miércoles, 31 de diciembre de 2014

No tengo otro destino

No tengo otro destino que el aroma
de tu cuerpo temblando junto al mío
y sentir el ansiado escalofrío
de la venda de amor que  al aire asoma.

No tengo otro remedio que la toma
del corazón que fluye como un río
y me lleva a los pies del desvarío
de tu soga de amor que al viento doma.

Me acercaré a tu pecho que provoca
y no podré errar aunque tú falles
pues te llevo en el alma que te invoca.

No podré caminar sin los detalles
que circundan la línea de tu boca;
te escucharé, mi amor, aunque te calles.

La lira y el acanto.


Va quedando en el suelo mi mirada
y mi sonrisa gris, hueca, perdida
sigue su propio curso enajenada
por la sombra sin rumbo de tu herida.

Va quedando la luz amortajada
porque la luz se fue con tu partida
y no busco otra voz enamorada
para volver de nuevo a la vida.

¿Dónde está el aliento que arrancaba
de mi alma las notas más profundas?
¿dónde los ojos que me amaron tanto?

¿Dónde la primavera que soñaba?
En tu orilla quedaron. No los hundas,
no marchites la lira y el acanto.

Al Papa Francisco.

Hermano Francisco:

                       Escribo obnubilado; Luisita, la hija de una de mis madrinas y hermana de la otra, la que me llevó al baptisterio sin que me diera cuenta de nada, y Antonio, mi agradecido e idolatrado hermano mayor aunque no tengamos una sola gota de sangre en común, desean ir a verte, pues les ha sucedido la desgracia más grande que les pueda ocurrir a unos padres pendientes de sus hijos. No saben como llegar a ti cuando tu nombre hace honor al más grande de todos los Santos, el de Asís.



                       Han perdido mucho de la fe que tenían y que quieren recuperar para poder volver a disfrutar de la presencia y la luz de su hijo perdido. Ojalá que esta pequeña carta que escribo pueda llegar a tu oído, estoy seguro de que con tu espíritu prístino, tu alma abierta hacia el corazón de los tristes les enviarás unas palabras que les reconciliarán con el mundo y con Dios.

                      Su dirección por si acaso la encontráis y le dejáis unas palabras que necesitan como el respirar es; Almadraba- Tobogán, 11 - Ceuta-51002, Andalucía, España. Preguntad, Santo Padre, por Antonio y Luisita, os lo agradecerán desde sus corazones a día de hoy destrozados.


Los motivos del lobo


El varón que tiene corazón de lis, 

alma de querube, lengua celestial, 

el mínimo y dulce Francisco de Asís, 

está con un rudo y torvo animal, 

bestia temerosa, de sangre y de robo, 

las fauces de furia, los ojos de mal: 
el lobo de Gubbia, el terrible lobo, 
rabioso, ha asolado los alrededores; 
cruel ha deshecho todos los rebaños; 
devoró corderos, devoró pastores, 
y son incontables sus muertes y daños. 



Fuertes cazadores armados de hierros 

fueron destrozados. Los duros colmillos 

dieron cuenta de los más bravos perros, 

como de cabritos y de corderillos. 



Francisco salió: 

al lobo buscó 

en su madriguera. 

