miércoles, 28 de diciembre de 2016

Palabras a Constance (4)





La muerte tiene ojos color avellana.
(Manuel Vicent)

Apenas me dejaste alimentar el vuelo
entre las golondrinas de la tarde romana
 cargada de ruinas
 y un vaso consumido
expresaba la llama  que en mi interior ardía,
y tus ojos oscuros presagiaban mi suerte.

Un pintor milenario sin firma ni recuerdo
que colmar no podrían las mieles de la gloria
de haber enamorado a una mujer herida
en las escalinatas
de la Plaza de España,
derramaba el pincel entre los adoquines,
escrutaba tu pelo, tu risa recogía.

Nunca más volverá el amor que no tuve,
era un esfuerzo inútil, una guerra perdida
acudía a mi frente que sin luces luchaba,
era cada palabra un manifiesto estéril
de rosas y jazmines
 blancos entre los pasos
que raudos te llevaban a un escenario enorme
que ahogaba tus sueños en su propio esplendor
e ignoraba los míos en su desasosiego.

El gesto solitario de vuelta en la almohada,
de encuentros  amorosos en las puertas del campo
de miradas que nunca tuvieron alegría,
de muros separados por cancelas y garras,
para tu corazón
estoy en el olvido como un lobo enjaulado
que no conoce a nadie y vaga en cuatro metros,
muere en la soledad de una especie extinguida.

Cada vez que sentías a un poeta oprimido
porque no conociera ojos enamorados
esbozabas mis labios que aliento no tenían,
en la mesa desierta
me miraba la muerte a través de tu espejo,
a través de la oscura belleza de tu rostro.

(Octubre 2016)

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.