martes, 28 de julio de 2020

Último día de un poema.



A veces no puedo saber lo que amo tiernamente,
se fue la llama azul que me guiaba
a la oscuridad de tus ojos, al puerto de tus brazos.
Arrancaron de mí la confianza que tuve
para amar en silencio sin esperar que me amaran.

Quizás no sea verdad, sólo un anhelo
que no quise tocar
por miedo a que volara,
volvieron otros cometas sin saber
agarrarme a sus colas, o empaparme de luz.

Y ahora, como las canciones,
que mi abuela aprendiera
de labios sefarditas,
de la tristeza voy a la amargura,
en la deriva de la noche preguntándome;
¿dónde está el candor que derrochaste conmigo?
¿dónde está la sonrisa que me tranquilizaba?
¿dónde el amor que eterno prometiste,
dónde la madrugada
en la que, al fin, los pájaros cantaron,
cuando tus tiernos ojos me miraban?

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.