jueves, 13 de junio de 2019

------He dicho tu nombre


***   ***   ***
1
Mi barrio no es mi barrio,
sin sombra se proyecta 
sobre ningún camino.



He dicho tu nombre en el rostro de la alcoba
que acogió en su ventana
 un paludismo y una cirrosis
que nadie supo descifrar mi comprender, 
un parto que no consta y aún te duele.

He recorrido los lugares 
y los libros
que tus doce años imaginaba;
una muerte dulce, 
sentida en el otoño
que le cambiaba las flores al verano, 
porque el temor a Dios era más cálido, 
menos tétrico el aliento que avanzaba
hacia noviembre 
y aparecía en la ensenada
la cortina del Este que  torturaba los cristales 
sin brillo ni defensa de mi soledad, 
esa soledad mía que tú llevabas 
en los ojos aunque no pueda acordarme 
de tu muñeca vestida de domingo,
del dolor que rondaba las mariposas encendidas
flotando sobre el aceite de tu abuela postergada.

2 


Ahora se dibuja en la  pared el rostro

que ha perdido la blancura 
de la cala
y  despierta murmullos en las ruinas
que rompen los retratos 
de los 
y velorios


camina en el bordado de las sábanas
que fueron desgarradas 
por el viento
y llora todavía en tu memoria


por un barrio sin alma que te ha dado la mano 


para no entrar solo en la última barca. 




Nadie puede explicar adónde fuiste, 
quién te llamaba, cómo perdiste la túnica virgen 
de tu imagen de niña descontenta
que no dudaba de la presencia de Dios, 
por qué no llegaste a ver  la luz del rayo   
que traía a tus ojos la alborada.

martes, 11 de junio de 2019

Muchacha de El Fayum

Mi barrio no es mi barrio,
sin sombra se proyecta 
sobre ningún camino.


1

La muerte se dibuja en la  pared del rostro
que sueña la blancura 
de la rosa del alba
y  despierta el murmullo en las ruinas
que rompen los espejos de una faz
y de los gatos negros. 

El velatorio vuelca en un recodo
la marca de tu paso
la cal viva que cubre la escalera,
los peldaños de luna en los negros cipreses.



2

 Tu frágil voluntad de novia compungida
pasea en el bordado de las sábanas
que fueron desgarradas 
de un escenario lúgubre y violento
que llora en tu memoria todavía 
por un huerto sin alma que te ha dado la mano
para no traspasar la esperanza postrera
desde las soledades 
de un remo destrozado, de un jazmín pensativo
en la elegancia cérea, profunda, penetrante
 de una mirada quieta,
de una promesa rota en la negrura
del silencio y el polvo. 


*****

3

Muere la soledad entre tus labios
y el manto de la noche en el blanco de la cala
que despierta murmullos en la ruina
y gime en un teatro, 
camina en el bordado de las sábanas
que fueron desgarradas por el viento
y reza en tu memoria todavía
por un barrio sin alma que te ha dado la mano 
para no morar solo en la última barca. 

4

Nadie puede explicar adónde fuiste, 
quién te llamaba, 
cómo perdiste la túnica virgen 
de tu imagen de niña descontenta
que no dudaba de la presencia de Dios
en sus pecados, 
por qué no llegaste a ver la luz del rayo  
que traía a tus ojos la alborada.
  

*****

***   ***   ***

5


He dejado tu nombre y el rostro de la alcoba
que acogió en su ventana
 un paludismo
que no supo contar
su recorrido largo de fiebre compulsiva 
y un parto que no consta y aún te duele.

