sábado, 10 de septiembre de 2016

Antoine de Saint Exupéry - Las gacelas

He criado gacelas en Juby[1]. Todos allí las hemos criado. Las encerrábamos en una finca de enrejado, al aire libre, pues a las gacelas les hace falta el agua corriente de los vientos, y nada es tan frágil como ellas.
Capturadas jóvenes, sobreviven sin embargo y comen de nuestra mano. Se dejan acariciar y hunden su hocico húmedo en el hueco de la palma. Las creemos domesticadas. Se cree haberlas protegido de la pena desconocida que apaga sin ruido a las gacelas, y les entrega la muerte más dulce. que la gloria de Antonio cuando Cleopatra mordía la gloria de la serpiente. 
Pero llega el día en que las hallás, presionando con sus pequeños cuernos infinitos el cercado, en dirección al desierto. Están imantadas. Ellas no saben que os huyen; la leche que le llevás, vienen a beberla, se dejan acariciar por un instante de sombra, hunden con más ternura  el hocico en vuestra mano de amor domesticado.

Pero, apenas las soltás, descubrís que detrás de un semblante de galope dichoso se dirigen contra el enrejado. Y, si no intervenís más, permanecen allí, incluso sin intentar luchar contra la barrera, apoyándose simplemente contra ella, la nuca en la cintura, con sus pequeños cuernos, hasta morir de vida que no pasó ni siquiera al olvido
¿Es el tiempo del amor, o la necesidad de un galope largo hasta reventar los pulmones? Ellas lo ignoran. Sus ojos estaban cerrados cuando las capturasteis. No conocen la libertad en las arenas, ni el olor del macho las espera en el monasterio desértico de un río de arena dorada.
Pero sós más listos que ellas. Sabés lo que buscan, es el horizonte lo que las colmará en su ilusión de lisonja. Quieren ser gacelas y suicidarse en su salsa. A 130 por hora, quieren conocer la fuga rectilínea, sesgadas por bruscos brincos, como si, acá y allá, las llamas escaparan de los escaparates de la arena.
Poco importan los chacales, si la verdad de las gacelas es disfrutar del miedo que las obliga a superarse, y las desafía a esbozar en el cielo las acrobacias más altas y más profundas y misteriosas! Qué importa el león si la verdad de las gacelas es yacer abiertas por un golpe de garras bajo el sol[2]. Las miráis y pensáis: aquí están presas de la nostalgia... La nostalgia, es el deseo de no se sabe qué. Existe el objeto del deseo pero no hay palabras para decirlo[3].
¿Y a nosotros, qué nos falta?




[1]  La actual Tarfalla marroquí, entonces Río de Oro y bajo la administración española. Saint-Exupéry charlaba cordialmente con los españoles ya que había aprendido algo de español en sus primeros años de piloto, acabó dominándolo posteriormente cuando era jefe de explotación de la Aeropostal en Argentina.

[2] Esta hermosísima digresión sería incorporada a “Tierra de los hombres”. En ella nos manifiesta el alto precio que los hombres debemos pagar por nuestras ansias de libertad. Aun así se decanta más por la vida azarosa y llena de peligros de los pilotos, por ejemplo, que por la vida tranquila y segura de un funcionario. Para él se trata de vivir, no de pasar la vida.

[3] Un punto muy importante en las inquietudes comunicativas de Saint-Exupéry era constatar la insuficiencia de las palabras para expresar estados emocionales complejos. A pesar de sus prodigiosas imágenes y su exquisito trato de la musicalidad, se decantó por la experimentación de acompañar las imágenes de los tropos con las gráficas en “El Principito” para facilitar una comprensión absoluta de su enunciado. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Tiempos modernos

       
       


      

       Y vuelve a aparecer Chaplin, con quien apenas se le relaciona, y sus tiempos modernos, hay puntos de conexión evidentes entre lo que uno y otro denuncian y lamentan en sus lenguajes respectivos fuera de toda norma. 

       No se puede tildar de reaccionario a quien denuncia y describe los síntomas evidentes de desorientación y decadencia moral que produce la sociedad de consumo. Hay otras posibilidades de progreso que oponer a la que conocemos y lleva al hombre a ser manejado por unas nuevas formas de opresión indiferentes y frías que dejan que votemos a los que ellos elijan en sus conspiraciones palaciegas.

       Pero no podemos pasar por alto la idealización sin mácula que hace de su querido mundo rural de la Provenza, lejos de las disputas por las lindes y las herencias que se dan en este medio.

    Daudet no perdió el encanto ni el sentido del humor para hablarnos de la Provenza, era más realista, sabía que había hombres que sacaban el cuchillo cuando les insinuabas que su Virgen no era la más hermosa. No podemos obviar el odio irracional de los peores crímenes de la España profunda. El animal urbano tomó antes consciencia de la palabra liberación, a pesar del adoctrinamiento mediático, la gran urbe se ofrece más a la mutación espontánea mientras se espera a una novia que no llega sorbiendo el humo de las lámparas de neón .

miércoles, 31 de agosto de 2016

Robert Graves - Una pizca de sal

Cuando nace en ti un sueño
con una ardiente y súbita angustia.
Cuando sabes que el sueño es verdadero
y cándido, sin sombra ni mancha,
cuídate entonces o con un brusco ímpetu 
dañarás el delicado hallazgo que tanto amas.
Los sueños son como un pájaro burlón
que agita las plumas de su cola.
Cuando cojas el salero lo verás
alejarse por encima de los setos;
el pájaro viejo no se deja atrapar
con sal ni con granos;
te mira desde la rama del manzano y ríe.
Poeta, no persigas un pájaro,
búrlate de ti mismo y retírate.
Enmascara tu ira y disfruta
lo pequeño que si llega permanece,
pero cuando el sueño anide en tu mano
cierra fuerte el puño y agárralo presuroso.

