martes, 11 de agosto de 2015

Avenida de África en silencio





Silencio, ni azucena
de un dios que me consuele,
vivo para el recuerdo de lo que no he tenido;
he visitado cárceles,
hospitales, cuarteles,
he hablado con los locos, calmado a los perdidos,
pasado por los barrios donde habita la muerte
y entregado mi risa
al corazón vencido.

Y tú, que me dejaste el ritmo en la zozobra
y el alma desbocada,
con las dudas me abrigas,
amarras el silencio y el dolor aprisionas
para representarlos como una alondra herida
que canta cuando muere y en el llanto se ahoga.

Y tú que me arrancaste la luz de las farolas
me dejas con las sombras turbias de la Avenida.



4 comentarios:

  1. Aterricé en este poema por el título que me encantó África y mira que joya me he encontrado. Lamento Francisco no poder comentarte a fondo los poemas porque no sé hacerlo, no soy entendida, solo decirte que me llega su calidad expresiva y sensitiva.
    Me ha venido enseguida a la memoria Antonio Machado y otros poetas modernistas. Tú no te quedas a la zaga y te aseguro que no es un halago gratuito.
    Enhorabuena Francisco.

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    1. Gracias, Tara, creo que lo importante es decir algo, yo, por lo menos, acojo con ilusión todo tipo de comentarios. El factor humano es lo que importa, experimentar que has arrojado una botella al mar y alguien la ha recogido y te deja constancia de ello.

      Me siento muy halagado con lo que me dices. Has roto casi dos años de silencio.

      Un abrazo.

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  2. Entre esa sombra, nace un poema que enamora...Bellísimo poema donde se reclama una contestación que quedó en el aire.

    Un placer Francisco

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  3. Pienso que, con los tiempos que corren, quizás sea una equivocación, pero siempre intento, por muy social o temática aparentemente alejada que se traten, que aparezca el amor. Creo que el único motivo es porque así lo siento.

    Muchas gracias, Soledad, un abrazo.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.