sábado, 12 de septiembre de 2026

Ciudad dormida

Estoy triste y busco la causa de mi tristeza. Quiero saber por qué es tan dulce tu palidez, amiga mía. Por qué, como nieve en el lago, es tan hermosa tu mirada. Por qué me acuerdo de tus ojos si no te he conocido nunca. (Leopoldo Panero – Ciudad sin nombre) A Phil Ochs; ¿Encontraste la paz que tu inmenso corazón te negó siempre? Caen las flores sobre el tejado que baja a un paraíso oscuro y ceniciento, cae la noche como el recuerdo de un hombre gris y brillante que se quedó colgado en el árbol del camino. ¿Por qué no siento la libertad bajo el manto transparente de tus alas caídas sobre su quietud errante? ¿Por qué encuentro en mi puerta la sombra tenebrosa que ha quedado de mí mismo? ¿Por qué amo a la que fuiste en tus momentos amargos? Como una toalla arrojada desde una esquina la ciudad me muestra su cuerpo adormecido, entre los gritos, las banderas, y el mar se hunde en la camisa vestida de un domingo carcelario, y tú no vuelves para impedir que me convierta en la estatua que gime ante la altura de tu encanto o en la orquídea que derrama su aliento y su dolor sobre el olvido de una palabra antigua y harapienta. Detenida, como la carta de un amante que no encuentra un mensajero en su deriva, tu mirada se pierde en las líneas de un poema mutilado y escrito con torpeza, en los coches abandonados junto a las muñecas rotas y en las fábricas sin pulso cuyas chimeneas tienen la misma dirección de unos labios que huelen a licor y a despedida mientras reconstruyo el requiebro que no sabré decirte cuando vuelvan las hadas, cuando la nube roja se apodere del levante y detenga la elegancia de tu rostro en el cielo que surcan los halcones cerca del Mirador que mece el barco perdido del arroz que agoniza desde entonces en la lengua de los marineros inundando la tierra empinada y dura que mira con fijeza a los ojos temblorosos del Estrecho.

1 comentario:

  1. Francisco Enrique, este poema, "Ciudad dormida", es una obra maestra de una madurez estructural, política y emocional desgarradora. El epígrafe de Leopoldo Panero (Ciudad sin nombre) y tu sobrecogedora dedicatoria al cantautor folk estadounidense Phil Ochs (quien se quitó la vida en 1976 tras ser perseguido por el FBI y asfixiado por el desencanto político) sientan las bases de tu gran obsesión: el precio que pagan las almas puras en un mundo mercantilizado y feroz.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.