(Traducción F. E. León)

Colinas de la Almadraba

Despertando en el miedo de sentir lo perdido,
evoco las colinas que recorrimos juntos.
Han pasado los años, parece que no somos
aquellos que se amaban y volaban cometas.

Los puertos se esfumaban
densos como la niebla
en una calle angosta,
la luz nos inundaba. Lejos, los edificios
perdían las ventanas, las puertas, los portales,
volaba en los tejados
el último poema de tu amor que moría
al íntimo capricho que abrigaban tus ojos
y la tierra inflamaba las ansias del olvido,
tu pelo era una onda que perseguían mis manos
tu sonrisa una cruz,
tu cuerpo era el deseo.

domingo, 28 de agosto de 2016

Un sueño que no debería dejar de ser eterno

       

       Saint-Exupéry observaba la misma contradicción en la gente de su tiempo que nosotros observamos en nuestros días, podía sentirse más emocionada e implicada, a través del magnetismo de Gary Cooper, con la proyección de “Adiós a las armas” que con las imágenes en blanco y negro,  en un noticiario, que no reproducían el rojo de los tejados derruidos de los aviones asesinando el cielo de abril en Madrid. Es difícil comprender la futilidad con la que pasamos de llorar consternados, durante tres semanas, por un niño sirio muerto sobre la arena a no acordarnos que debemos exigir algo a los de siempre para que deje de haber cementerios marinos.

       (Alejandro Newquarter)

sábado, 27 de agosto de 2016

Saint-Exupéry y la idea de un dios creado por el Hombre

   



            Setenta y dos años después de su desaparición, en su caso este tópico pierde su marcado sentido metafórico[i], Antoine de Saint-Exupéry está más vigente que nunca y ha alcanzado la categoría de los mitos más perdurables de nuestro tiempo. Como todos ellos sufre de un cierto arrinconamiento que lo sitúa en posiciones asumidas e inamovibles, de una forma u otra, en la memoria colectiva hasta el punto de que los trabajos minuciosos de sus estudiosos más pertinaces no han logrado echar abajo una serie de clichés que se tienen como ciertos por más que la verdad documentada nos diga, a las claras, otra cosa.


         Pero eso no debería producirnos asombro; Marilyn será siempre una rubia sensual y atractiva, poco menos que estúpida, sin que, casi nadie, se pase por sus escritos que testimonian una sensibilidad especial para la poesía, una compulsión por la lectura para superar las carencias culturales de su niñez que no fue una fábula de fuentes, para estar a la altura de sus amigos del teatro del método, y una tendencia obsesiva con el sentido de la vida que la llevó a reflexiones profundas e intrincadas sobre la soledad y la muerte.

         Saint-Exupéry no habría de ser distinto; el espíritu puro, ingenuo y melancólico de su personaje más emblemático, con quien se suele asociar al propio escritor cuando era niño, no ha facilitado que los mensajes extraídos de sus biografías más rigurosas hayan encontrado el eco necesario para que disfrutemos de su calidad como hombre muy por encima de la media a pesar de sus caídas, creo, sinceramente, que poco numerosas pero muy sonoras y con consecuencias más desagradables[ii] de lo que se pueda pensar. "El pequeño príncipe" no comprende las preocupaciones sin sentido en la que malgastan el tiempo los adultos y la falta de ternura y atención que le dedican a las cosas verdaderamente importantes, aunque siente un respeto reverencial por un farolero que vive en un planeta donde siempre es de día porque cree que lo que hace es necesario y rechaza con estupor y tristeza el vacío existencial de un vanidoso,. El escritor no solo sucumbió al atractivo de lo trivial y prescindible sino que le hizo un culto excesivo cuando se trataba de satisfacer sus inclinaciones hedonistas mientras descuidaba y ajaba, simplemente por matar el tiempo, el alma de la rosa.

         Tras la ruptura traumática con su primera novia, Louise de Vilmorin, provocada por la negación obsesiva y militante de los padres de ella a que se casara con un aviador expuesto a los peligros, se convirtió en un conquistador impenitente hasta el final de su vida sin que fuera un obstáculo su matrimonio con Consuelo Suncín, mujer independiente y de mentalidad avanzada que no dudó, con menos frecuencia de la que se suele comentar, en pagarle con la misma moneda.

