domingo, 6 de septiembre de 2026

La strada

 Oscuro callejón perdido en el tormento

del resplandor aciago que tiembla en las heridas

del amargo vestigio

que golpea un cartel olvidado en el muro

de la huella prendida en el vientre de un sueño.


Divagar sin salida que entierra el maquillaje

en la grieta profunda

donde tropiezo y vago

como una mariposa que no tiene vereda

y asume su caída entre las espesuras,

como el polvo anhelante que pena con los lirios

que mueren por la noche

y vuelve a los espejos

con el rostro angustiado de una promesa abstracta.


Este taró y el viento sin fuerza que persiste,

esta reminiscencia de versos entre los sauces

son como las memorias que nunca se marcharon,

que nunca se escribieron y quedan en el alma.


Como un sueño perdido de agosto en las escenas

veo pasar la máscara torturada y sentida

de un Fellini que busca

la Sombra en el pasado,

en bambalinas negras, en guirnaldas sin flores,

en la lona sin vida de un carrusel fingido.


¡Ay, no te acuerdas , Laura, de las burlas del Mato!,

No sabe estar callado este loco poeta

y Zampanó se enfada y ejecuta a la Risa,

y no quiere escuchar

aquella melodía tierna de Gelsomina

que vierte su amargura en una calma rota

y glosa su destierro en la lengua que arrastra

la mórbida condena que navega en el aire.


¿Ya no te acuerdas, Laura? Esa tarde de agosto,

ese calor intenso, la pasión que rimabas,

nuestra tronera abierta recogiendo la brisa,

el sudor en tu espalda, en tus piernas ardientes.


El viento de levante, detenido en los rostros,

ahonda en el clamor

de una sonrisa triste sedienta de ternura;

resucito la risa cuando todo se pierde

y no quedan pañuelos para seguir llorando,

reivindico el amor ciego de Gelsomina

hacia lo que se mueve, respira y acompaña

este extraño vagar por las llagas confusas

en el mirar sin rumbo de los volatineros,

en el sentir errante que cruza sin destino.


El salitre que llega desde los espigones

aprisiona la piel que refugio no encuentra,

insiste en el dolor que no encuentra medida,

en la muerte que viene a esparcir su dominio

en la mísera arena donde vagan los pobres.


Esta paz que se muestra sin arte y con desvelo

hace que piense en ti, en tu amor militante,

en tu lucha sin tregua

por alcanzar la luna

que hiere tus cristales en el claro sombrío

de las olas que braman ante tu rostro intacto,

ante tu voz serena.


Abrigo la esperanza verde que me quitaste,

me enamoro del mar que se agita en tus ojos

y hace que me emocione siempre con tu misterio,

que abrace la canción dulce que me cantabas.


(Conversaciones con Laura)

1 comentario:

Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.