martes, 30 de mayo de 2017

Lluvia de primavera


A Carlos Martínez

Llueve en la tarde clara que acaricia tu rostro,
en las calles vacías, en el bosque de piedra.
Me ha herido tu amor y no puedo negarlo,
me duele hasta esta lluvia que no cae y se aleja. 
(1998)




En esta primavera
de vientos que aprisionan un corazón ardiente
que nunca te ha olvidado
miro hacia los jardines y evoco tu fragancia
para seguir tirando de un carro ingobernable
al que me ató el destino entre el barro y los charcos
que hoy cubren los delirios de nuestra efervescencia.

En este pedestal de la memoria
que te espera sostenido en el acanto sin columnas
de las ruinas del templo levantado
por nuestra irreverencia
buscaría la herida del aura de una rosa
desprovista
del telúrico encanto de tu voz y tu silencio
para encontrarte,
moriría dichoso si  arrancara
la sonrisa y el destello que tuviste algún día
en el despertar de los misterios,
en las calles de Hadú, en el Campillo1 abandonado.

En las reminiscencias del bosque de las hadas
que nunca aparecieron y sufren por tu ausencia
estás sola
con la sed de la magia que te incita
a soñar y abrazar el olivo trenzado
de los búhos que pasan silenciosos,
estás sola y esperando
la camioneta 2 sin destino
que atraviesa mi barrio que ya no tiene corazón
ni mujeres
que conversen con la muerte para apartarla del mástil
de los barcos en la noche sin luna 3 .

Estoy solo
transitando las aceras de los desheredados,
buscando la redención de un músico en Hortaleza
en el himno que lleva a la revuelta de las flores;
tres minutos, unas palabras, una sonrisa
y la esperanza en el hombre aparece y emociona,
pero no estás aquí para verlo en mis ojos,
no estás para decirme que resista,
para sentir mi corazón como una llama al viento. 

Porque seguimos caminando por las calles mojadas
de nuestros brotes verdes con el paso cambiado,
con las mismas ideas que nos llevan al ostracismo,
a la amenaza del destierro
de esta ciudad que adora el metal y las medallas
y altera con subtítulos la voz de los profetas,
con los besos y las caricias arrinconados en los portales,
con los claveles gritando su melancolía,  
y no nos encontramos, no hallamos nuestra alma,
alguna vez la creímos  eterna y luminosa,
pero agoniza en cada cruz de este sendero
que se nos hace tortuoso como el rostro de un ángel caído,
sombrío como un viernes en tu Gólgota de soledad asumida.

Y lloramos por dentro como un frente salvaje
de borrascas decembrinas en plena primavera,
escondidos en el rostro de un dios que no perdona,
que aprendió a disfrazarse un Martes de Carnaval
del que aún no ha regresado,
y el amor se convirtió en cenizas aquel día,
en alma viva el resentimiento,
el licor en la sangre de los bardos que lloran
cuando cantan lo que ven.

Sabiendo que repudias la primera promesa
que hiciste al Galileo cuando nadie te veía
solo por destronarme
de este flujo sin tregua que corre
hacia el acantilado de una fiesta sin gracia
cuando el mar nos inunda y se lleva
los restos del naufragio de la elegancia y la sonrisa,
mi corazón sufre, sufre porque niegas lo que amas.

Estás sola
en aquel salón de opalina y de deseo
que se muestra cansado
como un toro en el último tercio de las sombras,
con el jersey de hilo que se ajusta al recuerdo,
con las manos nerviosas que acarician la ternura,
con el pelo mojado que agita la emoción,
y nada te despierta al cambio que te grita
que luches contra los vientos de tu propia tempestad,
que lo que nace en ti va en contra de tu esencia,
que hieres lo que amas e indultas lo que hiere.

Porque tú, querida, más confusa que yo
con el ritmo de las horas y la caída de los astros,
lloras por el pasado, mides cada distancia,
desangras cada verso que no puedes tocar
y te evoca otro nombre, cuando todos son el tuyo
y todos los besos se dirigen a tu boca,
y yo no puedo contener la rabia de los hombres valientes
que luchan contra el muro de las incomprensiones,
pienso en Robert Jordan 4 que espera el cierre
de la cortina y se enamora
del último aliento que mueve su esperanza
para darles un soplo de vida a los que ama
y a quienes portan su bandera aunque la desprecien,
en el último vuelo sin brújula de Antoine 5
buscando al hombre libre en un sueño irrenunciable,
en el Amigo que mira por la ventana el paso de los niños
porque ya no puede seguirlo
aunque nunca llegue tarde a una cita
y recorra la Isla Verde 6  
con los remos astillados para seguir resistiendo
los golpes del destino al timón de su barca,
y en todo esfuerzo inútil ofrendado a la belleza del fracaso;
buscar la verdad, amar la poesía,
rendir culto a los muertos,
sentir la libertad como una llama viva,
cuando veo que abandonas lo que queda y añoras lo perdido,
y la sombra de los días se hace larga
como una noche infinita
y la vida me parece más oscura y vacía que la muerte.