Cerca de la cueva encontró a la fiera 

enorme, que al verle se lanzó feroz 
contra él. Francisco, con su dulce voz, 
alzando la mano, 
al lobo furioso dijo: ?¡Paz, hermano 
lobo! El animal 
contempló al varón de tosco sayal; 
dejó su aire arisco, 
cerró las abiertas fauces agresivas, 
y dijo: ?¡Está bien, hermano Francisco! 
¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas 
de horror y de muerte? 
¿La sangre que vierte 
tu hocico diabólico, el duelo y espanto 
que esparces, el llanto 
de los campesinos, el grito, el dolor 
de tanta criatura de Nuestro Señor, 
no han de contener tu encono infernal? 
¿Vienes del infierno? 
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno 
Luzbel o Belial? 
Y el gran lobo, humilde: ¡Es duro el invierno, 
y es horrible el hambre! En el bosque helado 
no hallé qué comer; y busqué el ganado, 
y en veces comí ganado y pastor. 
¿La sangre? Yo vi más de un cazador 
sobre su caballo, llevando el azor 
al puño; o correr tras el jabalí, 
el oso o el ciervo; y a más de uno vi 
mancharse de sangre, herir, torturar, 
de las roncas trompas al sordo clamor, 
a los animales de Nuestro Señor. 
Y no era por hambre, que iban a cazar. 
Francisco responde: En el hombre existe 
mala levadura. 
Cuando nace viene con pecado. Es triste. 
Mas el alma simple de la bestia es pura. 
Tú vas a tener 
desde hoy qué comer. 
Dejarás en paz 
rebaños y gente en este país. 
¡Que Dios melifique tu ser montaraz! 
Está bien, hermano Francisco de Asís. 
Ante el Señor, que todo ata y desata, 
en fe de promesa tiéndeme la pata. 
El lobo tendió la pata al hermano 
de Asís, que a su vez le alargó la mano. 
Fueron a la aldea. La gente veía 
y lo que miraba casi no creía. 
Tras el religioso iba el lobo fiero, 
y, baja la testa, quieto le seguía 
como un can de casa, o como un cordero. 



Francisco llamó la gente a la plaza 

y allí predicó. 

Y dijo: He aquí una amable caza. 

El hermano lobo se viene conmigo; 

me juró no ser ya vuestro enemigo, 
y no repetir su ataque sangriento. 
Vosotros, en cambio, daréis su alimento 
a la pobre bestia de Dios. ¡Así sea!, 
contestó la gente toda de la aldea. 
Y luego, en señal 
de contentamiento, 
movió testa y cola el buen animal, 
y entró con Francisco de Asís al convento. 






Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo 

en el santo asilo. 

Sus bastas orejas los salmos oían 

y los claros ojos se le humedecían. 

Aprendió mil gracias y hacía mil juegos 
cuando a la cocina iba con los legos. 
Y cuando Francisco su oración hacía, 
el lobo las pobres sandalias lamía. 
Salía a la calle, 
iba por el monte, descendía al valle, 
entraba en las casas y le daban algo 
de comer. Mirábanle como a un manso galgo. 
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo 
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, 
desapareció, tornó a la montaña, 
y recomenzaron su aullido y su saña. 
Otra vez sintióse el temor, la alarma, 
entre los vecinos y entre los pastores; 
colmaba el espanto los alrededores, 
de nada servían el valor y el arma, 
pues la bestia fiera 
no dio treguas a su furor jamás, 
como si tuviera 
fuegos de Moloch y de Satanás. 



Cuando volvió al pueblo el divino santo, 

todos lo buscaron con quejas y llanto, 

y con mil querellas dieron testimonio 

de lo que sufrían y perdían tanto 

por aquel infame lobo del demonio. 


Francisco de Asís se puso severo. 

Se fue a la montaña 

a buscar al falso lobo carnicero. 

Y junto a su cueva halló a la alimaña. 

?En nombre del Padre del sacro universo, 
conjúrote ?dijo?, ¡oh lobo perverso!, 
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal? 
Contesta. Te escucho. 
Como en sorda lucha, habló el animal, 
la boca espumosa y el ojo fatal: 
?Hermano Francisco, no te acerques mucho... 
Yo estaba tranquilo allá en el convento; 
al pueblo salía, 
y si algo me daban estaba contento 
y manso comía. 
Mas empecé a ver que en todas las casas 
estaban la Envidia, la Saña, la Ira, 
y en todos los rostros ardían las brasas 
de odio, de lujuria, de infamia y mentira. 
Hermanos a hermanos hacían la guerra, 
perdían los débiles, ganaban los malos, 
hembra y macho eran como perro y perra, 
y un buen día todos me dieron de palos. 
Me vieron humilde, lamía las manos 
y los pies. Seguía tus sagradas leyes, 
todas las criaturas eran mis hermanos: 
los hermanos hombres, los hermanos bueyes, 
hermanas estrellas y hermanos gusanos. 
Y así, me apalearon y me echaron fuera. 
Y su risa fue como un agua hirviente, 
y entre mis entrañas revivió la fiera, 
y me sentí lobo malo de repente; 
mas siempre mejor que esa mala gente. 
y recomencé a luchar aquí, 
a me defender y a me alimentar. 
Como el oso hace, como el jabalí, 
que para vivir tienen que matar. 
Déjame en el monte, déjame en el risco, 
déjame existir en mi libertad, 
vete a tu convento, hermano Francisco, 
sigue tu camino y tu santidad. 