         La sencillez, más aparente que real, con la que nos transmitió sus preocupaciones y la belleza trascendente que desplegó en sus frases y aforismos han logrado que sea el filósofo que más ha conectado con el sentir popular, cuando ni siquiera lo era, pues no tenía un corpus de doctrina extenso y articulado; Ciudadela, que, por esos caprichos insondables del destino podría convertirse con el pasar del tiempo en su obra más estudiada y perdurable[iii], corrobora la impresión que, a día de hoy, se tiene con respecto a ella y que suele orientarse a indicar que Saint-Exupéry se involucró con persistencia en una empresa que no era su camino, hallado felizmente en otras vías y en otras encrucijadas. Su proyecto más ambicioso y el que le ocuparía, con diferencia, más tiempo, se convertiría, con su publicación en 1948, cuando ya había muerto, en el único fracaso crítico con sus novelas[iv]. Pero es indudable que llevado por una sensibilidad moderna, fuera de toda duda, involucra como nadie al lector en sus planteamientos y le facilita compartir sus puntos de vista logrando plenamente impresionar con sus máximas que se repiten como ejemplo de lo que importa verdaderamente en la vida en los ambientes más diversos y entre la gente más variopinta, aportando además al receptor el convencimiento absoluto de que sabe lo que quería decir... y Ciudadela está plagada de máximas que presentan el perfil de verdades irrefutables aunque, en realidad, sea arduo discernir con claridad  las líneas concretas  de su significado.


         Es innegable que no existe autor que haya aportado tantas citas memorables a la memoria colectiva, pero se vio desbordado a la hora de abordar unas ideas que, como en su admirado Platón, penetraran en los aspectos más generales de la vida y los estructurara con respecto al hombre y a la sociedad, aquí tenemos la paradoja de que el aristocrático y conservador ateniense quiso encontrar lo que era posible entre las cosas que no existen para revestirlo de inmortalidad y el demócrata noble que surgió de su amistad sincera con Léon Werth se concentró en la realidad de los sueños para hacernos partícipes del milagro de la vida.

 
            Creo que el azar nos privó de un encuentro que hubiera ayudado a superar la angustia, la pérdida de valores y la desgana vital de la post-guerra, Camus, el más idealista y humilde de los existencialistas, llegaría a planteamientos cercanos a Saint-Exupéry partiendo de una base radicalmente distinta, para Camus Dios no era una preocupación sino un problema, por Dios matan los hombres, hablaba de mantener la dignidad en la indefensión ante la muerte y de llegar a ese trance apoyándonos en la moral para encontrar la satisfacción en hacer todo el bien posible, en reconciliar al hombre con su civilización.

            El fracaso de Saint-Exupéry como pensador es intrascendente, es algo que en sí mismo solo buscó en Ciudadela, ya que encontró en la Filosofía, en cierta forma sin pretenderlo,  uno de los aspectos más relevantes y originales de su narrativa y se convierte junto a Voltaire, Unamuno y Erasmo, entre otros, en uno de los autores que ha sabido transmitir más su esencia sin que el lector sea consciente de que está filosofando cuando repite absorto que lo esencial es invisible a los ojos, liberándole de la carga que supone afrontar esta disciplina con la idea de que pertenece a los privilegiados, a las personas con capacidad de abstracción consolidada firmemente por una sólida formación de años y reflexiones.

            Para el hombre de la calle la Filosofía es una tarea muy dura que le crea un desasosiego con sus tratados, plagados de un léxico y unos conceptos exigentes, que se les representan como ladrillos incapaces de edificar una torre de luz sobre las ruinas de una civilización que avanza, sobre la soledad del pensamiento ¿Encontró Nietzsche ese faro? Murió en las tinieblas... y posiblemente fue una de las personas más inteligentes que ha existido.

         Tenemos que admitir que la Filosofía, puede que el factor más decisivo de nuestra forma de sentir e interpretar el mundo, se encuentra totalmente desplazada entre los gustos generales de estos tiempos confusos. Se constata que hay personas que se confiesan marxistas que nunca han leído "El Capital" o "El Manifiesto comunista" y otras que se arrojan a los brazos de una ideología sin tener un conocimiento aceptable de lo que significa realmente aunque se emocionen con los ritos y participen fervorosamente en la parafernalia. Aquí llegamos a la conclusión, lo comprobaron con dolor quienes pudieron convivir de forma natural con otras culturas, como Orwell, de que la Filosofía, cada vez con menos estudiantes y lectores específicos, es el hecho diferencial más importante que ha posibilitado nuestra diversidad y la creación del estado laico con la liberación del yugo opresivo de la religión establecida y organizada para satisfacer a los órganos del poder y beneficiarse de sus privilegios. Es la marca más característica de Occidente con sus miserias y sus grandezas. No ha sido suficiente para que dejemos de ser injustos, pero sí ha posibilitado desarrollar un espíritu crítico para denunciar la iniquidad y un marco que hace posible exponer, mal que bien, nuestras quejas y desarrollar la imaginación para estructurar y proponer alternativas más equitativas que están en la mente de cualquier ciudadano.

