sábado, 31 de diciembre de 2016

A una cantante callejera.



Ella creía que los poetas se dejaban
el alma en cada verso
cuando cantaban en la calle porque no había salida,
que la verdad vivía y brillaba entre todas las sombras
que no se dejan arrastrar por el olvido
de las horas perdidas en una agenda extraña,
que no había un solo puente que no fuera hermoso
a pesar de la muerte y el salto a los fracasos,
y tendía sus brazos de opalina
ante la soledad que se instala en el murmullo de las calles.


Ella no sabía mentir,
no podía decir no cuando le miraban las caderas
y el movimiento sin ritmo de sus pechos
en la incomunicación apasionada
de los espacios abiertos que oprimen con el aire
y no perdonan
a los corazones sensibles, a las almas generosas.

2 comentarios:

  1. Hola, Enrique.
    Muy oportuna esta instantánea callejera, en días bulliciosos en los que la soledad se enmascara y los que no saben mentir se encuentran, como la cantante del poema, en la "incomunicación apasionada de los espacios abiertos" ( o cerrados).
    Y, de la primera estrofa,me impactó la idea de"que no hay un solo puente que no sea hermoso a pesar de la muerte y el salto a los fracasos".Escribes bellamente intenso.
    Quiero seguir leyéndote. No dejes de escribir.
    Que el Año Nuevo te sea muy inspirador.

    Un abrazo.

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    1. Me ha hecho mucha ilusión, Fanny, que hayas elegido este poema sin artificios y minimalista, llevaba unos meses durmiendo junto a otros en la sala de los borradores porque me sentía inseguro respecto a él. Sigues siendo afortunada con tus anotaciones, embelleces los versos que analizas y los dotas de un marco que lucha contra el olvido de lo que pasa un solo instante.

      Fue un día afortunado para mí aquel que nos cruzamos en el camino, yo también te deseo lo mejor para este año que debe ser necesariamente mejor que este que ha pasado.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.