El santo de Asís no le dijo nada. 

Le miró con una profunda mirada, 

y partió con lágrimas y con desconsuelos, 

y habló al Dios eterno con su corazón. 

El viento del bosque llevó su oración, 
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos...

Este lamento vuela por mis venas



Este lamento vuela por mis venas,
y no sabe arrancar otro gemido
que no sea la hiel de tus condenas
clavado va en mi aliento y mi latido.

Lleva a mi corazón cansado penas
de un desgarro de amor ronco y perdido
que me habla de ti, de las cadenas
que arrastran a la noche de tu olvido.

Este lamento no encuentra salida
si no coge tu mano y tu cintura
camina hacia el dolor en tu partida

y se abraza a la estrella más oscura,
si no siente tu voz llora la herida
del ruiseñor que muere en la espesura.


Publicado en Blogger el 18 de Febrero de 2013.
(Lamento sobre las piedras - Noviembre 2012)

Este esperar

Este esperar que gime y me condena
a sentir el acento recordado
y termina volcándose a tu lado
sin que pueda romper tu dulce pena

vibra ante tu voz de gracia plena,
siente mi alma en mí, en lo acordado
y lleva en este orgullo maltratado
la batalla de sombras que le apena.

Mas queriendo seguir pronto se pierde
en la nave sin luz de mi fortuna
donde mis olas van y mis cristales.

Te amaré en las notas que recuerde,
en la guadaña que hiere la luna
no sabiendo jamás si entras o sales.


Abre tu mano


Abre mi mano, llénala de flores, 
dame tu acento, toma la estructura 
de la miel de tu fresca arquitectura 
recogiendo la magia y los colores. 

Abre tu mano, esparce los primores 
para la libertad de tu hermosura 
y en tu alma la voz de la blancura 
que llenaran de luz los ruiseñores. 

Para encontrar tu sombra de armonía 
y el sol dorado de tu bello gesto 
en luna que aparezca con el día 

abre mi corazón, tómalo presto 
y busca en tu interior la alegría 
que mantenga al tuyo siempre inhiesto. 

Para seguir no quiero más consuelo

                          ¡Ay, tormenta de besos
                         que atravesé sin cura!


Para seguir no quiero más consuelo
que tu pecho y la luz que lo alimenta
en noche clara de hambre de tormenta
 que deseo entregarle a tu desvelo.

Hay una sombra gris entre tu cielo
y el mar, que en su morada la acrecienta,
ha llegado a mis pies y los alienta
a escapar de tu amor roto y en celo.

No encontraré la calma a tu tristeza,
no podré despertarme sin tu abrigo
y en tu portal mi corazón se muere.

Lloro sin luz, perdido en la certeza
que teniéndote sufro y te persigo,
y, sin embargo, tu voluntad me hiere.

Deja que sueñe al menos con quererte




Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:
(Lope de Vega)



Quiero tener entera y desmembrada
esta rabia mordaz que me visita
y golpea mi pecho encadenada
a tu pena de amor que el viento grita.

Me perderé en la noche descarnada
de tu verbo sin alma que me evita,
en tu mirada ciega y desolada
que se clava en mi piel y la marchita.

No llegaré al puerto de tus brazos,
tu faro se apagó para mi suerte;
llora sin duelo y tiende negros lazos.

Deja que sueñe al menos con quererte
y aun con mi barquilla hecha pedazos
en fragmentos de mar pueda mecerte.


30/11/2012