         Saint-Exupéry era de familia católica, su madre supo conciliar con cierta armonía y sin grandes contradicciones su calidad de aristócrata arruinada, su sensibilidad artística, y una liberalidad[v] muy acusada y extraña en el estrato social al que pertenecía, con un ferviente catolicismo que hubiera querido inculcar a su hijo, pero no pudo y Antoine, se movió entre el descreimiento y el agnosticismo en su juventud. Esto es algo que hay que decir con ciertas reservas pues, hasta el final de su vida, no estuvo absolutamente interesado en la religión y no solía manifestarse sobre ella, le daba un tratamiento similar al de la política, pero siendo consciente de que no se podía vivir sin ellas. Estaba centrado en buscar al hombre, dándole a la acción un papel preferente en la definición de sus virtudes como Hombre. Manifestaba un desapego evidente por la retórica, a la que veía como un instrumento eficaz para ocultar o modificar la verdad[vi], prefería juzgar y ser juzgado por los actos y no por las palabras. Este punto no gustaba mucho a algunos intelectuales de su tiempo que no dudaron en hablar de él como un hombre en el que prevalecía la apetencia por la acción, y lo alejaban de paso de su mundo para acercarlo al del fascismo a través de una de las pautas de comportamiento más socorridas que tenían éstos, para oponerse a la razón que esta ideología perniciosa ponía en práctica convirtiéndola en un culto a la violencia y no en la lucha por la superación de uno mismo.

         Coincidiendo con la obra que marca el inicio de su madurez personal y literaria, "Tierra de los hombres" publicada en 1939, consolida su acercamiento al Humanismo e irá evolucionando para encontrar una síntesis original y afortunada entre la vertiente laica y la tradición cristiana de esta forma de vida. No faltó quien dijera, a raíz de ello, que era un cristiano sin Cristo para matizar lo cerca que estaba su moral de la verdadera doctrina cristiana en un hombre con una marcada irreligiosidad o un místico sin Dios para resaltar su admiración por aquellos que buscaban el espíritu a través de la vida monacal, a pesar de que nunca aceptó la presencia de Dios como una realidad trascendente y no concebía el sacrificio si no era el paso necesario para alcanzar una meta..

          Aparece Dios, pero su visión es sumamente original; es su presencia en la vida, en tanto la importancia que tiene en el comportamiento de los hombres y no su existencia, en la que nunca dejará de dudar, la que hará que otorgue a Dios una atención profunda que nunca antes le había dedicado. Pero siempre pensó, incluso en los momentos que estuvo más alejado de él, que no había que matar a Dios en tanto que hay tantas personas que creen en él, y es un hecho que modifica la trayectoria vital y las costumbres.
                     
            Pero siguió volcado  decididamente en el Hombre y, para entonces, ya no había duda, entre sus detractores, en el carácter universal de esta búsqueda, superado felizmente el elitismo de los héroes que se podía observar en la obra más lograda de sus primeros años "Vuelo nocturno", y los puntos que compartía con el pensamiento de Nietzsche, el superhombre de éste no tenía sitio en las ideas de Saint-Exupéry, su aspiración para llegar al Hombre por medio de las ansias de superación se encontraba en cualquier hombre que supiera despertar y, a través del esfuerzo y con los instrumentos adecuados para desarrollar sus capacidades, descubriera un nuevo papel con el que servir a la comunidad que se convertiría en el fin último de la existencia.

         Aunque fuera ateo, algo no muy probable, cuando se casó en 1931, mucho antes de que la presencia del pensamiento de Dios cobrara importancia en su obra, quedó claro, su valiente moderación era proverbial, que no participaba del espíritu iconoclasta de esta tendencia en aquellos años cuando se mostraba un resentimiento muy grande hacia la Iglesia por el daño que había hecho y se ejecutaba a Dios simbólicamente en las plazas de Moscú, lugar de referencia obligada para aquellos que habían dejado de creer en Dios. No tuvo inconveniente en contraer matrimonio religioso un día después del civil. Podemos deducir que lo hizo para  ofrecerle a su madre una satisfacción inesperada. Marie, una mujer admirable, aceptó la boda sin provocar dramas ni tensiones, al percibir su determinación, y no quiso insistir, antes de la celebración, en la fama de licenciosa que, justamente, precedía a Consuelo Suncín. En un ejercicio de integridad y entereza zanjó las controversias con sus hijas diciendo que la veía bien ya que era la mujer que Antoine había elegido. Una de las correspondencias más largas que se recuerdan es testigo de la importancia que esta mujer discreta y con unos valores intrínsecos incuestionables tuvo en la formación de su hijo.
      







I El cuerpo de Saint-Exupéry nunca ha sido encontrado, sin embargo existe una versión bastante creíble de las causa de su muerte; La declaración de un antiguo periodista de 88 años llamado Horst Ripper, que sirvió en la II Guerra Mundial como piloto, venía a desvelar el misterio en 2008, cuando ya contaba 88 años, confesó que él había abatido a Saint-Exupéry y que en el momento de hacerlo no sabía que la víctima de su certero ataque había sido el gran escritor a quien admiraba, que empezó a sospecharlo con el pasar de los años. No lo confesó en cuanto fue consciente de ello porque sentía vergüenza y arrepentimiento. Quizás porque sea más sugerente y atractivo mantener el misterio esta confesión no ha sido aceptada como concluyente.

II La más notoria fue durante su exilio en los Estados Unidos (31 de diciembre de 1940- 15 de abril de 1943) cuando fue acusado por los partidarios del general de Gaulle de mantener contactos serios con el Régimen de Vichy. Significó un suplicio en el momento determinado en que le llegaba y llegó a abandonarse al alcohol.

II No dudaría un solo instante de la extraordinaria formación filosófica de Saint-Exupéry.