He roto los lugares y los libros
que la niña de ayer imaginaba;
una muerte dichosa, sentida en el otoño
que portaba las flores del verano, 
pues el temor a Dios 
era más cálido, 
menos frío el aliento que avanzaba
hacia el embarcadero
que aparecía en los veleros grises 
de la ensenada.
la cortina del Este retorcía los vidrios 
sin luna ni defensa en el filo 
de esa soledad mía que llevabas 
en los ojos marchitos
aunque no pueda 
recordar los escombros de los muros, 
tu muñeca vestida de domingo,
el dolor que rondaba la paloma encendida
flotando en el aceite de tu abuela olvidada.


domingo, 9 de junio de 2019

En la mirada de la noche (Versión Junio 2017)


En la mirada de la noche (Federico ausente) Versión Junio 2017 

A Roxane Aristy, ha muerto Camarón
pero sigue el cante porque es tan grande
que nació herido de muerte.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

(Lorca - Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías)

I
En la mirada de la noche.




En la mirada de la noche donde expiran los olivos[i],
en el verde de silencio oscuro y cerrado de los campos
donde alumbra sin brillo
una estrella que tiembla
con timidez de niña enamorada
voy midiendo los huecos del camino[ii].

Y no se lleva el miedo que la luna sombría
acaricia en su tela de araña que muerde,
y no mira a los locos
que sueñan la maleza del llanto de los grillos
que no pueden romper la aurora con sus alas,
ni el delirio infantil que acunan los carteros
sin palabras de amor
sin esquelas ni huellas gimiendo en los tejados
donde sufren los hombres y sangran los poetas.



II


Hay un jardín que muere en el patio de los miedos
donde canta la alondra
que lloraba sin luz
en lo turbio y estrecho  que vuelve de una infancia[iii]
y no encuentra palabras para explicar tu canto,
y entre escombros agolpados contra el muro
la tristeza se esfuerza
por ofrecer su lecho de raíces a unas plantas de Oriente[iv]
que no verán el polvo de sus primeros pasos nunca más
como tus ojos, 
en un barranco donde no habita una estrella
que los guíe,
oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,
en el libro amarillo[v] que mostrara tu hondura
ante mi asombro de niño,
en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,
hacia los que nacieron arrodillados
ante el peso infinito del estigma invisible[vi],
hacia los que tienen hambre de amapolas
de montes rotos que imploran su olor a tierra,
la melancolía de su ocaso
que nadie mirará mientras duerman los dioses
entre sábanas blancas tendidas en un mísero cordel
 y la canción que hiere en las tinieblas
de las cinco en punto de la tarde[vii].


III


En una noche de agosto te marchaste Federico
cantando una soleá con muerte de seguiriya,
con un maestro de escuela y con dos banderilleros
 con los ojos de aceituna y negra y roja bandera.

Para hablar a los silencios de tu cálida tristeza,
de tu fresca alegría
para que te consuelen en la muerte que llevas
con la sombra de Ignacio gimiendo en los arrayanes,
para que te recuerden los trinos del amor
al que otros escupen y apuñalan
en las aguas cristalinas y puras de la Vega.

Para que se marchen los comisarios viejos
de la sonrisa exacta que caminan
con sus cruces sobre los hombros de los tristes
y esgrimen en el aire sus látigos del orden
que gobierna la muerte en la esquina del nocturno[viii].
26 de junio de 2017


IV
Federico ausente


Yo en este rincón donde no llega
el aire que he buscado con ansia y amargura
pensando en la aspereza
de las lenguas que insisten con medallas de cieno,
en esta tierra mía,
cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia
y la preñaron de ternura,
en cegar la mirada del jilguero
que no aprendió a volar y cayó en agosto,
encadenar el llanto que derrama
el hombre bueno y libre[ix],
desenterrar las flores, apartar las estrellas,
en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,
despojar a los santos de su mensaje íntimo
y masacrar la rosa en los labios del profeta.

