domingo, 31 de julio de 2011

Cercana a los ojos



       Siguiendo la mejor tradición italiana, Pasolini (1922-1975) fue un artista que dejó su sello en múltiples disciplinas, y lo hizo bien en todas. Conocido especialmente por su faceta de cineasta y muy valorado como el novelista que hizo una áspera descripción de los bajos fondos y sus marginados, tratando con una gran comprensión a unos personajes que luchaban por sobrevivir, cada vez son más las voces que nos lo sitúan como el gran poeta italiano de la posguerra en la que se solidarizó con los más desfavorecidos,  y del desarrollismo un tanto ingenuo  que siguió y favoreció la creación de una clase media italiana, con la que siempre fue crítico por su falta de compromiso real, por su satisfacción resultante de la falta de interés por conocer la realidad del mundo al que creía no pertenecer, en el que todos los males e injusticias son consecuencia de la naturaleza perversa de los otros.

Su relación con el hombre que él mismo representaba, viviendo una situación y un tiempo concretos con los que nunca supo estar de acuerdo, es agónica y desestabilizada, aunque aderezada levemente por la ternura de los momentos que se viven en el recuerdo, ese lugar en donde podemos llenar de significado situaciones que parecen pasar casi desapercibidas, y que añoramos cuando somos conscientes de la imposibilidad de su retorno.

“Cercana a los ojos” es un poema especialmente emotivo, escrito años después de que ocurrieran los hechos, el hermano al que hace referencia y permanece dormido fue fusilado por partisanos durante la Segunda Guerra Mundial. Una dolorosa contradicción en su vida a la que se irían añadiendo otras muchas; aquellos con quienes se alineaba ideológicamente acababan con la vida de aquél a quien recordaría siempre. La luz, el hermano y la madre, también el canto del grillo, quedan suspendidos en una atmósfera que nos recuerda la aparente quietud en la que viaja a veces la más conmovedora de las tragedias.

Cercana a los ojos

Cercana a los ojos y los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
dispersa, enrojeces mi cuaderno.
De adolescente, en tu pálida llama,
ardía  hasta la noche,  y era extraño
escuchar al viento y a los grillos solitarios.
Entonces, en la olvidada habitación
dormían mis parientes, y mi hermano,
descansaba inerte tras un muro delgado.
¿Dónde está ahora, luz roja?
No hablas, sin embargo iluminas; y suspira
el grillo en el silencio de los campos.
Y mi madre se peina al espejo
de una manera antigua como tu luz,
pensando en su hijo ya sin vida.


Vicina agli occhi

Vicina agli occhi e ai capelli sciolti
Sopra la frente, tu piccola luce,
distratta arrosi le mie carte.
Adoslecente ardevo fino a notte
Col tuo smunto chiarore, ed era strano
Udire il vento e gl’isolati grilli.
Allora, nelle stanze smemorati
Dormivano i parenti, e mio fratello
Oltre un sottile muro era disteso.
Ora dove egli sia tu, rossa luce,
Non dici, eppure illumini; e sospira
Per le champagne inanimate il grillo;
E mia madre si pettina allo specchio,
Usanza antica come la tua luce,
Pensando a quel suo figlio senza vita.

El amor y la muerte

1

En las mañanas de invierno no me llames;
estaré esperándote aunque me encuentres dormido,
no será tu risa loca la que conmigo acabe,
ni será el salvaje ritmo de mi corazón dolido.

Cobarde, me llevarás a tu aposento, cobarde,
eres la musa y la destrucción que va conmigo,
cuando mi ilusión en el fuego arde.

2

Hoy estás frío, y me recuerdas aquella boca
que quedó entre mis labios y el olvido;
me miró aquella niña tan hermosa,
mis ojos desde entonces están heridos.

Hoy estás frío como los ángeles de piedra,
pero arde tu recuerdo en mi memoria,
cantando una canción de primavera
que me llevó hasta el mar en una ola.

sábado, 23 de julio de 2011

A la muerte de un poeta


A la muerte de un poeta

1

Plegaria en los portales donde un cómico muere,
quiere reabrir la escena donde Yorick se evoca
antes de dar el paso que en la sombra sumerge.

!Oh, tú que fuiste libre y pagaste con tu vida,
tú que haces llorar, sentir y envalentonas
el divagar constante que la memoria abarca¡

¿No vendrás a tocar los pechos exaltados,
a mirar por encima del hombro de un gigante,
a reír en el país que ha expulsado a la risa,
a romper la corona del rey de los heridos?