III Los críticos solo admiten como novelas las dos primeras que publicó Saint-Exupéry; "Correo Sur" y "Vuelo nocturno". Lo normal es que hablen de ensayos, en unos casos; "Tierra de los hombres" solo hasta cierto punto y "Carta a un rehén" en mayor grado a pesar de su carácter epistolar y, en otros, de obras inclasificables; "Piloto de guerra", "El principito" y "Ciudadela".
[v] Saint-Exupéry es un ejemplo con su conducta de que tenía superado o, más bien, nunca había sentido, el exclusivismo, el clasismo y el antisemitismo que eran unas características muy acusadas entre la decadente aristocracia francesa. 

[vi]No podía evitar pensar con desagrado y temor en el histrionismo iluminado de Hitler o en la grandilocuencia vacua y efectista que Mussolini exhibía al evocar el mito del Imperio romano.


viernes, 26 de agosto de 2016

Sobre la amistad y la religión en la sociedad post-consumista.

    

       Todas las decepciones caben en una lágrima. La vulgaridad unifica, el amor sigue buscando agónicamente su camino, pero los edificios interrumpen su paso en la ciudad que ha perdido el culto al arte que nos ayudaba a morir de pie cuando solo quedaba el orgullo, ya no lloramos por un pájaro muerto, ya no soñamos con un gran amor, el tiempo nos ha quitado las maletas de la mano y el carnet del bolsillo de la camisa. Hay un silencio de sombras en el sol ardiente del verano y no llega el tren de la tarde que sale cada mañana. Adoramos a un dios implacable que nos amarra a nuestro deseo de poseer lo inaprensible, a una forma de vida donde se apaga la música mientras la escriben los locos en el muro de una fábrica de cera. Es un dios más tiránico, más severo que el de siempre, porque existe, lo veo en los ojos de la gente que me cruzo mientras voy a una calle cuyo nombre no recuerdo, en la lengua que no se pregunta, siquiera, sobre el sexo de los ángeles.

( Sobre "Ver a un amigo llorar" de Brel)

jueves, 25 de agosto de 2016

Canción deslavazada de amor y guerra de Rpbert Bruce Banner (2015)

Perdido, sin saber que te duele y se asoma,
en esta alma errante que te acunó en sus manos,
en los días que pierden su nombre y su racimo,
en las enredaderas oscuras que crepitan
en tu noche de amor que no encuentra consuelo.

Y siguen los milagros que corren en las cuentas,
palacios levantados en donde la miseria
dominan callejones perdidos por la suerte,
soledades hirientes en despensas vacías.


Y siguen los anuncios, las poses, los estilos
en la ciudad que fue y extiende su cabello
para ocultar la rabia de los niños oscuros
que no encontraron nunca el vientre de un suspiro
en los escaparates que compran voluntades.


!Ay, Robert Bruce Banner,
los muertos siguen quietos y siguen su camino;
listas en los periódicos
que nunca se publican
y que serán leídas por almas que se mueven
lentas como la tarde, miran, no reflexionan,
admiran a quien triunfa, desprecian al vencido!


Pero tú sigues loco como un perro perdido
y el monstruo se apodera
de tu lengua y tu herida para expulsar del templo
a burgueses sin alma que han vendido tu sangre
y esperan que te calmes para avivar tu olvido.


Los ángeles rebeldes buscan otro destierro
para cuando regresen la verdad y el acanto,
no hay arrepentimiento, dolor simple en grisalla
y un grito de esperanza cubre cada caída.


Ya no sabes leer, escribir o pensar
¿En qué bando luchaste, tú que amabas la risa,
qué rey quiso alistarte
siendo republicano?


Ya no buscas la playa batida por las olas,
ni el monte de la infancia vencido y amputado,
no queda una palabra que te lleve al amor,
solo viejas canciones rotas que te persiguen.


Una sonrisa loca en los brazos del otro
te dice que tu barrio se adentró en la tormenta
y este viento de marzo arrancó tus malvones
para invocar la lluvia que golpea tus sienes.


¡Oh, tú que fuiste bravo y ungiste al vencido,
no puedes ir al frente sin saber por quién luchas.
¿Quién disfruta en las guerras?
¿Quién es el enemigo?

miércoles, 24 de agosto de 2016

Un nido de víboras.

        

        El exilio americano de Saint-Exupéry pasa por ser la etapa más sombría y confusa de su vida, una encrucijada de sentimientos le sometió a las pruebas más exigentes y penosas, el hombre que había preconizado la culminación personal a través de la superación de los obstáculos se vio acorralado por la magnitud de lo que estaba en juego; ni más ni menos que la convivencia de todo un país que había claudicado moralmente ante las exigencias implacables de la guerra.

Era un hombre de apenas cuarenta años, pero estaba muy mermado físicamente por los muchos accidentes que habían jalonado su trayectoria como piloto. Le dolía la mandíbula, tenía tan lastimada la espalda que era incapaz, como se demostraría en su posterior incorporación al combate en el Norte de África, de enfundarse sin ayuda el equipo de piloto, sufría insomnio y vértigo, tenía catorce fracturas, algunas de ellas mal resueltas, daba síntomas visibles de estar un poco cansado de su proyecto más ambicioso como escritor, la deslumbrante para algunos y obtusa y pretenciosa, para muchos otros, "Ciudadela[i]". Cada vez estaba más convencido de que era un sueño imposible de la misma magnitud que el que arrastraría a Orson Welles[ii] veinte años más tarde cuando perseguía traducir en imágenes el mensaje sublime del "Quijote". Preguntado, por los allegados que conocían el proyecto, por la fecha de su publicación solía contestar con amarga ironía que "Ciudadela" sería una obra póstuma, hasta tal punto estaba convencido de que nunca la consideraría terminada por muchos años que viviera.