V

El poeta y la muerte

Yo acorralado
en este desconcierto de palabra cautiva
que no verá su curso natural cubierto con requiebros
de amante a la ventana y coplas en el aire;

Granada ya no es Granada,
es una charca de sangre
en esa noche ardiente de partituras huecas
que lloran la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones
que no temen las balas donde sus ramas duermen
y siempre escapan prestos del canto del verdugo.
Y, al fin, llega el poeta
 con su traje de loco que no encontró destino,
su valiente alegría 
masacrada en los salones de la camisa azul
con la cruz en la mirada y la muerte
 en las entrañas,  
con el corazón quebrado por una pena
que brama,
sangra, duele, pero no sabe expandir
 en los labios que la tiemblan, la precipitan, le canta
los bardos por seguiriyas
y sitúa los huecos que arrastran a un rincón desconocido
entre el polvo y los espejos de un barranco[x] aletargado
cuya senda nunca ha sido ni barrera ni quebranto
que levante el vuelo alto derramado
 en tus pequeños ojos
infinitos.

VI
Por eso canto,
 para recordar la emoción del niño
que mira a sus mayores agradecido y obnubilado,
canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,
los quejíos del monte y el dolor de los recuerdos[xi],
por este eco profundo
cuyo lamento no escucho pero llora y me asalta
en el rostro inundado por la gracia de aquellos
tocados por la elegancia,
prendidos por la cintura de un torero enamorado,
de una bandera bordada y su Marianita[xii] ausente.

Canto para enmarcar la brisa pasajera 
del cómico ambulante,
de los iletrados que llevan en la sangre la poesía[xiii],
de los andaluces que tocaban las palmas con espanto
cuando en el Tarajal se estiraba la muerte,
de mi pequeña calle donde sigue mi madre
aunque digan que cerraron sus ojos para no verme
borracho y melancólico[xiv]
sintiendo otra bandera...

Y siempre encuentra abrigo en el pecho de los sauces
que viste a Federico triste, frío, muerto, sin sudario[xv],
en la hondura temeraria que el levante no se lleva,
en el poema de luz que se hunde en los estanques
donde Millais expira con una novia ajada[xvi]
y suspira entre los mirtos mientras los sueños se detienen;
“…tuve un amigo, tuve un poeta
 que rimaba las nubes y el agua quieta[xvii]”.

8 de enero de 2014






[i] John Cornford, poeta inglés, moriría en Lopera, unos meses después que Federico, entre los olivos. Tenía veintiún años y un día, como los inocentes el 28 de diciembre de 1936.
[ii] Luis Cernuda.
[iii] Gustavo Adolfo Bécquer; “Del salón en el ángulo oscuro”.
[iv] De la India.
[v] Un libro de PREU que encontré tirado en un pequeño barranco en la playa de La Fragua, lugar de culto para los gitanos y los que no tenían rumbo y bebían vino desde las primeras horas de la mañana.
[vi] La injusticia aleatoria que denuncia en Poeta en Nueva York. Creo que el poema era “Romance sonámbulo”. Recuerdo las tres rimas de Bécquer, en cambio.
[vii] Federico García Lorca: La cogida y la muerte.
[viii] Para saber que no todo se ha perdido. Lorca; Nocturno del eco.
[ix] Carlos Cano cuando emocionado evoca a Diamantino.
[x] Parece ser que Lorca pasó sus últimas horas entre Víznar y Alfacar, en un barranco de este último pueblo se piensa que se encuentran sus restos; los españoles tenemos a los mejores poetas pero no amamos la poesía.
[xi] Emilio Prados: “Jardín cerrado”.
[xii] Mariana Pineda que fue asesinada por bordar una bandera liberal en los tiempos terribles de Fernando VII.
[xiii] En el Tobogán, mi pequeña calle de tan sólo catorce viviendas, había analfabetos que disfrutaban cuando se les leía poemas de Lorca, Antonio Machado, Bécquer…
[xiv] Antonio Machado.
[xv] Ven acá muerte, ven acá / y que se me entierre bajo un triste ciprés. (William Shakespeare).
[xvi] La muerte de Ofelia.
[xvii] Manuel Pareja Obregón: Llora Granada cuando sale la luna.