1 Hadú (se pronuncia “Jadú”) y El Campillo son lugares de Ceuta.
2 Camioneta: Hasta hace poco era como se conocían en Ceuta a los autobuses.
3  En las supersticiones de los marineros ceutíes ver un pájaro blanco por la noche significaba la muerte de alguien, verlo en el mástil de tu barco, la tuya propia.  
4  Robert Jordan: personaje central de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”
5  Antoine de Saint-Exupéry: escritor y aviador francés que  murió en una expedición aérea durante la II Guerra Mundial
6 La Isla Verde: Algeciras.


(1 de diciembre de 2016)

12 comentarios:

  1. Creo que en el momento de la escritura de este poema, un ángel pasó y tras su silencio te tocó con sus alas. Absolutamente inspirado, una lectura que no recuerdo desde hace mucho haber tenido de un poeta que aún no está consagrado. Un abrazo a ti, a Ceuta y a Algeciras.

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    1. Aquí estamos, Susi, con este poema que me puso de los nervios, y todo por buscar una coherencia absoluta con lo que pienso,con lo que me ha pasado, con el sentimiento del amor tal como se ha desarrollado en mi vida. Recibir tus palabras hace que las cosas vayan mejor, y me alegro de que lo hayas visto tan bien, en algunos momentos es casi una necesidad.

      Un abrazo, Susi, y muchas gracias.

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  2. ¡Qué barbaridad Enrique!, no sé que decir ante la magnitud de este poema. Desde luego no podría nunca hacer un comentario o analizar lo que has escrito, porque para eso hay que tener muchas lecturas encima y retentiva ( lo que a mi me falta), pero si que te puedo decir, que me parece algo muy grande lo que has escrito.
    Un abrazo amigo

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    1. Me está costando trabajo, Elda, ponerme al día y proseguir con esta tarea que era, en cierta forma, lo que perseguía. Quizás queden los bares para hablar de poesía, quizás lo importante sea el intento y que podamos recordar con un cariño similar aquellos poemas de los que hablamos y aquellos que se quedaron en el camino. No puedo mentirte, Elda; estoy francamente contento con este poema, pude echar un vistazo a tantas cosas que fueron importantes en mi vida.

      Un abrazo.

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  3. Un poema imponente. A buen seguro que las musas conspiraron contigo cuando lo escribiste. Mi novia alucinaría con el pero a mi no se me ocurren cosas así, o pueden que se me ocurran parecidas, pero no sé decirlas, no de esa forma. De veras, tienes una manera de expresarte excepcional, de libro.

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    1. A mí también me gustaría, Carlos, encontrar las palabras con las que darte las gracias, cuidar de una manera idónea aquello que he perseguido y esto que tu me brindas tiene mucho que ver con ello, por ello me empeño en cuidar cada detalle de cada gota de poesía que me llega, ahí, en comentarios como el tuyo o en la mirada de aquella muchacha mientras escucha un verso o en la sonrisa de un músico que desafía a la lluvia, reside mucho de lo que podemos lograr y puede que algún día podamos celebrarlo.

      Un abrazo, Carlos, a mí me ha llegado muy bien tu mensaje.

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  4. Qué belleza de poema, me ha seducido su ritmo vertiginoso, su elegancia y originalidad. .Es impresionante como vas hilando todos los versos hasta construir una historia de amor repleta de poesía y buen gusto. Mis felicitaciones por saber expresar tu sentir así, con esa intensidad poética, sin adornos retóricos y sin artificios formales.

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  5. Creía que ya te había hablado de este poema, Beatriz, por eso me refería a él con tanta familiaridad, me costó concluirlo pero después, no me preguntes por que razón concreta, sentí la satisfacción de haberlo escrito, quizás por esas personas con las que compartí una buena parte de mi vida o por aquellas otras con las que compartí un momento especial que se recuerda siempre y pensé en Brassens.

    Es sorprendente el tino que tienes para resaltarme los poemas que significan un poco más para mí, agrada mucho, pero no puedo negar que asusta un poco. No me hagas caso, son tonterías, pienso que entre todos los náufragos que colocamos nuestros poemas en un blog y no queremos cumplir unas reglas no escritas de correspondencias soy un afortunado y tú tienes mucho que ver en ello.

    Un abrazo.

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  6. Hola Francisco, muy bello poema. Estaba paseando por los blogs amigos y he topado con el tuyo y me ha dejado hechizada su lectura, así que si no te importa me quedo en el.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias, Conchi, por este detalle tan bonito que has tenido. No podrías haber elegido mejor el poema.

      Un abrazo.

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  7. Enrique, tu poema es espectacular en todas las acepciones de la palabra, un hermoso recorrido por el amor y el desencanto, una lluvia que nos salpica y deja tras de sí la calma húmeda, resignada, de un abril de borrascas decembrinas. El esplendor y la tormenta, todo lo que se encierra en las paredes de la memoria está aquí, en estos versos.
    Echaba de menos tus letras, maestro.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Encontrarme con tu mensaje, Toño, es alentador, siempre le he dado mucha importancia a lo que me dices, me haces sentir nostalgia, este poema es especial para mí, y eso hace que, a través de tus palabras, se conviertan en una ventana de ese sentimiento extraño en el que notamos la ausencia de lo que nos falta. Te deseo lo mejor, a ti que tanto lo mereces; tu poesía refleja la belleza de tu corazón.

      Un abrazo.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.