        Saint-Exupéry llegó solo a Nueva York, y ahí permanecería casi todo el tiempo, sin llegar a congeniar con la numerosa colonia francesa[iii] en la que, a grandes rasgos, observaba la misma división que había dejado atrás, pero aún más carente de sentido[iv], ni con los neoyorquinos de quienes le separaba el abismo del idioma.

Visitaría dos veces Los Ángeles para reunirse con el gran director de cine Jean Renoir[v], se habían conocido en el Siboney, el barco que llevó a ambos a la otra orilla, y se mostró apasionado con la propuesta que le hizo de adaptar un guion de "Tierra de los hombres" y llevarla a la pantalla. Apartaron el proyecto ante la vulgaridad  y la falta de sensibilidad artística del productor con el que habían contactado que todo lo sometía a los condicionamientos comerciales. 

Una incursión en Quebec, en mayo de 1942, acompañado ya por Consuelo Suncín, su esposa,  para dar unas conferencias, tuvo connotaciones desagradables y algo que debía durar unos días se prolongó durante cinco semanas ya que tuvieron problemas con los visados, probablemente provocados por exiliados franceses influyentes que presionaron a las autoridades norteamericanas para que encontraran alguna irregularidad. Llegó a haber sospechas serias de que fuera un espía a cargo de Vichy.

El incidente que habría de tener unas repercusiones más negativas sobre el delicado estado anímico en el que se encontraba estuvo relacionado con la falta de química evidente que tenía con el general de Gaulle y que se manifestó desde los primeros contactos cuando éste le animaba desde Londres a que se uniera a la única resistencia francesa mínimamente organizada. Saint-Exupéry rechazó sus ofrecimientos despertando en de Gaulle su perfil más vengativo e intolerante ya que no habría de olvidar esta afrenta ni cuando su rival había muerto y la guerra terminado. Las declaraciones de Saint-Exupéry sobre de Gaulle no fueron muchas, pero sí rotundas acerca de lo que pensaba de él, decía que pretendía ser un césar francés, que le recordaba a Franco[vi] en tanto que militar, autoritario y enemigo de la libertad y, casi al final, cuando los gaullistas se habían cebado con él y lo habían descentrado, lo ponía casi a la misma altura que Hitler, en una apreciación hiperbólica y desafortunada.

El que podemos considerar el error más apreciable de su vida pública iba a facilitar la labor de sus enemigos: su extraño y, hasta cierto punto, ambiguo punto de vista sobre el régimen de Vichy y el viejo mariscal Pétain.  Conocedor de primera mano de la indefensión absoluta del ejército francés ante los alemanes, acogió como necesaria la firma del armisticio, lo contrario solo podía conducir a una carnicería sin precedentes, y respetó al arbitrario militar que reunía todos los poderes en su persona y, más aún, ante la desaparición en el proceso de la derrota de la III República, consideraba como legítimo al “Estado francés” que se había creado en una zona que nunca sería libre y que mimetizaría, hasta unos límites insospechados, su sintonía con los nazis imitándoles en los crímenes y en las deportaciones. Aunque no compartiera sus ideas y no las soportara otorgaba a Pétain la responsabilidad de la persistencia de Francia como nación, pero el edificio que conservaba su existencia se había levantado sobre los cimientos de la injusticia y la persecución de todo aquel que fuera distinto[vii].

Saint-Exupéry se desmarcó[viii] amargamente de Vichy cuando se eligió a Pierre Laval[ix], el mejor amigo de los alemanes, como Presidente del Consejo. Cuenta Philippe Lançon en el excelente artículo titulado “El exilio americano de Saint-Exupéry” que, encontrándose en un café de Vichy, en diciembre de 1940, donde tramitaba su visado, entró Pierre Laval y no pudo reprimir decir en voz alta; “Aquí tenemos a quien está vendiendo Francia”. Al advertir su inconsciencia y calibrar las dimensiones del problema en el que se había metido, solo pudo añadir, dándolo todo por perdido; “Bueno, ahora que hemos dicho lo suficiente para que mañana nos fusilen al amanecer, vayamos a pasear.”. Drieu La Rochelle, un escritor que había abrazado el nazismo y al que conocía desde que ambos colaboraran en la revista Marianne, le ayudó a gestionar su visado y a que llegara sin problemas a Paris, primer paso para llegar a los Estados Unidos.

