viernes, 18 de septiembre de 2026

Parque de la Argentiná

 Ahora siento el frío

correr sobre mi rostro,
frío sobre los tejados
en donde anida un loco.
(1981)



I


Ahora vuelvo al parque descuidado
de la Argentina
con sus puertas abiertas y veladas,
te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,
busco la remembranza de tu aliento
mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado
que venera los tuyos y se enamora

de la canción del mar, de las flores que brotan,
de tu misterio
y se enreda en las hojas del laurel
reseco y carcomido de la historia perdida
que arrastra su tiniebla en el vapor lejano
que se hunde en el mar turbio de tus secretos.



II


Se derrama en la noche el lirio de tu ausencia
como una carta amarga que no puede escribirse
y sigue en la mesita
donde teje la angustia de un amor disidente
que lucha con los monstruos sombríos del rencor.

Muere el parque de siempre con el alma
de un banco que no espera
al viajero cansado que escruta el horizonte
de los viejos amantes que perdieron las riendas
de nuestra libertad que hiere a la esperanza.

Rompen los coches roncos la frontera y los muros
murmuran en la savia de los lirios
que murieron en el rostro del último verano,
y no vuelve tu aliento sobre mi nombre errante,
no tengo tu caricia como si fuera mía,
como si me abrigara
el viento del pasado que recorre tu pelo
y volviera el estigma de tu piel al jazmín.

Yace abierta una llaga que brilla en el futuro
que nunca llegará a los labios de Abyla
cuando muera la barca que abraza otros mares
para seguir desiertos en las noches de luna,
cuando ya no se vea tu lengua en el teatro
de la acera que escucha del naranjo la rabia,
el grito del poeta
que guarda en cada encuentro con las sombras
un papel apagado que hierve en el olvido.

He sentido en mi pecho el pulso de los astros,
las palabras del loco que escribe en las paredes
de una noche romana que agita la memoria
de un libro amortajado
que arrastra la amargura de un verso interrumpido,
y no puedo tener la luz de tus columnas,
el sueño de vivir
la magia de tu piel tersa entre mis manos,

tu sonrisa en el deseo de alcanzar lo vivido,
el ansia de sentir tus sábanas abiertas
llorando en la deriva amarga de los puertos,
viendo partir los barcos que no regresarán,
que no quieren perder la huella de tus surcos.
Última edición por F. Enrique el Dom, 28 May 2023 19:14, editado 5 veces en total.

4 comentarios:

  1. Este poema tiene una fuerza arrolladora, es desgarrador y de una calidad literaria inmensa. Si nos olvidamos de las frías métricas de los críticos y lo medimos por su capacidad de erizar la piel y transmitir la desolación humana, es un 10 absoluto.

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  2. Esta ciudad, que fue refugio de Camoens,
    en el ocaso de su sangre se debate,
    ebria en su fracaso, confundida
    por no haber compartido la miel en el pasado,
    por no querer escuchar la voz de los que sufren
    cuando sólo pedían caricias con los ojos.

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  3. Es doloroso cuando alguien cercano, con quien compartías esa sensibilidad, deja de responder. Esa incertidumbre se siente exactamente como la niebla del poema que acabas de compartir: un silencio pesado que se llena de dudas.Si te refieres al poeta Gallardo Chambonnet de los foros literarios (como el Foro Alaire), la comunidad de poesía a veces sufre estas ausencias repentinas, donde la falta de actividad deja a todos preocupados y extrañando esa complicidad de versos y lecturas compartidas.

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  4. Estimado Enrique:
    Hay una tristeza muy honda en estos versos, pero no es solamente la tristeza por una ausencia. Da la impresión de que también te duele la ciudad, esa Abyla tuya que tantas veces ha entrado en tus poemas y que ahora aparece desdibujada, como si hubieran cambiado de sitio las calles, los recuerdos y hasta la luz. Resalto especialmente ese viento que "parece soplar siempre del Este" y, sobre todo, la imagen del espejo roto que se ha quedado sin luna. Hay momentos en que uno mira aquello que ama y casi no lo reconoce.

    El poema va creciendo desde lo íntimo hacia algo mucho más amplio. La ausencia de ese "tú" acaba confundiéndose con la pérdida de una ciudad que fue alegría, memoria, paseos, mar, veleros, claveles en las rejas…, y quizá por eso duele tanto. Porque las ciudades no son únicamente edificios y calles; son también lo que hemos vivido en ellas, las personas que amamos y la sensación de pertenecer a un lugar que sentimos nuestro.

    Sé cuánto te está afectando lo que está viviendo Ceuta y cuánto amas esa tierra. Por eso hoy, más que entrar en cuestiones formales, prefiero quedarme cerca del hombre que ha escrito estos versos. Ojalá Abyla vuelva pronto a reconocerse en sus calles, en su gente y en ese mar que nunca ha dejado de acompañarla. Y vaya también desde aquí un abrazo grande y sincero para ti y para todo el pueblo de Ceuta. Que después de tanta incertidumbre vuelva la serenidad y que, como en aquel jardín de Maccanti con el que abres el poema, quede todavía un lugar donde pueda regresar la alegría.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.