
en los juegos desarbolados
que llegaban a tu boca y encendían los deseos
en los mástiles desprendidos
 en la noche más oscura empapada en la neblina.

3

Solo puedo buscarte como a una isla ausente
que escucha en la mañana
la voz de los misterios,
que levanta la huella de una palabra en la frente
que aún dice que me amas
y te entrego la higuera donde saltaban los pájaros,
el lienzo abandonado 
donde florecían los lirios y las ramas,
el cuaderno de espigas donde aún aparece tu nombre,
y te entrego 
la melodía de las viejas canciones provenzales
que sonaban entre los arbustos y los recovecos del pasado,
entre la belleza peregrina de tu sonrisa 
inundando las barcas de la almadraba, 
de los requiebros de amor que resplandecen en un poema mal escrito.



***

1

He amado la sombra inquieta y tierna
de tu vestido azul
en la nube profunda de tu canto,
en la hiedra levantada inundando de palabras los muros
y en la huella sentida que aún tiembla en mi garganta
cuando despierta la aurora de tu rostro.

2

He llegado a los tablones desiguales
de los atracaderos
esperando la llama oscura de tus manos,
en la farola de piedra
y su quejido de sombras cuando penetraba el humo
en la lúgubre taberna de los poetas vencidos
que nunca encontraron la ruta de los versos,
en los juegos desarbolados
que llegaban a tu boca y encendían los deseos
en los mástiles desprendidos
 en la noche más oscura empapada en la neblina.

3

Solo puedo buscarte como a una isla ausente
que escucha en la mañana
la voz de los misterios,
que levanta la huella de una palabra en la frente
que aún dice que me amas
y te entrego la higuera donde saltaban los pájaros,
el lienzo abandonado 
donde florecían los lirios y las ramas,
el cuaderno de espigas donde aún aparece tu nombre,
y te entrego 
la melodía de las viejas canciones provenzales
que sonaban entre los arbustos y los recovecos del pasado,
entre la belleza peregrina de tu sonrisa 
inundando las barcas de la almadraba, 
de los requiebros de amor que resplandecen en un poema mal escrito.