Ya en Nueva York, en 1942, una distinción que le había otorgado el régimen de Vichy ante su estupor y que no tardó en rechazar volvía a situarlo en el centro de la tormenta. Los gaullistas solo entendían que se perteneciera a una de las dos opciones más representativas que ofrecía Francia; "si no estabas con ellos, estabas con Vichy y, por lo tanto, contra ellos". Y no se preocuparon mucho por llegar al fondo del asunto, ni donde debían situarse los amantes de la libertad que, forzosamente, no estarían con ninguno de ellos. No les interesaba, la calumnia hacía daño que era el principal objetivo. Había que  desacreditarle por todos los medios aunque fuera utilizando pretextos que faltaran a la verdad. A consecuencia de unos ataques despiadados en los que se le acusaba de los hechos más inverosímiles, acabó cediendo a la bebida y se empapó de una melancolía mórbida que le hizo perder su habilidad proverbial para relacionarse. Entre la tensión continua de su matrimonio con Consuelo, las visitas de su amante Nelly de Vogüé que le presionaba para que rompiera con su mujer de una vez, apareció la joven periodista Silvia Hamilton que se enamoró de él en una conferencia mientras le pedía a un amigo que tradujera lo que decía. Silvia fue ese rayo de luz que le ayudó a levantarse, aunque la despertaba intempestivamente a cualquier hora de la madrugada solicitándole cualquier licor, entre otras cosas.

        Archivos desvelados recientemente, sitúan a Saint-Exupéry, con el beneplácito del gobierno norteamericano, como alternativa a De Gaulle para sustituirle como cabeza visible de la Resistencia. No parece que tuviera mucha consistencia esta propuesta dada la inclinación natural que tenía a sentirse libre y su repulsa a los compromisos clientelistas tan difíciles de evitar en la progresión hacia el poder. El rechazo de buena parte de los franceses con quienes compartía el exilio y de los intelectuales, tanto de izquierdas como de derechas, hubiera hecho lo posible para no respetar  su elección.

        La historia nos enseña que los filósofos nunca han sabido manejar los hilos de la política y fallaban estrepitosamente cuando se trataba de trasladar sus teorías a un marco real, ni siquiera el más grande de todos, el que supo articular casi todas las formas posibles de gobierno, nos estamos refiriendo, por supuesto, a Platón, escapó de ello, teniendo unas experiencias lamentables con los tiranos de Siracusa. 

        Insistimos en que, Saint-Exupéry no era pragmático, sino idealista, con todas las puntualizaciones que se quiera[x], y no supo ganarse el aprecio de la colonia francesa porque desaprobaba el comportamiento de la mayoría de ellos y lo dotaba de coherencia[xi] con su actitud, la sinceridad que empezó a exhibir con su comportamiento indiferente y retraído que le provocaba un malestar inexplicable y una tristeza confusa antes de embarcar en Lisboa; no dejaba escapar oportunidad de mostrar su rechazo, de ahí su fracaso como resistente; no fue decisivo en que los Estados Unidos entraran en guerra[xii] y no fue capaz de aglutinar en torno suyo a sus compatriotas influyentes. Queda en los archivos, pero nunca fue una propuesta con visos de llevarse a cabo la que le ofreció el gobierno americano. El éxito como escritor a escala mundial que supuso esta etapa quedó totalmente oscurecido por su fracaso como resistente.

Saint-Exupéry, a raíz de este episodio, vivió los momentos más angustiosos, probablemente, de su vida, los serios problemas con la bebida de los que ya hemos hablado fueron una consecuencia dramática de ello, y el silencio que se enseñoreó del hombre que nunca dejaba de hablar.

Pero el panorama se le iba aclarando algo, casi al final, empezaba a conectar con los norteamericanos que tanto admiraban su obra, sobre todo los jóvenes con su entusiasmo prístino le aclamaban en sus conferencias como si fuera una estrella de la canción, y sonreía cuando valoraba seriamente la posibilidad de volver a la guerra que tanto odiaba y aportar su entrega para colaborar, como el hombre de acción que era, en acabar con ella.





[i] Ciudadela se publicaría en 1948, sería la amante más constante de su vida, Nelly de Vogúé, quien facilitaría el material que él le había entregado. A pesar de su carácter de obra incompleta, "Ciudadela" aporta ella sola casi tantas páginas como el resto de su obra junta. Aunque no falta quien la califique como su obra maestra, lo cierto es que pasa por ser el único fracaso de crítica de Saint-Exupéry e incluso algunos de sus seguidores más recalcitrantes no acaban de verla a la altura de "Tierra de los hombres" o "Piloto de guerra", achacándolo, principalmente, a una desafortunada ordenación del contenido del manuscrito y la indefinición de su mensaje moral y filosófico aprisionado en la ampulosidad y una ausencia de la sencillez prístina que impregnara otras obras suyas como "El pequeño príncipe". 

[ii] Orson Welles llegó a escribir un guion de “El pequeño príncipe”, proyecto que, como tantos otros, no pudo llevar a cabo por falta de financiación.

[iii] Se calcula que había más de 20.000 franceses entre Nueva York y Los Ángeles.

[iv] La mayoría había aprovechado su situación económica para escapar de la guerra sin preocuparse demasiado por los compatriotas que sufrían en Francia y llevaban un ritmo de vida lujoso y disipado que no quería saber nada de lo que ocurría en su país.

[v] Siendo Francia un país que ha dado cineastas de gran valía no resulta fácil decantarse por uno de ellos. Somos muchos los que pensamos que no hay ninguno como Jean Renoir. Tiene en “La gran ilusión” uno de los alegatos más tiernos y terribles contra la guerra, casi a la altura de la mejor película antimilitarista de la historia; “Senderos de gloria” de Stanley Kubrick. 

