Luché en la vieja revolución
al lado de un fantasma y un rey.
(Leonard Cohen[5])
A Fanny Sinrima
El amor nunca llega cuando hierve mi cuerpo
y no veo tu rostro en la sección de cultura
de una revista apagada en el quiosco de la esquina
y no puedo pedirte
que actúes cuando te siento
en la vitrina perseguida por la lluvia de agosto,
en la memoria errante de una rosa tatuada,
que traigas a mis pasos las calles perdidas del recuerdo,
la nube ensoñadora que envolvía tu barrio,
que liberes a los guionistas que yacen en el sótano
de todas las represiones,
que muestres orgullosa la huella
de lo que nunca he sido
en el laberinto irresistible de tu piel,
que abras la revolución que aún espera al hombre
por quién nadie pregunta en la oficina
y el corazón que no creía en la muerte de los ángeles
pero pensaba en ti cada vez que llegaba
la oscuridad del silencio a su latido,
la angustia de un viernes quebrantado en el tormento
de un profeta vencido y postergado
que no volvió nunca a caminar sobre las aguas.
Nota introductoria:En La nueva revolución, el autor transforma la cotidianidad urbana —la oficina, el quiosco de la esquina, la lluvia de agosto— en un escenario de resistencia existencial. A través de un diálogo íntimo y melancólico, los versos rescatan al hombre común frente al silencio contemporáneo, planteando el deseo como la última revolución pendiente.
ResponderEliminarNota de publicación:«Yo quería vivirte y que tú me vivieras». Con esta desgarradora declaración abre Detrota, un poema de Francisco Enrique León que transita por la geografía del desamor, los errores admitidos y la nostalgia. Un canto crepuscular donde el poeta, como un navegante ciego, recorre las calles del pasado buscando los estragos del tiempo en una esquina vacía.
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