domingo, 27 de septiembre de 2026

Moris

 07

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No veo tan claro lo que dices, Luis. Es una percepción que creo subjetiva. Ellos cuentan con la tradición, nosotros tuvimos que inventárnosla. Nos echaron una mano los argentinos que ayudándonos se ayudaban a sí mismos. Ellos no tienen a un Quico Veneno ni a Robe Iniesta. No tienen Flamenco.
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Y aquí estoy ahora esperando a nadie,
esperando a nadie... mi dulce Princesa.
Llegó, no vio absolutamente nada (escuchen el álbum en la calle donde se encuentra perdida esta canción) y se fue, pero nos dejó su Nocturno de Princesa. No sé si se refiere a la avenida algo desangelada de Madrid o a la calle, creo, de Buenos Aires.

Este rockero con zapatos de gamuza azul es la prueba irrefutable de que la combinación Argentina - Madrid es una de las más poderosas, fecundas, nostálgicas, perdidas y lacrimógenas que haya dado la música en toda su extensión. 

Entristecí, casi hasta la desesperación, cuando me enteré de los resultados de la encuesta previa a la final del mundial; ¡casi el setenta por ciento de los españoles deseaban que ganaran los nibelungos! Yo hubiera querido con toda mi alma que ganara Argentina, aunque no fuera justo por el juego, no hubiera sido así viendo lo que vimos. Somos tan iguales (ellos con su sangre italiana y su pequeña y orgullosa representación indígena, con el vasco Don Ata a la cabeza, nosotros con la francesa y nuestros gitanos universales, me lo dice Camarón) que algo me habría tocado en ese triunfo. Pero de sobras conocemos como se llevan de bien algunos hermanos; los Davies y los Gallagher, son un ejemplo demasiado explícito y violento cuando no utilizaban las guitarras para el noble y exquisito fin para el que fueron concebidas. 

Deliciosa y perniciosa en su empeño por querernos hacer a todos ciudadanos de una realidad cosmopolita que se busca en unas raíces aún por brotar y desarrollarse, con una nostalgia mórbida y placentera del futuro que pasó, sería una buena forma de definir esta antológica canción sin romper un solo acorde, sin hollar las aceras de una avenida que he conocido apenas transitada por adolescentes y un mendigo que dormía en la calle con tal de no perder su independencia. ¡Qué tiemble, Elvis, los castellanohablantes tuvimos un efímero rey que se quedó en Madrid para siempre! (12 de diciembre del 2014)

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.