[vi] Vamos a admitir lo positivo que hay en que no le gustara De Gaulle pero una gran parte de los españoles no hubiera dudado en cambiarlo por Franco. Por lo tanto, o bien desconocía la barbarie vengativa que, en esos mismos momentos, Franco estaba cometiendo o pensaba que de Gaulle era peor de lo que se acabó demostrando.

[vii] Un ejemplo más de que no se debe generalizar lo hallamos en una información confirmada de que había muchos vichystas que eran conservadores y tradicionalistas pero no comulgaban con los nazis y los identificaban como el mayor enemigo.

[viii] No quisiera confundir, Saint-Exupéry no estuvo con Vichy ni un solo momento, y era consciente de la dureza inflexible y desconsiderada que Pétain había heredado del Estado Mayor Militar francés que ganó la I Primera Guerra mundial y se había sustentado en los mismos principios que primaban la disciplina y un sostenimiento esperpéntico del honor sobre la verdad y la piedad en el affaire Dreyfus, cuya defensa apasionada llevada a cabo por Émile Zola provocaría la caída de la II República y la liberación de un inocente.

[ix] Lo más sorprendente de esta historia es que Saint-Exupéry, ya en 1943, volvía a mostrar respeto, eso sí con excesivos reparos y matizaciones, por la figura de Pétain, con la que no congeniaba en absoluto, pensando que había salvado los muebles y seguía insistiendo en la perversa de Laval, que, tras un paréntesis fuera del gobierno, había vuelto, impuesto por los alemanes para inaugurar el período más trágico de Vichy, con deportaciones masivas de judíos y comunistas. Es evidente que Laval era la figura más siniestra de aquella locura, en su horror, inclasificable, pero estaba claro que Pétain tenía una responsabilidad directa e inexcusable en aquel crimen.

[x] Saint-Exupéry tenía una admiración sin límites por Platón, comprendía pero no compartía su idea de unos arquetipos perfectos e inmutables. Incluso evolucionó hacia un relativismo con un hondo sustrato democrático que se oponía al de la aristocracia moral de los mejores de Platón. Podríamos calificarle, sin temor a equivocarnos, como el más realista entre los idealistas.

[xi] Fue muy duro con sus comentarios, se refería a sus compatriotas exiliados como moradores de un avispero y, en los momentos de mayor tensión, elevó el listón para convertirlos en los moradores de un nido de víboras. No era una forma muy afortunada de hacer campaña.

[xii] Hay que admitir que participar en una guerra  tiene muchas implicaciones morales. Estados Unidos perdió, no en el mismo grado que Alemania, Francia o el Reino Unido, una juventud brillante y prometedora durante la I Guerra Mundial y no se decidía a emprender otra contienda por la insistencia en la locura de los europeos, solo una provocación directa podía provocarlo. Así fue, el ataque sorpresa japonés a Pearl Harbour, el 7 de diciembre de 1941, cambiaría el curso de la historia con la entrada de Estados Unidos en la guerra. 

martes, 23 de agosto de 2016

La niebla




Después del silencio se derrama tu voz
en una canción alegre hundida en la tristeza ,
no queda una elegía que haga renacer
los sentimientos rotos, no queda una palabra,
para evocar anotaciones transidas de dolor,
de puentes, de excesos, de manos,
de orgullo, de agonía…

En el martirio de tus dudas te sumerges
en ese mar de ginebra que se agita sin norte
en la mano que tiembla en el cristal,
en los labios pintados que procesionan en el pasillo.

El amor no aparece con su sonrisa extraña
rellenando los huecos de un corazón que llora
mientras el mundo se inclina en otra dirección
que no tiende sus lazos,
que no retienes, se difumina y se te escapa.

Vives el desconcierto, flirteas con las pastillas,
mueres en la amargura con el tono marchito
de quien siente que su tren se perdió en alguna parte,
en los raíles sin espejo de una metáfora sentida
donde quedan los versos de luz
que huyeron hacia el oeste donde duermen los dioses
y una sombra que estrecha su figura contra tu cabeza
te susurra lo cerca que se halla la salida.

¡No sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera en la soledad de la isla,
ni cuántas recité a Ginsberg acariciando
el aullido iconoclasta
de la ternura de tu rostro de ninfa enajenada!

Ahora miro tu cuerpo abandonado en la niebla
que desprendían aquellos ojos cerrados al mañana.

lunes, 22 de agosto de 2016

Cinco minutos


Porque todo el mar cabría en la belleza oscura de tus ojos

y aún así me quedaría con la luz de tu mirada.


Cinco minutos de amor, un refugio en el recuerdo,
un alma que se emociona con  palabras sensibles
que apenas escuchas, que mueren arrinconadas
y dejas descosidas en un cuaderno sin solapa.

Los caminos se estrechan entre la luz que se acorta 
y difumina 
y llamas al grillo del hogar que no tuviste
porque estás sola 
como una muñeca perdida en un almacén
cuando terminan las rebajas,
como el silencio de los escaparates de la ciudad dormida,
como la golondrina 
que se enamora del invierno.

Pero esos momentos te llenan de vida,
resucitan a la niña que se perdió y se rebela
para que su madre adorne 
su pelo con un jazmín adolescente.

Retomas el camino que nunca conociste
mientras lloras por la muerte de la tarde
y a través de la ventana los árboles
se convierten en sombras,
tu corazón en un silencio que agoniza,
tu sonrisa en un gemido que traspasa la noche
y muere en el alba.