!Oh, tú que en el sendero tus versos has dejado,
que corres y caminas y amaste el desenfreno,
no pondrás unas flores frescas en otra tumba
mientras portas la pluma y agitas al arquero¡

2

Y canté al dolor de los perdidos, a los palafreneros
que abundan en los patios
de armas de una noche lejana como un hálito,
breve como el lamento
que hiere en el teatro de provincias;
Manrique envejece sin un rayo de luna
y no sabe apagarse en la melancolía.

En el Lope de Vega goteaba algún verso,
alguien encadenado a Calderón se me acercaba;
¿dónde está aquel rostro
severo, atormentado que buscaba la luz?
¿dónde la brava lucha por alentar el sueño
de Segismundo en las cavernas?

No somos del recuerdo, no tenemos futuro,
el bulevar rebosa de frases lapidarias,
de artículos y notas que pasean por los ojos
que no quieren saber que el mundo ha cambiado,
miran hacia otro lado cuando triunfan los necios.

3

Tú que abrazabas con fe la poesía
te has quedado midiendo los ecos
de otro tiempo;
son tus ojos espejos que rebosan tristeza,
tu cabello es el marco donde ahogué las dudas;
el tiempo se ha llevado lo que era oscuro y tierno,
las horas arrastraron hacia el mar de los martes
lo que era un reflejo de ganas de expresarse
y destila cansancio,
miedo, desesperanza.

Tus manos temblorosas esgrimen el papel
donde Byron dibuja la Hélade soñada,
y ya no quedan barcos para buscar las islas.

4

El divagar profundo del poeta
que hablaba en las parodias
habita en un murmullo en las butacas
donde un drama se funde en el atasco
de aceras y semáforos. Personas
de días agolpados sin futuro
y colores que ocultan el fracaso,
Hamlet se precipita a nuestro encuentro
y besa los fríos labios de la muerte
abrazando la fe del soliloquio.
Conscientes, como entonces, de que somos
sobrepasados  por cambios inadvertidos
por palabras que vuelven a la mente que lucha
por mostrar que está viva.

Mas nadie acompaña el mar de nuestro rumbo,
zozobramos en la herida sin saber que nos duele,
caminamos en la niebla, lloramos en la mañana.

5

Una nueva palabra y te llenas de vida,
y cantas al amor, ¡oh dios de la tristeza!,
avanzas entre chanzas por tenebrosas sendas,
y abrazas la amistad, te ríes de los formales.

Pero ya no eres tú quien se acerca a la escena,
conversa con los trajes que tuvieron un nombre,
no eres tú quien celebra el reino de la noche,
cuando nada preocupa y aparece Dionisos.

No tendrás otras fiestas para apurar las horas,
otro momento intenso para hablar del destino.
Llega el telón de fondo, el show ha terminado,
se recoge el atrezo, se apagan las linternas.

lunes, 18 de julio de 2011

Encuentro casual


 Erica, Paula, nadie...

La vigilia se asomaba al callejón de los huecos
y tú aparecías en el mundo de los tristes
con tu rebeca abierta al frío de febrero,
¿Por qué tanto castigo, tanta inseguridad?

Tus amigos no estaban,
o no tenías amigos.
Tus amantes querían el calor de otro sueño,
suena otro acordeón, sigue la misma lluvia.
Y tú, ¿Qué será de tu bolso, de tu falda,
de tu rimmel corrido, de tu melancolía,
de tu acento de trapo destrozando mi lengua,
de lo que llaman vida y escapa en un suspiro?

Quieres sentir tu noche, no saber que te llamas
Erica, Paula, nadie,
que duermes cuando rugen los soles en las frentes.
Vives para el recuerdo de lo que deseabas,
aquí, en el país
de los grandes poetas,
nadie recita un verso sabiendo quien dejaba
el alma en cada nota, y quien por disfrazarse
retenía tu oído.
Era lo imprescindible aquello que nos falta;
cantemos la belleza
de tus piernas mojadas por la lluvia que llora
en un corral de sordos que escuchan tus latidos,
navegan en tu pecho de un blanco adolescente,
en un puerto sin clase, sin gusto, sin criterio
que encalló en los escombros, cantemos al amor
que queda en tu mirada.
Y nunca me preguntes que sentí aquella noche
cuando bajo la lluvia
sin velo me alejaba.

(Publicado en Blogger - 31/07/2011